Bush, Putin y la tercera ley de Newton

El discurso de Vladimir Putin con el que comunicó la decisión de Rusia de intervenir militarmente en Ucrania es casi una copia del que George Bush pronunciara en 2003  antes de la invasión a Irak.

«A toda acción corresponde una reacción», sería la síntesis de la tercera ley de Newton. Esta ley de la física clásica es fundamental en la dinámica social y política de los pueblos, con la diferencia de que la reacción nunca es proporcional a la acción. Si agregamos la regla de oro de la diplomacia y la ley moral más antigua de la humanidad («No hagas a los demás lo que no quisieras que hagan contigo») tendremos la explicación de muchos fenómenos a lo largo de la historia y a lo ancho del presente.

Para comenzar, tomemos solo un elemento, el retórico, sobre las dos importantes intervenciones militares de la última generación: la invasión en Irak y la invasión en Ucrania.

El lunes 17 de marzo de 2003, desde el Cross Hall de la Casa Blanca, el entonces presidente estadounidense George Bush leyó un discurso justificando la masiva invasión de Irak. Un mes antes, desde España, publicamos artículos dando por hecho esta invasión y el posterior empantanamiento en el caos de Medio Oriente. Por entonces pensábamos que el discurso era una mentira descarada. Hoy, luego del reconocimiento de su falsedad, tanto por el presidente Bush como por su escudero, el presidente Aznar, está claro que todo fue una fabricación. Tan claro como es casi imposible encontrar un estadounidense que esté enterado de estos hechos.

El discurso decía: «Durante más de una década, Estados Unidos y otras naciones han realizado esfuerzos pacientes y honorables para desarmar al régimen iraquí sin iniciar una guerra (pero) han fracasado una y otra vez»En realidad, los inspectores de la ONU solo fracasaron en su búsqueda de armas de destrucción masiva.

«La inteligencia reunida por este y otros gobiernos no deja dudas de que el régimen de Irak continúa poseyendo y ocultando algunas de las armas más letales jamás inventadas (…) El régimen tiene un historial de agresión en Medio Oriente y tiene un profundo odio hacia Estados Unidos y nuestros amigos. Y ha ayudado, entrenado y albergado a terroristas, incluidos agentes de Al Qaeda». Todos sabemos que fue la CIA quien ayudó y entrenó a Osama bin Laden en Afganistán. Saddam Hussein era enemigo de bin Laden. También sabíamos que el «historial de agresión» del régimen fue sostenidos por Washington e, incluso, con armas biológicas vendidas por Europa en los ochenta y con aprobación de Ronald Reagan.

«Estados Unidos y otras naciones no hicieron nada para merecer esta amenaza». Seguro que no. Ahora, «todas las décadas de engaño y crueldad han llegado a su fin. Saddam Hussein y sus hijos deben abandonar Irak en 48 horas. Su negativa a hacerlo dará lugar a un conflicto militar, que comenzará en el momento que elijamos. Por su propia seguridad, todos los ciudadanos extranjeros, incluidos los periodistas e inspectores, deben abandonar Irak de inmediato (…) La campaña militar será dirigida contra los hombres sin ley que gobiernan su país y no contra el pueblo iraquí (…) Les pedimos a las fuerzas armadas iraquíes que actúen con honor y protejan a su país al permitir la entrada pacífica de las fuerzas de la coalición para eliminar las armas de destrucción masiva. (…) Los criminales de guerra serán castigados. Y no será una defensa decir «Solo estaba siguiendo órdenes»». Obviamente, los crímenes de guerra en Irak nunca fueron castigados ni lo serán, como en tantos otros países invadidos por las superpotencias.

«Seguiremos tomando más medidas para proteger nuestra patria. Nuestros enemigos fracasarían. Ninguno de sus actos puede alterar el rumbo o cambiar la determinación de este país. Somos un pueblo pacífico (…) Si nuestros enemigos se atreven a atacarnos, enfrentarán terribles consecuencias. A diferencia de Saddam Hussein, creemos que el pueblo iraquí merece y es capaz de ser libre. Y cuando el dictador se haya ido, pueden dar ejemplo a todo el Medio Oriente de una nación vital, pacífica y autónoma. Estados Unidos, con otros países, trabajará para promover la libertad y la paz en esa región».

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El 23 de febrero de 2022, el presidente ruso, Vladimir Putin, anunció su decisión de lanzar «una operación militar especia» para defender una provincia separatista de Ucrania.

«He tomado la decisión de llevar a cabo una operación militar especial para proteger a las personas que han sido objeto de abusos y genocidio por parte del régimen de Kiev durante ocho años. Para ello, nos esforzaremos por desmilitarizar y desnazificar Ucrania. Y también para llevar ante la justicia a quienes han cometido numerosos y sangrientos crímenes contra la población civil, incluidos los ciudadanos de la Federación Rusa. Rusia no puede existir con una amenaza constante que emana del territorio ucraniano. No nos ha quedado otra opción».

Para hacerlo más parecido al discurso de Bush, como si se tratase de un recurso retórico deliberado:

«Los acontecimientos de hoy no están relacionados con el deseo de atentar contra los intereses de Ucrania y del pueblo ucraniano, sino con la protección de Rusia frente a quienes han tomado a Ucrania como rehén y tratan de utilizarla contra nuestro pueblo». Se trata de «un derecho a la defensa ante las amenazas de una desgracia aún mayor que la actual. Nuestros planes no incluyen la ocupación de territorios ucranianos, no vamos a imponer nada a nadie por la fuerza. Nuestra política se basa en la libertad (…) Es importante que todos los pueblos que viven en el territorio de la actual Ucrania puedan ejercer este derecho: el derecho a elegir libremente».

Para los enemigos que se atrevan a atacar, Putin, como lo hiciera Bush, les advierte que enfrentarán terribles consecuencias:

«Un ataque directo a Rusia conduciría a la derrota y a consecuencias nefastas para el agresor potencial (…) No pasa un solo día sin bombardeos en las localidades de Donbass (…) La matanza de civiles no se detiene, ni el hostigamiento de personas, incluidos niños, mujeres, y ancianos (…) No nos han dejado ninguna otra oportunidad para proteger a Rusia, a nuestra gente, excepto la que nos veremos obligados a usar hoy».

Los dos discursos que inician ambas intervenciones militares son casi una copia. Es posible que esto haya sido deliberado por parte de Moscú, pero está claro que es una reacción diplomática y militar de crucial importancia. La arrogancia de Washington de no detener la expansión de la OTAN, contra el compromiso adquirido décadas antes y violado repetidas veces, se ha estrellado con el muro ruso (mejor dicho, «sino-ruso»).

Putin es demasiado listo para los lideres de Occidente. Por otra parte, se encuentra en el momento de quiebre de la influencia avasallante de la OTAN y su aterrizaje. Los ejemplos de ineficiencia militar del ejército más caro de la historia (Estados Unidos invierte tanto como los primeros diez países del mundo) son interminables. Desde las guerras de expansión del siglo XIX, pasando por las guerras bananeras y todas las invasiones de la guerra fría, siempre se invadió o intervino países minúsculos o pobres. Aun así fue derrotado en Cuba, en Vietnam y, más recientemente, en Afganistán. Ahora, ante la inminente invasión del ejercito ruso a Ucrania, Washington retiró su presencia militar en Ucrania. Pues, para eso estaban, para intimidar.

Aunque Putin se retire de Ucrania, aunque se quede con una parte o invente un nuevo país, será el ganador inevitable en esta disputa. La lección ya la había aprendido Kim Jong-un luego de que colgaran a Sadam Hussein: el único argumento que escuchan los poderes hegemónicos son las bombas atómicas.

Tristemente, es así de simple, y esa es otra reacción de una acción largamente ejercida por Washington.

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Jorge Majfud

Escritor, arquitecto, doctor en Filosofía por la Universidad de Georgia y profesor de Literatura Latinoamericana y Pensamiento Hispánico en Jacksonville University, Florida, Estados Unidos. Autor de libros de ensayos y ficción recientemente publicó La frontera salvaje. Doscientos años de fanatismo anglosajón en América Latina.

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