La democracia en peligro

El sueño de la derecha argentina es crear un sistema político neoliberal cuyas expresiones partidarias adopten en el terreno económico un programa acorde con los deseos e intereses de las fracciones empresarias concentradas. Para ello es necesario romper el pacto democrático surgido en 1983 y disciplinar a la dirigencia política y sindical. La proscripción de Cristina Kirchner es el primer paso para reformatear el sistema democrático según el imaginario plutocrático. 

Desde el retorno de la democracia en 1983, y a pese a todos los condicionamientos de los llamados factores de poder, los argentinos construyeron —por cierto, trabajosamente— un pacto democrático cuyos vectores de reproducción son el Nunca Más (el castigo a las violaciones a los derechos humanos), el respeto irrestricto del estado de derecho, la convivencia y la resolución pacífica de los naturales conflictos de una sociedad.

Sin duda, el vector de este consenso más complejo de reproducir a lo largo del tiempo fue el compromiso con la competencia política como mecanismo de acceso al poder con las herramientas válidas del juego político, sin recurrir al fraude electoral o reemplazar la competencia por la utilización de la justica para la persecución política (lawfare). Sin embargo, y hasta ahora, los actores políticos cumplieron ese pacto.

Ahora bien, desde hace un tiempo —prácticamente desde la asunción de Frente de Todos en 2019— hay en el país hay una acentuada lucha de clases desatada por el capital concentrado —cuya representación política es la coalición neoliberal Juntos por el Cambio— orientada precisamente a debilitar el pacto democrático, a achicarlo, a degradarlo para abrir paso al poder ilimitado de una plutocracia privada [1]Situación en la que los ricos ejercen su preponderancia en el gobierno del Estado que defina y conduzca una reconversión reprimarizadora y antipopular del país siguiendo las estrategias del imperio. Esto es, convertir a nuestro país en proveedor de materias primas, mano de obra barata, cúpulas políticas obedientes y élites económicas dispuestas a promover la pérdida de derechos laborales o previsionales, entre otros, sin importarle los padecimientos de sus conciudadanos y que las mayorías sobrevivan como puedan.

Desde hace un tiempo hay en el país una acentuada lucha de clases desatada por el capital concentrado orientada a debilitar el pacto democrático, a achicarlo y degradarlo para abrir paso al poder ilimitado de una plutocracia privada que defina y conduzca una reconversión reprimarizadora y antipopular del país siguiendo las estrategias del imperio.

Como se dijo, todo apunta a crear un orden donde la práctica política quede sometida a un programa de cumplimiento obligatorio cuya tarea consiste en proteger los intereses de la plutocracia. En otras palabras, un sistema político en el que no importa por quien se vota, ya que siempre se termina sufragando a favor de los grupos empresariales concentrados. Como diría Alejandro Horowitz, «una estructura política construida a prueba de errores electorales».

En el pasado, la «lucha de clases» se resolvía por medio de los golpes de Estado. En la actualidad, la ofensiva es coordinada por los grupos económicos y sus adláteres judiciales, mediáticos y políticos. Ahora, las cargas de profundidad contra la democracia vienen en distintos formatos, como el lawfare y el discurso de odio, pasando por las presiones diplomáticas que buscan incidir en las decisiones de los gobernantes. [2]Cualquier aficionado a las películas de guerra sabe cómo funcionan las cargas de profundidad contra los submarinos. Utilizadas durante las batallas navales de la Segunda Guerra Mundial, estas … Continue reading

Y hablando de discurso de odio, en las últimas semanas los medios de comunicación del establishment han publicado una serie de artículos que intentan equiparar el amañado juicio de la Causa Vialidad con el Juicio a las Juntas militares de 1985 en el que fueron juzgados los jerarcas de la última dictadura por crímenes de lesa humanidad; es decir, las peores atrocidades de las que es capaz la condición humana. Más allá de la falta de pruebas que hay en el juicio —cuyo objetivo es proscribir a la vicepresidenta Cristina Kirchner—, equiparar una denuncia por supuesta corrupción con un crimen de lesa humanidad muestra que el odio político y de clase es un componente central de los sectores antidemocráticos y pone de manifiesto la intencionalidad política del juicio contra Cristina Kirchner. Como señalan María Pía López y Mariana Gainza, para los medios las narrativas valen más que las pruebas, ya «que el relato sobre el terrorismo de Estado no surgía de lo improbable o lo supuesto, surgía de la palabra de las y los testigos, de la fuerza sobresaltante de quienes volvían del horror concentracionario y podían testimoniar, del carácter indudable de esos cuerpos ausentes. ¿Cómo comparar esa narrativa encarnada con la que surge de un guion mediático y judicial, que incluyó excavaciones en la Patagonia y fue pergeñado en las catacumbas en las que se imaginaron confabulaciones, bóvedas y viajes?»

Más allá de la falta de pruebas que hay en el juicio —cuyo objetivo es proscribir a la vicepresidenta Cristina Kirchner—, equiparar una denuncia por supuesta corrupción con un crimen de lesa humanidad muestra que el odio político y de clase es un componente central de los sectores antidemocráticos y autoritarios

En esta ofensiva, los medios del establishment funcionan como las lanzaderas de las cargas de profundidad para: legitimar el discurso neoliberal presentado como sentido común [3]Definimos aquí el sentido común como aquello que la gente cree que es razonable sin razonarlo; influir en la toma de decisiones políticas de los gobiernos, los legisladores y los jueces; debilitar la resistencia ciudadana a las acciones de los poderosos; y consolidar movimientos ciudadanos opuestos a las libertades y derechos humanos.

¿Qué pasaría, cuál sería el escenario futuro si los poderes económicos concentrados logran proscribir a Cristina Kirchner? El pacto democrático quedaría seriamente averiado y aumentarían las chances de una victoria electoral de Junto por el Cambio en 2023, ya que enfrente tendría a un peronismo desencantado, sumido en internas, con poco entusiasmo y sin la fuerza suficiente para disciplinar las resistencias sociales. En otras palabras, si ese escenario se produce, Juntos por el Cambio estaría en una posición privilegiada para torcer a su favor el «empate hegemónico» existente desde la crisis de 2001 y disciplinar a la sociedad detrás de los intereses de los sectores concentrados de la economía alineados con la estrategia de los Estados Unidos, como quedo bien claro con el exabrupto del senador ultraconservador norteamericano Ted Cruz, que envió una carta al Departamento de Estado para que sancione a la vicepresidenta por supuestos «actos corruptos» y por «socavar los intereses de EE. UU. en el país y la región».[4]En Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973 Juan Carlos Portantiero analizó en términos gramscianos el escenario político de la década de 1970. En ese ensayo, escrito en 1977, … Continue reading

La proscripción de Cristina Kirchner es entonces la clave para el reformateo de la democracia según el imaginario de la plutocracia. La vigencia de una democracia real e inclusiva requiere del urgente fortalecimiento del pacto democrático —que, entre otras cuestiones, implica una profunda reforma del sistema judicial, devastado por la corrupción que sobre éste vienen sembrando desde hace años los poderes fácticos— y de una gran masa de energía para generar cambios estructurales que, en los términos de soberanía y justicia social, modifiquen las condiciones de concentración de la economía. También, de audacia.

No se puede finalizar esta nota sin decir que la ofensiva de la derecha mucho tiene que ver con una estrategia equivocada del gobierno del Frente de Todos para alcanzar objetivos populares. Como bien explica Ricardo Aronskind, el consensualismo que eligió el Gobierno nacional como lógica de resolución de conflictos ha sido un error. Y ahora hay que lidiar con sus consecuencias.

Y algo más para terminar: desde el levantamiento carapintada en 1987 no hubo una amenaza tan grave para la convivencia democrática como este intento de proscripción a la expresidente y actual vicepresidenta de la Argentina.

Notas
Notas
1 Situación en la que los ricos ejercen su preponderancia en el gobierno del Estado
2 Cualquier aficionado a las películas de guerra sabe cómo funcionan las cargas de profundidad contra los submarinos. Utilizadas durante las batallas navales de la Segunda Guerra Mundial, estas bombas explotaban a cierta profundidad con la intención de desgastar tanto a la coraza de la nave como a su tripulación, más que con el objetivo de destruir.
3 Definimos aquí el sentido común como aquello que la gente cree que es razonable sin razonarlo
4 En Economía y política en la crisis argentina: 1958-1973 Juan Carlos Portantiero analizó en términos gramscianos el escenario político de la década de 1970. En ese ensayo, escrito en 1977, Portantiero concluye que la Argentina se encuentra paralizada en un «empate hegemónico»; esto es, una situación en la que dos fuerzas en disputa tienen suficiente energía como para vetar los proyectos elaborados por la otra, pero ninguna logra reunir los recursos necesarios para asumir por sí sola el liderazgo. Por consiguiente, ningún grupo tiene la capacidad de asumir la dirección política del país, presentar sus intereses como los intereses de toda la sociedad y formar un bloque histórico que modele un sentido común que la oriente en una dirección determinada. Desde hace más de dos décadas, el panorama político argentino se encuentra en una configuración de poder que puede caracterizarse como de «empate hegemónico». En este escenario, que se prolonga hasta nuestros días, conviven dos minorías intensas dotadas de un liderazgo, un conjunto de dirigentes que lo siguen y un núcleo duro de adhesión social de alrededor de treinta por ciento. El problema es que ambas fuerzas encuentran serias dificultades para trascender ese apoyo y construir coaliciones más amplias y permanentes. Las dificultades de Cristina Kirchner para concretar sus últimas iniciativas (democratización de la justicia, instrumentación de la ley de medios) y del macrismo para las suyas (reforma laboral, tributaria, previsional) así lo demuestran. Cada uno de los grupos tiene suficiente energía como para vetar los proyectos elaborados por los otros, pero ninguno logra reunir las fuerzas necesarias para dirigir el país como le agradaría.

Marcelo Valente

Comunicador y periodista. Editor de Esfera Comunicacional.

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