Delirio mediático: el cambio de Gobierno es ahora

La oposición mediática pasó en un abrir y cerrar de ojos de la consigna de un gobierno paralizado e inoperante, como afirmó en títulos de primera plana, a uno que ya está cambiando su conformación y orientación política, con el presidente que debe buscar apoyos radicalmente opuestos a los que lo llevaron al cargo en 2019.

Para instalar este relato, da por confirmada la ruptura en el Frente de Todos y por consolidada una nueva configuración del poder en el peronismo. Como parte del cóctel, además, manipuló groseramente la información sobre la movilización del 24 de marzo, un neonegacionismo que es hijo directo de la complicidad estrecha de las empresas periodísticas más poderosas con el golpe de 1976 y con el terrorismo de Estado.

Clarín, La Nación e Infobae negaron al unísono la movilización popular del 24 de mazo

Los tanques mediáticos trabajaron para esto con el anuncio de novedades altisonantes que no se concretaron al menos con la premura prevista, como una carta de Cristina Kirchner o la formación de un bloque propio a cargo de Máximo Kirchner: pareciera que las múltiples señales de las diferencias dentro del FDT, y los correveidiles de uno y otro sector que les dan pasto a las fieras, les resultaran insuficientes.

«Inquietud por lo que hará Cristina», jugó Clarín el miércoles 23, que agregó que supuestos albertistas le daban a ese texto no publicado el volumen de un «golpe de Estado». Morales Solá levantó el tono a magnitudes interestelares al hablar de «big bang» del kirchnerismo.

Y de ahí Clarín, La Nación e Infobae pasaron al unísono a negar por completo la movilización popular que, con todos sus matices, rechazó el golpe de 1976 y todo lo que representa, incluyendo la imposición de una política económica devastadora. Lo convirtieron en un mero capítulo de las pujas internas dentro del peronismo.

Para eso, parecen haber descubierto que La Cámpora marcha los 24 de marzo desde la ESMA a Plaza de Mayo. La presencia de los organismos de derechos humanos y su documento en la Plaza fueron alevosamente censurados.

Y no solo en las páginas impresas: al momento de la lectura del documento de los organismos, uno de los canales de la oposición hablaba de economía, otro se dedicaba a la acusación de exhibicionismo a un futbolista y otro cacareaba sobre el costo de la movilización, todo esto matizado una y otra vez con el «zócalo» habitual de «caos de tránsito», usado inevitablemente salvo cuando se movilizan los anti-vacunas, la patronal agraria y su aparato extorsionador, los luchadores contra la «infectadura» y demás especies.

Clarín dijo haber visto un operativo «Cristina presidenta». No se sabe para cuándo, porque la nota que llevó ese título dice después que «Ella» será candidata en 2023, que sabe que sacará cuarenta por ciento; es decir que será derrotada, pero todo eso es para quedarse como «jefa de la oposición».

Varios columnistas ven al presidente recostándose en gobernadores conservadores, justicialistas u opositores, y en el sindicalismo ortodoxo, siempre en clave antikirchnerista. Le dan una mano algunos radicales, según esta hipótesis. Y, claro, los buenos chicos del Fondo: el acuerdo es para que pueda completar el mandato.

El relato del trámite en Washington incluyó una formidable patinada del multioperador Bonelli: el viernes escribió que la representación de Estados Unidos en el FMI iba a abstenerse en la votación, porque la jefa del Tesoro, Janet Yellen, está enojada porque Alberto y Cristina ratificaron la denuncia judicial contra el préstamo que el organismo le dio a Macri para la reelección.

Y, ya el domingo 27, continuó el discurso contra el ejercicio por la memoria, la verdad y la justicia que el país vivió el 24 de marzo. Con ese talante neonegacionista, Van der Kooy y los Wiñazki, Morales Solá, Yebra y Jacquelin en La Nación, Tenembaum en Infobae, usaron el latiguillo del «uso» del 24 de marzo para la interna oficialista.

La presentación de la situación interna del FDT como terminal, como fin de época, obliga a trabajo sucio adicional, como invisibilizar alevosamente el descenso del desempleo al siete por ciento, una de las pocas buenas noticias que puede mostrar el gobierno.

Hugo Muleiro

Periodista y escritor.

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