El lenguaje de la complicidad: cuando el liberalismo no puede nombrar el fascismo
POR HENRY GIROUX | Cuando una sociedad pierde la memoria histórica también pierde parte del lenguaje necesario para reconocer los peligros del presente. El problema no es solo cómo nombrar el autoritarismo, sino qué ocurre cuando los eufemismos convierten la violencia en abstracción y permiten que lo intolerable se vuelva cotidiano. Nombrar el fascismo es también disputar las condiciones de su normalización.
