Europa mira al sur: el acuerdo con Mercosur y México como respuesta a un mundo en disputa
En un contexto de reconfiguración del orden global, con Estados Unidos concentrado en sus prioridades internas y China expandiendo su influencia económica y política, la Unión Europea vuelve la mirada hacia América Latina. En El Eje transatlántico del sur: UE–Mercosur–México como desafío y oportunidad estratégica en el siglo XXI, Mario Krieger analiza cómo los acuerdos con el Mercosur y México podrían convertirse en la base de una alianza estratégica capaz de fortalecer la autonomía europea, ampliar mercados y garantizar el acceso a recursos críticos. El estudio también advierte sobre los obstáculos políticos y económicos que aún dificultan la consolidación de este nuevo eje intercontinental.
La geopolítica suele avanzar a un ritmo más lento que las noticias, pero sus efectos suelen ser más profundos. Mientras la atención internacional oscila entre guerras, elecciones y crisis económicas, Europa y América Latina comenzaron a tejer una red de acuerdos que podría alterar la posición de ambas regiones en el mundo de las próximas décadas.
Según el análisis elaborado por Mario Krieger, los acuerdos firmados entre la Unión Europea y el Mercosur, por un lado, y entre la Unión Europea y México, por otro, constituyen mucho más que instrumentos comerciales. Son el intento de construir un espacio de cooperación capaz de ofrecer una alternativa en un escenario internacional cada vez más dominado por la competencia entre Estados Unidos y China.
La apuesta no es menor. Juntas, estas economías reúnen cerca de novecientos millones de habitantes, una porción significativa del producto bruto mundial y algunas de las reservas de recursos estratégicos más importantes del planeta.
Europa busca reducir vulnerabilidades
La aceleración de estos acuerdos no puede entenderse sin observar las transformaciones que atraviesa Europa.
Durante décadas, la Unión Europea construyó su prosperidad sobre tres pilares relativamente estables: la apertura comercial global, la protección militar estadounidense y un orden internacional basado en reglas compartidas. Hoy, los tres pilares muestran signos de desgaste.
China se convirtió en un competidor económico y tecnológico de enorme magnitud. La dependencia europea respecto de insumos estratégicos producidos o procesados en territorio chino genera preocupación creciente en Bruselas. Tierras raras, litio refinado, cobalto y otros minerales esenciales para la transición energética se encuentran bajo fuerte influencia de Beijing.
El caso de la industria automotriz resulta especialmente ilustrativo. Fabricantes chinos avanzaron sobre marcas históricas europeas y ganaron participación en el mercado de vehículos eléctricos gracias a precios competitivos y una fuerte capacidad de inversión. Para muchos dirigentes europeos, el desafío ya no es solamente comercial, sino también industrial y estratégico.
A esta situación se suma la incertidumbre en materia de seguridad. La guerra en Ucrania y el deterioro de las relaciones transatlánticas durante la nueva administración de Donald Trump reavivaron un debate que parecía superado: hasta qué punto Europa puede seguir dependiendo de Estados Unidos para garantizar su defensa.
Según Krieger, esta combinación de vulnerabilidades explica buena parte del interés europeo por consolidar nuevas alianzas internacionales.
América Latina entre dos gigantes
Del otro lado del Atlántico, América Latina enfrenta una realidad diferente, aunque igualmente compleja.
La región mantiene una larga tradición de intentos de integración que rara vez lograron consolidarse. Desde los proyectos inspirados en el ideal bolivariano hasta experiencias más recientes como Mercosur, Unasur o la Celac, los avances siempre convivieron con tensiones políticas, diferencias económicas y cambios de orientación ideológica.
Al mismo tiempo, los países latinoamericanos observan cómo se intensifica la disputa entre Washington y Beijing por la influencia regional.
China se transformó en uno de los principales socios comerciales de Sudamérica, financió infraestructura estratégica y amplió su presencia en sectores sensibles como energía, telecomunicaciones y logística. Estados Unidos, por su parte, procura recuperar espacios de influencia en lo que históricamente consideró su área de interés prioritario.
En ese contexto, la posibilidad de profundizar vínculos con Europa aparece como una vía para diversificar relaciones y evitar dependencias excesivas.
Mucho más que libre comercio
El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur llegó después de más de veinticinco años de negociaciones, interrupciones y desencuentros. Su concreción, sostiene el autor, refleja hasta qué punto los cambios geopolíticos alteraron las prioridades de los gobiernos involucrados.
Para Europa, el tratado ofrece acceso a recursos fundamentales para la transición energética y la posibilidad de ampliar mercados para sus productos industriales y tecnológicos.
Para los países del Mercosur, representa la oportunidad de ingresar con mayores ventajas a uno de los mercados más importantes del mundo, atraer inversiones y fortalecer procesos de integración regional que durante años avanzaron con dificultad.
La firma del acuerdo modernizado entre la Unión Europea y México completa esta estrategia. La importancia de México no radica únicamente en el tamaño de su economía, sino también en su posición geográfica y política: es un puente entre América Latina y América del Norte.
Juntos, ambos acuerdos configuran una red de relaciones que abarca la mayor parte del producto bruto latinoamericano y consolida a Europa como uno de los principales socios externos de la región.
La disputa por los recursos del futuro
Detrás de las negociaciones comerciales aparece una cuestión decisiva: el control de los recursos críticos para la transición energética y digital.
El denominado «triángulo del litio», integrado por Argentina, Bolivia y Chile, concentra algunas de las mayores reservas del mundo. Brasil posee importantes recursos minerales estratégicos, mientras que México dispone de una amplia variedad de minerales industriales.
La relevancia de estos recursos crece a medida que la economía mundial avanza hacia la electrificación, la digitalización y las energías renovables.
Sin embargo, Krieger advierte que la verdadera oportunidad para América Latina no consiste simplemente en exportar materias primas. El desafío es aprovechar el interés europeo para impulsar procesos de industrialización, transferencia tecnológica y desarrollo de cadenas de valor que generen empleo y conocimiento dentro de la región.
Los obstáculos siguen presentes
La magnitud de la oportunidad no elimina los riesgos. En Europa persiste la resistencia de sectores agrícolas que temen la competencia de las exportaciones sudamericanas. En América Latina continúan las diferencias entre gobiernos, las asimetrías económicas y los problemas de coordinación regional.
También existen tensiones vinculadas a estándares ambientales, regulaciones productivas y mecanismos de ratificación política que todavía deben completarse para garantizar la plena vigencia de los acuerdos.
Por eso, el autor insiste en que la firma de los tratados constituye apenas el primer paso.
Una ventana histórica
La principal conclusión del ensayo es que Europa y América Latina comparten hoy una necesidad estratégica: ampliar sus márgenes de autonomía en un sistema internacional crecientemente polarizado.
Europa necesita recursos, mercados y socios confiables. América Latina necesita inversiones, tecnología y alternativas frente a las presiones de las grandes potencias.
La convergencia de esos intereses abrió una ventana de oportunidad poco frecuente. Pero su aprovechamiento dependerá de algo que ningún acuerdo puede garantizar por sí mismo: la voluntad política de transformar una relación comercial en una verdadera alianza de desarrollo.
Si eso ocurre, sostiene Krieger, podría comenzar a consolidarse un nuevo eje transatlántico capaz de otorgar mayor protagonismo a ambas regiones en el complejo mapa geopolítico del siglo XXI.
Descargar el texto completo de El Eje Transatlántico del Sur: UE–Mercosur–México como desafío y oportunidad estratégica en el siglo XXI. Mario Krieger es doctor en Administración de la UBA y licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública de la USAL. Posgrados en las universidades de Illinois y Columbia. Director de las Especializaciones en Dirección de Proyectos y en Gestión Pública y de la maestría en Gestión y Desarrollo Gubernamental de la Facultad de Ciencias Económicas FCE de la UBA.
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