Renovada consigna editorial: país sin Gobierno

Las diferencias profundas en el Frente de Todos y la ausencia de señales de la coalición oficialista acerca de cómo intentará solucionarlas alimentan la estrategia del sistema mediático opositor, que estimula sin descanso la idea de un clima caótico, un gobierno «paralizado», como tituló La Nación el domingo, y una situación de inestabilidad.

El contexto objetivo dado por el desacuerdo sobre el pacto con el FMI y sus consecuencias es aprovechado para darle vida a los anhelos de fondo del dispositivo de poder económico nacional e internacional al que sirven estos medios, de arrastrar al Gobierno hacia un ajuste que tiene como condición política la ruptura final del FDT y la expulsión del kirchnerismo.

Aún antes de la votación en el Senado, Pagni preguntó en La Nación del martes 15 si el peronismo sería oficialismo y oposición al mismo tiempo. Convalidó al día siguiente Van der Kooy en Clarín, hablando del peor momento de la gestión de Alberto Fernández. Gestión que ese mismo día Morales Solá ubicó «en la cornisa misma del abismo».
«Encerrona sin salida», insistió Pagni al día siguiente, con su expectativa de cambios en el gabinete siempre en clave antikirchnerista, mientras Jacquelin habló en el mismo diario sobre la «desesperación» en el Gobierno. En Infobae, Letjman se apuró a dar por terminado al FDT por la posición del sector de Cristina Kirchner y saboreó la «inédita coalición parlamentaria» que aprobó el acuerdo con el Fondo.

Y así siguieron sábado, domingo y lunes, con notas parecidas de los columnistas «principales» y los segundones, en una lista interminable: Kirschbaum, Van der Kooy, Roa, Fioriti, Liotti, Dapelo, Morales Solá, Schmidt, Jacquelin, Moreno, etc.
La lectura se vuelve tediosa, porque apenas si hay matices en esta metralla coordinada. Una parte del batallón coincidió en afirmar que el presidente y su jefe de Gabinete, en una comida en Tucumán, festejaron la aprobación del acuerdo con el FMI no tanto por creer que es inevitable y el mal menor —como afirman— sino por la derrota de Cristina Kirchner. Jacquelin, en La Nación, llega a hablar de «borrachera» por ese resultado en el Senado.

Con indisimulable exaltación, Roa y Van der Kooy de Clarín piden la expulsión de los camporistas que tienen cargos, mientras Tenembaum en Infobae olvidó por completo su simulación de equidistancia entre peronismo y antiperonismo para sentenciar el domingo: «el cristinismo ya no existe».

Bajo los mismos mandantes, todas estas notas se burlaron con comodidad de la declaración presidencial de guerra a la inflación. Y ante la iniciativa oficial de convocar a los empresarios que remarcan los precios sin descanso, desplegaron al unísono el estilete de «presiones» y «amenazas» a estos inocentes «emprendedores».

Jugando en la cornisa, como tipeó Morales Solá, el mismo diario publicó el lunes en espacio preponderante que Juntos por el Cambio está ante un «dilema»: «sostener o empujar» al presidente.

Sin preocuparse por maquillar su fanatismo, Letjman llega el lunes a afirmar que el FMI ni siquiera había programado la reunión para aprobar el acuerdo con el Gobierno y así refinanciar la deuda contraída por Macri. Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos? La respuesta es la de siempre: Joe Biden activó los teléfonos y le ordenó a Georgieva «ayudar» al presidente Fernández, porque quien está enfrente es Cristina Kirchner.

El jolgorio por este pésimo momento de la coalición oficialista va salpimentado por la aparente convicción de que el resultado electoral de 2023 ya está definido. Sin embargo, el amigo Héctor Magnetto mandó a escribir una advertencia en la nota del jefe de redacción de Clarín el domingo: Juntos por el Cambio no exhibe hasta ahora una oferta política y económica. Si las internas del espacio, aún siendo menos ruidosas que las del FDT, se llevan todos los esfuerzos, las esperanzas «se harán trizas». Quedan avisados.

No obstante, los propaladores del grupo también tienen dificultades para encontrar su propio límite. En tren de presentar el cuadro de «desintegración» del Gobierno, Van der Kooy escribió el domingo que el Poder Ejecutivo y el Congreso no funcionan y que el único poder que «conserva las formas», dice, es la Justicia.

Hugo Muleiro

Periodista y escritor.

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