La libertad de prensa toca fondo
Por primera vez en los veinticinco años del índice que elabora Reporteros Sin Fronteras (RSF), más de la mitad de los países del mundo se encuentran en situación «difícil» o «muy grave» para el ejercicio del periodismo. La Argentina retrocede once puestos —descendió al puesto 98— y el informe lo atribuye de manera directa al hostigamiento gubernamental hacia la prensa.
El índice anual de Reporteros Sin Fronteras confirma lo que muchos intuían: el periodismo libre está en su peor momento de los últimos veinticinco años. En ese contexto de deterioro global, Argentina retrocede once puestos —hasta el puesto 98— y el informe lo atribuye de manera directa al hostigamiento gubernamental sistemático hacia la prensa: un patrón que, según el análisis, replica el modelo de otros líderes de la nueva derecha global y que se expresa en presiones institucionales, ataques públicos a medios críticos y un clima político cada vez más hostil para el ejercicio periodístico. El indicador legal —que mide el marco normativo que regula la prensa— es el que más cayó en 2026, lo que revela una tendencia global: la criminalización del periodismo como tecnología de poder.
La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2026, elaborada por Reporteros Sin Fronteras (RSF), y publicada este año en su edición número veinticinco, arroja un diagnóstico de excepción: nunca antes, desde que el ránking existe, la puntuación media del conjunto de países analizados había sido tan baja. El informe advierte que el 52,2 % de los países se encuentra hoy en una situación «difícil» o «muy grave» para el ejercicio del periodismo. En la primera edición de 2002, esa proporción era del 13,7 %.
El contraste con el inicio del siglo es elocuente. Según los datos del relevamiento, en 2002 el 20 % de la población mundial vivía en países donde la prensa era percibida como «buena». Veinticinco años después, esa cifra cayó por debajo del uno por ciento. No se trata de una tendencia lineal ni inevitable: es el resultado acumulado de decisiones políticas, marcos legales restrictivos y culturas institucionales que han convertido al periodismo en objeto de sospecha o blanco de represalia.
El derecho que más retrocede
De los cinco indicadores que componen el índice —político, legal, económico, social y seguridad de los periodistas— el indicador legal es el que registró la mayor caída en 2026. El análisis señala que, entre 2025 y 2026, el marco normativo se deterioró en más del 60 % de los países relevados: 110 de los 180 que integran la clasificación. La tendencia que el informe identifica como central es el uso creciente de legislaciones de seguridad nacional —expandidas desde los atentados del 11 de septiembre de 2001— para restringir, perseguir y criminalizar el ejercicio periodístico, incluso en democracias consolidadas.
El informe advierte que esta instrumentalización del derecho no es patrimonio exclusivo de los autoritarismos. En Japón, las leyes sobre secreto de Estado erosionan la protección de las fuentes. En Francia, clasificada en el puesto veinticinco, proliferan las demandas intimidatorias. En Filipinas, acusaciones de terrorismo sirvieron para condenar a periodistas independientes. El lawfare —la guerra judicial contra la prensa— aparece en el análisis como un fenómeno de alcance global que atraviesa regímenes políticos de distinto signo.
Las Américas: violencia, populismo y retroceso
A escala regional, el continente americano exhibe uno de los deterioros más notorios. Según el análisis de RSF, desde 2022 la caída acumulada en la puntuación de los veintiocho países americanos es comparable a la registrada en Europa del Este y el Oriente Medio, históricamente las dos zonas más peligrosas del mundo para los periodistas.
Estados Unidos (puesto 64) pierde siete posiciones. El informe atribuye ese retroceso a las prácticas sistemáticas del gobierno de Donald Trump contra la prensa: ataques públicos a periodistas, detenciones y deportaciones, y el desmantelamiento de organismos de medios internacionales como Voice of America o Radio Free Europe. El análisis señala que esos recortes tuvieron consecuencias globales, al eliminar fuentes de información confiable en países donde esos medios operaban como referencia periodística.
En América Latina, el panorama combina dos vectores de presión: el crimen organizado y el hostigamiento gubernamental. Ecuador cae 31 puestos tras el asesinato de dos periodistas; Perú registra cuatro asesinatos en 2025 y retrocede catorce posiciones; Venezuela permanece en zona crítica; Cuba profundiza su represión al periodismo independiente; Nicaragua figura entre los peores países del mundo con un ecosistema mediático que el informe describe, sin eufemsimos, como «en ruinas».
El caso argentino merece atención específica. La Argentina retrocede once puestos y se ubica en el puesto 98, con caídas en los indicadores de clima político y social. El informe de RSF traza una línea explícita entre la retórica de Javier Milei y la de Donald Trump, señalando que Milei —al igual que Nayib Bukele en El Salvador— replica lo que la organización llama «el manual del inquilino de la Casa Blanca contra los medios de comunicación». La hostilidad gubernamental hacia la prensa, el deterioro del ambiente para el ejercicio periodístico y las presiones sobre medios críticos configuran, según el análisis, un patrón reconocible dentro de una tendencia autoritaria más amplia. En 2023 la Argentina estaba cuarenta en el ranking de RSF.
Un cuarto de siglo de deterioro acumulado
El valor documental de esta edición reside no solo en sus datos del presente, sino en la perspectiva histórica que habilita el aniversario de 25 años del índice. El informe advierte que el periodismo sucumbe bajo tres presiones convergentes: un discurso político que construye a los periodistas como enemigos; una economía de medios en declive que debilita las condiciones materiales del trabajo periodístico; y una instrumentalización creciente del derecho que convierte la ley en herramienta de represalia antes que de garantía.
Frente a ese cuadro, el análisis constata que en más del 80 % de los países relevados los mecanismos de protección para periodistas son percibidos como inexistentes o ineficaces. La impunidad no es la excepción: es la norma.
El informe de RSF no propone soluciones ni traza escenarios de recuperación. Su aporte es más modesto y más necesario: nombrar con precisión lo que está ocurriendo. Y lo que está ocurriendo, en la Argentina y en el mundo, es que el espacio para un periodismo libre se contrae cada año con mayor velocidad.
La Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2026 está disponible en el sitio web de Reporteros Sin Fronteras. El relevamiento cubre 180 países y se elabora a partir de cinco indicadores: político, legal, económico, social y seguridad de los periodistas
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