Posverdad, la mentira como caballo de Troya ideológico

La posverdad. Una cartografía de los medios, las redes y la política (Gedisa, 2019) plantea un análisis acerca de las múltiples caras de la posverdad y reflexiona sobre sus implicaciones mediáticas, sociales, tecnológicas, filosóficas y políticas. De esta manera, el libro establece una cartografía de los aspectos que explican este fenómeno, examina las formas que adquiere y aborda las diferentes estrategias y técnicas utilizadas por los poderes para controlar y manipular a los ciudadanos.

La posverdad es la distorsión deliberada de la realidad con el fin de influenciar y condicionar la opinión pública de acuerdo a intereses ideológicos y/o políticos del comunicador. Es un tipo de visión que se difunde principalmente por los medios de comunicación hegemónicos y las redes sociales. Su objetivo es manipular a la opinión pública y una de sus herramientas básicas son las fake news o noticias falsas.

El término posverdad también está asociado al uso de las emociones de las personas para moldear su subjetividad a la vez que se camuflan los hechos. Así, las personas terminan creyendo en aquello que mejor satisface sus emociones básicas, aunque esto se contradiga con hechos probados. Es decir, cuanto más asociada esté una idea con emociones básicas de los seres humanos, muy probablemente goce de más poder de arraigo. Es decir, las personas están más dispuestas a creer aquello que satisface sus sentimientos en vez de confiar en las evidencias como sustento de sus creencias. El ámbito más conocido en el que se ha usado la posverdad es en la política.

Lejos de ser una novedad, la posverdad describe las nuevas maneras en que se expresa el viejo fenómeno de la propaganda. Se trata de un instrumento por el cual se «crean verdades» que no corresponden a los hechos, pero que terminan siendo validadas socialmente en función de su repetición incesante o de mecanismos similares.

Aunque en ocasiones se utilizan como sinónimos, posverdad y fake news no son conceptos similares. Cuando hablamos de posverdad, aludimos al marco general de pensamiento que posibilita la circulación de las noticias falsas. La posverdad entonces apunta a moldear estructuras mentales que hacen, por ejemplo, que amplios sectores sociales compartan una visión negativa de los migrantes porque le quitan la posibilidad de estudiar a los argentinos. La idea que los migrantes ocupan lugares en el sistema educativo que les corresponden a los argentinos está muy arraigada. Sin embargo, las estadísticas demuestran que el porcentaje de migrantes sobre alumnos totales es bajo.

La posverdad construye marcos mentales que explican el mundo desde una perspectiva sesgada. Cuando esos marcos de pensamiento han sido instalados en determinados grupos sociales, es mucho más sencillo hacer circular noticias falsas que encajan con ese clima de opinión: noticias éstas que, siguiendo el ejemplo anterior, vinculan cualquier mal de la sociedad a la presencia de migrantes.

Por consiguiente, la posverdad es el marco de manipulación en el que una sociedad se mueve, es la construcción cognitiva de una serie de creencias y estereotipos que son substanciados y concretizados por las noticias falsas que le ponen relato a ese pensamiento previo. Para que el «cocinado» de la noticia falsa sea efectivo, debe existir el caldo de cultivo previo en forma de posverdad.

La conexión entre posverdad y noticias falsas se puede producir también en el sentido inverso: en ocasiones, la elaboración de los marcos de pensamiento tiene su punto de partida en una serie de informaciones falsas que facilitan que los sujetos construyan una idea equivocada de la realidad. Aunque son dimensiones claramente diferenciadas, posverdad y noticias falsas se retroalimentan mutuamente.

Hecha esta breve introducción, este libro plantea un profundo análisis sobre las múltiples caras de la posverdad y reflexiona sobre sus implicaciones mediáticas, sociales, tecnológicas, filosóficas y políticas. La obra establece una cartografía de los aspectos que explican este fenómeno, examina de manera analítica las formas que adquiere y aborda las diferentes estrategias y técnicas utilizadas por los poderes para controlar y manipular a los ciudadanos.

Dada su complejidad, estudiar la génesis de la posverdad requiere una aproximación multidimensional desde el lado de la política, las redes y los medios de comunicación. En la intersección formada por estas mediaciones es entonces donde se puede deconstruir y comprender la naturaleza de este fenómeno. Precisamente, todas estas cuestiones se muestran a lo largo del libro que, para facilitar una mejor organización temática, se divide en dos bloques que abordan el fenómeno de la mentira y la manipulación desde una perspectiva poliédrica. Con arreglo a ese enfoque, el libro plantea un profundo análisis sobre las múltiples caras de la posverdad y reflexiona sobre sus implicaciones mediáticas, sociales, tecnológicas, filosóficas y políticas.

Como explican Roberto Aparici y David García Marín en la introducción, la obra examina de manera analítica las formas que adquiere y aborda las diferentes estrategias y técnicas utilizadas por los poderes para controlar y manipular a los ciudadanos. Estructurado en 360 grados, con principio y final dedicado a las aportaciones de Jacques Derrida sobre la construcción de la mentira, éste es un trayecto descriptivo, crítico, analítico y filosófico alrededor de uno de los desafíos de nuestros días.

En la primera parte, se presentan diferentes enfoques conceptuales sobre la posverdad en una era en la que, tal y como afirman Michael Hoechsmann, Paul Carr y Gina Thésée, «estamos mutando desde la existencia humana del homo sapiens (el ser humano que sabe) a un homo communicare (el ser humano que se comunica)» y donde el conocimiento y la razón «ya no tienen el mando (es el declive del cogito ergo sum de Descartes) y de forma creciente, la comunicación (communico ergo sum) es lo que cuenta».

En este escenario, resulta esencial la diferenciación entre los conceptos de posverdad y noticias falsas, dimensiones que han de considerarse por separado, y que deben analizarse de forma holística para una mejor comprensión de la problemática. Otra razón para su estudio como un continuum complejo e integrado es su evidente interconexión, tal y como explica Leonardo Murolo en el capítulo cuatro: «Una posverdad es una idea, un imaginario, un conjunto de representaciones sociales o sentidos ya incorporados por las audiencias y desde donde son posibles fake news que refieren a esa idea afirmándola o ampliándola».

En su texto, Murolo explora dos de las prácticas de posverdad puestas en marcha en nuestros días: la profecía autocumplida (echar a rodar una noticia con el poder de proponer agenda y esperar que los demás resortes involucrados como la justicia, la oposición política, el despliegue mediático tradicional y los trolls en redes sociales virtuales hagan su trabajo) y la verosimilitud a partir de la concreción en los datos que, aunque sean falsos, otorgan una aparente fiabilidad a la información.

En este primer bloque, la posverdad se eleva a la categoría de problema para nuestras democracias. La falsedad se despliega en múltiples formas, pasa inadvertida confundida con retazos de verdad, oculta en nuestras formas de ver el mundo, impregnada de forma invisible en el diseño de nuestras interfaces. La posverdad no sólo se halla en cómo nos relacionamos con la información y con la tecnología que nos la provee, también se manifiesta en el declive de los medios tradicionales y en el auge de las plataformas y los falsos medios digitales hiperpartisanos, en nuestro rastro en Internet y los datos que regalamos a las grandes corporaciones, así como en nuestros sesgos cognitivos. Nos mostramos seducidos por una falsa promesa de empoderamiento en las redes cuando prácticamente lo único que encontramos es «diversión hasta morir» (Postman, 1985) y una reclusión en polos ideológicos que refuerzan nuestros gustos, emociones y retuits. Nosotros, cada uno de nosotros, somos los verdaderos actores de la posverdad.

La manipulación no es un fenómeno novedoso. Desde la Antigüedad, la persuasión y la propaganda han marcado el relato desde sus primeras formas orales hasta los refinados diseños de campañas de propaganda política en las redes sociales. En el capítulo cinco, José Antonio Gabelas y Marta Lazo dibujan el paralelismo existente entre las tribus, los clanes primitivos, y los escenarios digitales actuales, espacios donde también aparecen los líderes de opinión que, como los antiguos chamanes, son conocedores de las redes, de su posicionamiento y del control de los algoritmos. En este sentido, afirman que «el canal demiúrgico que antes nacía y transitaba en las aldeas, ahora se reproduce en la tecnología post-PC, donde las grandes plataformas marcan las normas y las horas para la ruta».

Más específicamente, las conexiones entre política, periodismo y posverdad constituyen el objeto de estudio de la segunda parte del libro, iniciada con un recorrido histórico por las diferentes formas de manipulación y propaganda empleadas por los gobernantes. Andrés Pérez y Manuel Aguilar, en el capítulo inicial de este segundo bloque, describen el marketing político actual como el estudio de las estrategias a fin de mantenerse en el poder o alcanzarlo a través de campañas políticas detalladamente planificadas y donde la flexibilidad del discurso «permite adaptarse a la situación para atender con más facilidad los intereses puntuales de los partidos». A este respecto, hemos de cuestionarnos dónde queda el debate político en un contexto donde cada partido amolda su relato (y sus propuestas electorales) a las circunstancias específicas de cada votante, de cada momento y de cada lugar.

Los caminos que llevan hacia la mentira ahora son variados y complejos, como marca el carácter multidimensional del fenómeno. Combinando el recurso de las falacias, ampliamente estudiadas a lo largo de la historia, con las modernas técnicas del clickbait y el secuestro de hashtags (analizadas en el capítulo siete), los actores de la mentira encuentran renovadas formas de manipulación donde confluyen las prácticas de siempre con las más modernas técnicas que la omnipresente «softwareización del mundo y la cultura» (Manovich, 2014) nos permite.

El actual ecosistema mediático, caracterizado por las múltiples convergencias entre lenguajes y formas comunicativas diferentes, entre medios analógicos tradicionales y otros con ADN digital y entre la producción amateur y profesional, no es el único gran reto que tienen que afrontar los profesionales de la comunicación.

La verificación de los hechos en un contexto donde no sólo parece importar el qué se cuenta sino el ser el primero en hacerlo es una de las competencias esenciales que, ahora más que nunca, cualquier comunicador debe poseer. En su aportación a esta obra, María Luisa Cárdenas y David Polo reflexionan sobre la creciente importancia del fact-checking (la comprobación de los hechos) como forma de luchar contra la posverdad, así como medida de calidad de la labor periodística. Si, como afirman estos autores, «para los ciudadanos la verdad ha dejado de ser algo relevante, y admiten el engaño como parte natural de la política, y lo aceptan sin problema», desde el ámbito de los medios se hace más imprescindible que nunca la adopción de unos elevados niveles de verificación y honestidad imprescindibles en una sociedad donde la transparencia y la rendición de cuentas, no sólo de los políticos sino también de los propios medios, ha de ser un estándar de calidad exigido en cualquier país que se pretenda llamar plenamente democrático.

En la persecución de este objetivo, el Periodismo de Datos ofrece innegables oportunidades, como nos muestran Ángel Rubio y Andrea Donofrio en el capítulo ocho. Con los datos, señalan, «es posible transformar algo abstracto en algo que todos pueden entender y con lo que pueden relacionarse, se pueden crear herramientas de cálculo personalizadas para ayudar a la gente a tomar decisiones, se puede analizar la dinámica de una situación compleja como disturbios o un debate político, mostrar falacias y ayudar a todos a encontrar posibles soluciones para problemas complejos». A este respecto, Rubio y José Luis Dader reflexionan, en formato conversacional, sobre los métodos y las prácticas más eficaces a propósito del uso de grandes volúmenes de datos para lograr un periodismo que privilegie lo factual y se levante contra la dictadura de lo emocional que recubre de forma creciente la labor del comunicador de hoy. Estas y otras consideraciones acerca del futuro del periodismo en estos tiempos de incertidumbre, en los que tanto la verdad como la propia labor periodística son elementos en disputa, cierran el penúltimo capítulo del libro.

Aunque permanecerán presentes a lo largo de toda la obra, será en el primer y último capítulo donde se examinan las teorías del filósofo y sociólogo francés Derrida sobre la construcción de la mentira, ideas que servirán como hilo conductor del libro. Diseñada de este modo, se trata de una obra estructurada en 360 grados con Derrida como inicio y final del recorrido. Un trayecto descriptivo, crítico, analítico y filosófico alrededor de uno de los desafíos más de nuestros días.

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