El proyecto tecnolibertario: Un país diseñado para la inteligencia artificial
El gobierno de Javier Milei busca posicionar a la Argentina como un polo global para la inteligencia artificial y la innovación tecnológica. Inspirado en las ideas de figuras influyentes de Silicon Valley y acompañado por un programa de desregulación, el proyecto promete atraer inversiones y acelerar el crecimiento. Sin embargo, también abre interrogantes sobre soberanía, control democrático, responsabilidad jurídica y el lugar que ocuparán los ciudadanos en una sociedad cada vez más gobernada por algoritmos.
Milei no se presenta simplemente como el presidente de la Argentina. Aspira a convertirse en una referencia internacional para quienes consideran agotado el consenso político, económico y cultural que dominó Occidente después del final de la Guerra Fría. Pretende convertir al país en una de las primeras plataformas de experimentación institucional para la era de la inteligencia artificial.
Ha cultivado vínculos fluidos con líderes políticos de la nueva derecha global y también ha desarrollado relaciones con algunos de los principales tecnólogos y empresarios de Silicon Valley. Desde el inicio de su gestión se reunió con figuras como Elon Musk, Mark Zuckerberg, Sam Altman, Marc Andreessen, Tim Cook y Sundar Pichai. Sin embargo, la presencia de Peter Thiel en la Argentina permite comprender mejor el lugar que Milei imagina para el país en el mundo.
Así como Thiel apostó tempranamente por Facebook, impulsó proyectos como Seasteading[1]El seasteading (la colonización marina) es el concepto de construir comunidades flotantes prmanentes en aguas internacionales. Promovido por organizaciones como The Seasteading Institute, busca … Continue reading y respaldó a políticos como Donald Trump y J. D. Vance, hoy parece haber encontrado en la Argentina un nuevo laboratorio de experimentación. Thiel se autodefine, al igual que Javier Milei, como «anarcocapitalista» y «enemigo del Estado».
Thiel lleva años impulsando ideas vinculadas a ciudades privadas, autonomía corporativa y reducción del poder estatal tradicional. Además de ser cofundador de PayPal, financió empresas de vigilancia y análisis de datos como Palantir. La compañía trabaja con gobiernos, fuerzas de seguridad y organismos militares procesando enormes volúmenes de información. Sus sistemas integran datos financieros, movimientos digitales, geolocalización, registros estatales y mecanismos de monitoreo en tiempo real.
La visión de Thiel gira en torno a sociedades altamente tecnologizadas, donde la inteligencia artificial, la automatización y los sistemas privados ocupan funciones que históricamente pertenecieron a los Estados nacionales.
Milei y su gabinete evalúan la creación de un programa de «pasaporte dorado» o residencia exprés para extranjeros que realicen grandes inversiones en el país. Este esquema legal otorgaría ciudadanía o residencia permanente con blindajes y exenciones impositivas especialmente favorables.
En paralelo, El empresario tecnológico Dryden Brown, cofundador de Praxis, impulsa en la Argentina un proyecto para construir una «ciudad tecnológica» con sistemas de gobernanza alternativos. Esta iniciativa ha cobrado impulso en el contexto de las políticas de desregulación económica implementadas por Javier Milei.
Silicon Valley mira al sur
Es en el marco de esa vocación rupturista donde puede leerse el artículo publicado por el Financial Times. Allí aparece una de las intuiciones centrales del proyecto mileísta: la idea de que, en un momento de crisis del orden internacional y de aceleración tecnológica, países como la Argentina ya no tienen que conformarse con imitar a los centros de poder. También pueden aspirar a anticiparlos. En otras palabras, convertir a la Argentina en una vanguardia tecnolibertaria y en un laboratorio institucional para la economía de la inteligencia artificial.
Los vínculos entre el gobierno argentino y algunos de los principales referentes tecnológicos del mundo permiten comprender una estrategia que trasciende la economía: convertir al país en un enclave privilegiado para la experimentación institucional y tecnológica.
Según el proyecto impulsado por el Gobierno, las nuevas formas de organización basadas en sociedades no humanas y agentes de inteligencia artificial requieren un marco jurídico comparable al que sostuvo el desarrollo del capitalismo durante más de cuatro siglos: un entorno favorable para la innovación y la experimentación.
Milei y Federico Sturzenegger sostienen que, al inicio de la revolución industrial, Adam Smith ilustró el potencial de la tecnología y las economías de escala en su célebre descripción de la fabricación de alfileres. Del mismo modo, argumentan que, así como la revolución industrial permitió superar las limitaciones de la fuerza muscular humana, la inteligencia artificial permitirá superar las limitaciones del cerebro humano, llevando la productividad a niveles inéditos.
Buscan replicar el éxito histórico de la sociedad de responsabilidad limitada mediante una posible personería jurídica para entidades de inteligencia artificial, con el objetivo de liberar nuevas capacidades productivas. Sin embargo, el planteo omite una pregunta fundamental: quién se apropiará de las ganancias generadas por ese incremento de productividad.
El argumento retoma un tema clásico de la historia económica para justificar la superación de los límites humanos. Pero, según sus críticos, también puede implicar una ruptura de los equilibrios legales básicos, tal como se advierte en «Argentina en riesgo de convertirse en una nueva Batavia».
Riesgos, límites y debates
Yuval Harari sostiene que, al permitir que agentes no biológicos operen sin responsabilidad humana, se corre el riesgo de que estas entidades corrompan el entorno legal para evitar la quiebra o maximizar sus propios intereses.
Lo que para Milei constituye la «doble hélice de la prosperidad», para Harari representa la entrega de las llaves de nuestros sistemas financieros y políticos a entidades que no responden a límites éticos ni biológicos.
Juristas, académicos y referentes religiosos advierten sobre las consecuencias de otorgar creciente autonomía a sistemas tecnológicos que no poseen responsabilidad moral, conciencia ni capacidad de rendir cuentas.
En la misma línea pueden considerarse otros llamados de atención, como la reciente encíclica «Magnifica humanitas», de León XIV. Allí se sostiene que los límites y la fragilidad no son errores que deban corregirse, sino espacios esenciales donde el ser humano madura y se abre a la relación con los demás. Son condiciones constitutivas de la experiencia humana.
La carta advierte que intentar eliminarlos o perseguir una autosuficiencia ilimitada puede conducir a formas de deshumanización. También destaca que esos límites son ámbitos fundamentales para el desarrollo moral, la empatía y los vínculos sociales.
León XIV enfatiza que la mente humana posee una conciencia moral y habita un horizonte afectivo y espiritual que la inteligencia artificial no puede replicar. Estas tecnologías operan mediante procesos de adaptación estadística que desconocen dimensiones como el amor, el perdón o la responsabilidad. Desde esa perspectiva, absolutizar la eficiencia técnica reduce a las personas a meros engranajes y desconoce que la verdadera grandeza humana surge del cuidado del otro y del reconocimiento de la dignidad inviolable de cada persona.
El marco legal para la inteligencia artificial
La agenda legislativa impulsada por el gobierno de Javier Milei para atraer inversiones tecnológicas se articula en torno a cuatro iniciativas principales.
La primera busca crear sociedades automatizadas y organizaciones autónomas descentralizadas, incorporando nuevas figuras jurídicas gestionadas mediante algoritmos o tecnología blockchain, con responsabilidad limitada y menores exigencias regulatorias.
La segunda es el llamado Súper RIGI, un régimen de incentivos fiscales que contempla una alícuota reducida del impuesto a las Ganancias y amplias facilidades para la importación y exportación, con el objetivo de atraer inversiones en infraestructura para inteligencia artificial y grandes centros de datos.
La tercera es una ley de proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada, orientada a reforzar las garantías para los inversores mediante mayores restricciones a las expropiaciones y a las ocupaciones temporarias por parte del Estado.
Las iniciativas impulsadas por el oficialismo buscan adaptar el sistema jurídico a nuevas formas de organización económica basadas en algoritmos, automatización y agentes de inteligencia artificial.
La cuarta iniciativa es una ley de lobby que propone regular la relación entre gestores de intereses y funcionarios mediante registros públicos obligatorios y mecanismos específicos de control.
Para Milei, la Argentina se ha transformado en los últimos dos años. La inflación, que antes constituía una amenaza existencial, se ha controlado. Un superávit presupuestario, junto con el programa de desregulación que el Gobierno presenta como el más ambicioso del mundo, habría vuelto a encarrilar la economía hacia el crecimiento después de quince años de estancamiento.
Las inversiones, sostiene el oficialismo, fluyen hacia recursos energéticos y mineros de primer nivel en una región caracterizada por una creciente estabilidad geopolítica. Durante demasiado tiempo, afirma Milei, la Argentina construyó un laberinto de restricciones que condujo a la pobreza relativa a una nación que supo estar entre las más ricas del mundo. Como prueba del cambio de rumbo, destaca el ascenso del país en el Índice de Libertad Económica elaborado por la Heritage Foundation.
Para Pablo Serdán, especialista en la articulación entre el sistema judicial y el Estado, el derecho penal castiga la intención: para que haya delito tiene que haber dolo, y el dolo es humano. Una IA no puede tener dolo, no tiene intención, no es una persona. Pero un agente de IA sí puede, en los hechos, ejecutar un esquema para estafar y robar. Podés tener el delito sin un culpable imputable. El robo sin el ladrón».
El Estado argentino no dispone hoy de las capacidades necesarias para realizar la ingeniería inversa que permita revisar el funcionamiento codificado de estas empresas ni auditar agentes de inteligencia artificial que toman miles de decisiones automatizadas por segundo. Para hacerlo se requieren capacidades técnicas, recursos y profesionales formados en estas disciplinas.
«Las legislaciones serias del mundo van en la dirección contraria a la que propone Milei. Como los modelos de IA son cajas negras, invierten la carga de la prueba: que la empresa demuestre que no falló, en lugar de exigirle a la víctima que descifre el código. La propuesta apunta al revés: menos control, no más», sostiene Serdán.
Si Milei quisiera construir un verdadero polo de inteligencia artificial, difícilmente se estaría desfinanciando al Conicet, las universidades públicas, la ciencia y la formación superior.
No se construye un futuro tecnológico mediante el vaciamiento de esas capacidades. Por el contrario, es su fortalecimiento lo que puede hacerlo posible.
Si la Argentina se transforma en un laboratorio de experimentación para la inteligencia artificial y las nuevas formas de poder corporativo, los argentinos corremos el riesgo de convertirnos en sus conejillos de indias.
Alfredo Moreno
Computador Científico. Profesor TIC en la Universidad Nacional de Moreno (UNM). Integrante de la Red de Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Sociedad (Placts).
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Notas
| ↑1 | El seasteading (la colonización marina) es el concepto de construir comunidades flotantes prmanentes en aguas internacionales. Promovido por organizaciones como The Seasteading Institute, busca crear ciudades marinas independientes de los gobiernos establecidos para experimentar con nuevos sistemas políticos, sociales y legales |
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