La disputa por lo público: medios, negocio y democracia en la Ciudad de Buenos Aires

Los medios públicos no son un negocio

La Asamblea de Trabajadorxs de Medios Públicos de la Ciudad de Buenos Aires emitió un documento en el que rechaza de manera frontal el proceso las concesiones impulsadas por el gobierno porteño, al que consideran no solo una amenaza laboral sino, sobre todo, un cambio de paradigma que desnaturaliza la función de estos medios.

El eje central del texto es que los medios públicos no pueden ser concebidos como un negocio. Desde esa premisa, advierten que delegar su gestión en manos privadas implica subordinar su lógica a criterios de rentabilidad, lo que pondría en riesgo su misión de garantizar pluralismo, acceso a la información y producción de contenidos culturales y educativos.

En ese marco, sostienen que la medida no es neutra ni meramente administrativa: supone una redefinición del rol del Estado en la comunicación. Señalan que los medios públicos deben responder al interés de la ciudadanía y no a objetivos comerciales, por lo que su eventual concesión afectaría su independencia editorial y su capacidad de representar la diversidad social.

El documento también alerta sobre las consecuencias concretas del proceso en curso. Por un lado, subraya la incertidumbre laboral que enfrentan los trabajadores, ante la falta de precisiones sobre continuidad, condiciones de contratación y preservación de derechos. Por otro, advierte sobre la posible pérdida de calidad y de identidad de las señales, construidas a lo largo de años de trabajo profesional en el ámbito público.

A la vez, los trabajadores encuadran el conflicto en un escenario más amplio: lo vinculan con una tendencia a reducir o desarticular políticas públicas en el campo de la comunicación. En esa línea, interpretan la concesión como parte de una lógica que prioriza la retirada del Estado y la transferencia de funciones al sector privado.

Finalmente, el texto convoca a defender los medios públicos como bienes sociales estratégicos. No solo en términos laborales, sino como herramientas fundamentales para la vida democrática, en tanto garantizan el derecho a la información y la existencia de voces diversas por fuera de la lógica del mercado.


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