Hacia el golpe de mercado

La presión opositora para imponer un plan económico ultraortodoxo, que satisfaga los intereses de acreedores y corporaciones internacionales, se expresa en la repetición de notas que alientan una gran devaluación. Si el Gobierno no la adopta, dicen estos pronósticos, lo hará «el mercado».

La disputa por el rumbo económico y en especial por los beneficios que produzca la reactivación —admitida a regañadientes y solo de manera ocasional por los medios opositores— sigue siendo el tema de fondo en las estrategias editoriales, en las que vuelven a ser explotadas al máximo las diferencias dentro de la coalición gobernante. Hubo unos atisbos de complacencia con una parte del oficialismo, específicamente con el ministro Kulfas por discrepar con el secretario Feletti acerca del precio de la carne, con Massa por hacer promesas que agradaron a los empresarios de la construcción, y con el ministro Moroni por preanunciar el fin de la doble indemnización por despidos. Títulos y notas de Clarín, Infobae y La Nación exaltaron estos «guiños».

Hasta el viernes 26, además, varias columnas coincidían en decir que la perspectiva de acuerdo con el FMI estaba bloqueada por el «silencio» de Cristina Kirchner. Una vez que ella dio a conocer su posición, aferrándose a una promesa que el Presidente hizo el 17 de noviembre, el «razonamiento» giró: ahora bloquea el acuerdo porque se pronunció. Títulos otra vez en sintonía para esa finalidad: «se despega del acuerdo», «toma distancia», etc.

En otras palabras, los poderes económicos que se expresan en estos medios soñaban y sueñan con que el acuerdo con el FMI tenga un contenido que no sea respaldado por el kirchnerismo y que, por lo tanto, se produzca de una vez la tantas veces pronosticada ruptura del Frente de Todos. El plan, que Morales Solá no tuvo empacho en describir con total claridad, es que el Presidente quede sin sustento político y que lo busque en los sectores más conservadores del peronismo e incluso en Juntos por el Cambio.

El dispositivo de poder sigue operando contra el ministro Guzmán. El viernes, Bonelli escribió que “Washington” lanzó una “guerra frontal” contra él, y de ahí la suba del riesgo país. Los “fondos de inversión”, es decir la carroña financiera mundial a cuyo tope está Black Rock, “no confían” en el ministro y le piden al gobierno estadounidense que sea “estricto” con él.

En ese marco, Infobae publicó el domingo que la política cambiaria «no va más» y que deberá «sincerarse». El lunes insistió, salida «ordenada» o hablará el «mercado», mientras Clarín dio su versión de algunos de los rasgos que, dice, expresan la posición argentina ante el FMI: conseguir más financiamiento y demorar pagos hasta 2024, línea para la cual se basó en una nota de Horacio Verbitsky. Por supuesto, le agregó la opinión de economistas que aseguran que no hay plan que pueda avanzar sin un ajuste duro.

Clarín, con acompañamiento incondicional de La Nación y algo más distante de Infobae, se ubicó a sí mismo en el centro de la escena nacional con el episodio en la acera del diario, cuando varias personas caminaron de lo más campantes por la ciudad y llegaron encapuchadas para arrojar bombas incendiarias, sin que la ponderada policía de Larreta y la seguridad privada de la empresa hicieran nada para impedirlo.

Morales Solá se esmeró para hacer recaer el «atentado» en las espaldas del Gobierno, cuando escribió que «no hay ninguna prueba» de responsabilidad oficial, que es una forma perversa de instalar esa posibilidad. Luego lanzó esta definición: el poder del Estado no es comparable con el de los medios «sobre todo cuando es el kirchnerismo el que controla la administración». Llevada la frase al contexto de su trayectoria, es una forma de confesar que se sintió mucho más cómodo cuando hacía propaganda a la represión ilegal de la dictadura videlista, en las páginas de Clarín.

Como es previsible, la resolución judicial sobre inexistencia de delito en la causa Hotesur, que con tanto esmero y propaganda movió el juez Bonadío, desató la ira de todo el pelotón: Salinas, Roa, Wiñazki, Kirschbaum, Van der Kooy, en Clarín; Morales Solá, Ini, Cappiello, Niell y Alconada Mon, en La Nación; Tenembaum, en Infobae: todos y todas se anotaron con idéntica interpretación del fallo.

Acaso sin quererlo, Kirschbaum desmintió el domingo a Morales Solá respecto del poder «inferior» de los medios respecto de las autoridades políticas. Frente al dato falso que había publicado el domingo 21, cuando dijo que el embajador ante la OEA, Carlos Raimundi, había sido despedido, quiso enmendar diciendo el domingo 28 que el relevo del diplomático fue anulado porque él había publicado la «noticia». Es decir, una patraña defendida con un acto de soberbia.

Hugo Muleiro

Periodista y escritor.

También te podría gustar...

Deja un comentario