El asalto a la ciudadanía
En un extenso ensayo publicado por CounterPunch el crítico cultural Henry Giroud plantea que la ofensiva de Donald Trump contra la ciudadanía por nacimiento trasciende el debate migratorio. En su interpretación, se trata de un intento por redefinir quién tiene derecho a pertenecer plenamente a la comunidad política estadounidense y, con ello, alterar uno de los pilares constitucionales que sostienen la democracia moderna. Más allá del caso estadounidense, Giroux plantea un interrogante que interpela a todas las democracias contemporáneas: ¿qué sucede cuando la ciudadanía deja de ser un derecho protegido por la Constitución y comienza a depender de criterios políticos, culturales o identitarios?
Henry Giroux
Crítico cultural y uno de los teóricos fundadores de la pedagogía crítica en Estados Unidos. Conocido por sus trabajos en pedagogía, estudios culturales y medios de comunicación. Su obra ilustra un número de tradiciones teóricas que se extienden desde Marx hasta Paulo Freire y Zygmunt Bauman.
Las grandes crisis políticas suelen expresarse a través de símbolos capaces de condensar disputas mucho más profundas que aquellas que aparecen en la superficie del debate público. Para Henry Giroux, uno de esos símbolos es hoy la ciudadanía. Lo que se discute en Estados Unidos no es únicamente una política migratoria ni el alcance de una disposición constitucional. Lo que está en juego, afirma, es la definición misma de quién pertenece a la nación y bajo qué condiciones puede ejercer los derechos que garantiza una democracia.[1]Nota del editor: Al regresar a la Casa Blanca, el presidente Trump firmó el 20 de enero de 2025 la Orden Ejecutiva 14160. Los puntos centrales de esta medida establecían: Exclusión de hijos de … Continue reading
En «Robo a la democracia: el ataque de Trump contra la ciudadanía por derecho de nacimiento» Henry Giroux analiza la ofensiva impulsada por Donald Trump para restringir el derecho a la ciudadanía por nacimiento, reconocido por la Decimocuarta Enmienda de la Constitución estadounidense. Lejos de considerar esa iniciativa como una controversia jurídica o una nueva expresión del endurecimiento de la política migratoria, el autor sostiene que constituye un paso decisivo dentro de un proyecto político destinado a redefinir los límites de la ciudadanía y a reemplazar un principio universal por una concepción basada en el origen, la identidad y la pertenencia cultural.
La tesis atraviesa todo el ensayo. Para Giroux, la ciudadanía no es un trámite administrativo ni una condición secundaria dentro del sistema institucional. Es el fundamento sobre el cual descansan todos los demás derechos. Si ese principio deja de ser una garantía constitucional para convertirse en un privilegio administrado por el poder político, también se debilitan las bases jurídicas que protegen la igualdad ante la ley.
Más que una discusión sobre inmigración, Giroux interpreta la ofensiva contra la ciudadanía por nacimiento como un intento de redefinir quién pertenece a la comunidad política y quién puede ejercer plenamente los derechos democráticos.
El autor recuerda que la historia de Estados Unidos nunca fue el relato lineal de una democracia en expansión permanente. Desde sus orígenes convivieron la promesa de libertad con la esclavitud, el colonialismo de asentamiento, la exclusión política y la supremacía racial. Cada ampliación de derechos fue el resultado de conflictos sociales, movilizaciones y disputas políticas que obligaron al Estado a reconocer nuevas formas de ciudadanía. La democracia, sostiene, avanzó menos por la fidelidad a sus ideales fundacionales que por la capacidad de distintos movimientos sociales para cuestionar sus contradicciones.
Esa perspectiva histórica resulta decisiva para comprender el significado que Giroux atribuye a la Decimocuarta Enmienda, aprobada tras la Guerra Civil. El reconocimiento de la ciudadanía por nacimiento no constituyó simplemente una reforma jurídica. Representó el intento de desmontar el sistema de castas construido durante la esclavitud y de establecer un principio de igualdad política que no dependiera del color de la piel, del linaje familiar ni del origen nacional.
Apoyándose en los trabajos de la constitucionalista Sherrilyn Ifill y de la historiadora Martha S. Jones, Giroux recuerda que ese derecho fue conquistado después de décadas de lucha de la población afroamericana contra la esclavitud y la segregación. La ciudadanía reconocida por la Constitución no nació como una concesión de las élites políticas, sino como el resultado de un prolongado proceso de democratización impulsado desde abajo. Por eso, sostiene, cualquier intento de restringir ese principio supone revisar uno de los mayores avances democráticos de la historia estadounidense.
Desde esa perspectiva, la ofensiva del trumpismo representa mucho más que una modificación en la legislación migratoria. Significa desplazar el criterio constitucional de ciudadanía hacia una lógica sustentada en la ascendencia, la identidad nacional y la pertenencia racial. En otras palabras, convertir un derecho garantizado por la Constitución en un privilegio sujeto a la voluntad del poder político.
La ciudadanía por nacimiento fue una de las grandes conquistas de la Reconstrucción posterior a la Guerra Civil. Revisarla implica cuestionar uno de los pilares sobre los que se construyó la ampliación de los derechos civiles en Estados Unidos.
Giroux encuentra un antecedente directo de este proceso en la campaña que durante años intentó desacreditar la legitimidad de Barack Obama mediante la falsa acusación de haber nacido fuera de Estados Unidos. Aquella estrategia, conocida como birtherism, no buscaba únicamente cuestionar la biografía del entonces presidente. Según el autor, expresaba una pregunta mucho más profunda: si un hombre negro podía representar legítimamente a la nación estadounidense. La controversia sobre el lugar de nacimiento de Obama funcionó así como el primer ensayo de una política destinada a reinstalar viejas fronteras raciales dentro del concepto de ciudadanía.
A partir de allí, el artículo desplaza la discusión desde el terreno constitucional hacia el cultural. Giroux sostiene que ningún proyecto autoritario consigue consolidarse únicamente mediante leyes, decretos o decisiones judiciales. Antes necesita transformar la manera en que una sociedad comprende su historia, interpreta sus instituciones y define quién merece ser reconocido como integrante pleno de la comunidad política.
Por eso, dedica buena parte de su ensayo a analizar el papel que desempeñan la educación, los medios de comunicación, las universidades, las iglesias, la industria cultural y las plataformas digitales. Todos esos espacios funcionan, afirma, como escenarios donde se construyen las nociones de ciudadanía, identidad y democracia. En ese punto recupera una idea del sociólogo Stuart Hall: toda transformación política duradera requiere previamente una transformación cultural.
La disputa por la ciudadanía adquiere una dimensión todavía más profunda cuando Giroux incorpora el concepto de pedagogía del autoritarismo, una de las ideas centrales de toda su obra. Ningún régimen autoritario —afirma— se sostiene únicamente mediante el control institucional. También necesita modelar la conciencia de los ciudadanos, establecer nuevas formas de interpretar la realidad y construir un sentido común capaz de naturalizar la exclusión, la desigualdad y el ejercicio arbitrario del poder.
Toda política autoritaria comienza decidiendo quién pertenece plenamente a la comunidad política. Para Giroux, ese proceso abre el camino a la erosión de los derechos, la normalización de la violencia estatal y el vaciamiento progresivo de la democracia.
Desde esa perspectiva, la educación deja de ser un asunto periférico para convertirse en uno de los principales escenarios de la confrontación política. Las escuelas, las universidades, el periodismo, las industrias culturales y las plataformas digitales actúan como espacios donde se define qué episodios de la historia merecen ser recordados, qué voces adquieren legitimidad pública y qué valores terminan orientando la vida democrática. Allí, sostiene Giroux, se libra una batalla decisiva por la memoria, la cultura y la imaginación política.
En ese marco interpreta las campañas dirigidas contra universidades, bibliotecas, periodistas e investigadores como parte de una misma estrategia. La censura de determinados libros, las restricciones para enseñar la historia de la esclavitud o del racismo, las presiones sobre instituciones académicas y la descalificación sistemática de la prensa independiente no constituyen, a su juicio, episodios aislados. Responden a un proyecto destinado a debilitar aquellos ámbitos donde todavía pueden desarrollarse el pensamiento crítico y la deliberación democrática.
El ensayo incorpora además un actor que ocupa un lugar cada vez más determinante en la formación de la opinión pública: las plataformas digitales. Giroux observa que redes sociales y servicios de video se han convertido en la principal fuente de información para millones de personas, desplazando a buena parte de los medios tradicionales. Pero advierte que esos entornos no sólo distribuyen contenidos. También organizan la atención, privilegian las emociones sobre la evidencia, recompensan la polarización y favorecen la circulación de relatos simplificados que dificultan el debate público.
Esta transformación tecnológica se articula, según el autor, con otra modificación de mayor alcance: la creciente concentración del poder económico. Giroux sostiene que el debilitamiento de la democracia no puede entenderse sin considerar el avance de grandes corporaciones sobre la vida política, la erosión del Estado de bienestar y el aumento de las desigualdades sociales. La ciudadanía, en ese contexto, deja de aparecer como un derecho compartido para convertirse progresivamente en un mecanismo que establece jerarquías entre quienes son plenamente reconocidos por el Estado y quienes quedan expuestos a distintas formas de exclusión.
Las democracias y los autoritarismos no sólo se construyen desde el Estado. También se forjan en las escuelas, los medios, las plataformas digitales y los espacios donde una sociedad aprende qué recordar, qué valorar y a quién reconocer como parte de la comunidad.
Para desarrollar esa idea, el ensayo dialoga con pensadores como Hannah Arendt, quien definía la ciudadanía como «el derecho a tener derechos». Giroux recupera esa formulación para advertir que la pérdida o el debilitamiento de la ciudadanía no implica solamente una modificación legal. Significa poner en riesgo el conjunto de garantías que permiten a las personas participar de la vida pública en condiciones de igualdad. Si el acceso a la ciudadanía deja de estar protegido por la Constitución y pasa a depender de decisiones políticas, también los demás derechos se vuelven frágiles.
El autor encuentra en ese desplazamiento uno de los rasgos característicos del autoritarismo contemporáneo. A diferencia de las experiencias clásicas del siglo XX, señala, los nuevos proyectos iliberales no siempre necesitan abolir las constituciones, cancelar elecciones o clausurar formalmente las instituciones democráticas. Con frecuencia operan desde el interior del propio sistema, vaciando gradualmente de contenido los derechos, ampliando las facultades del poder ejecutivo y redefiniendo quién puede ser considerado parte legítima de la comunidad política.
En esa lógica, la ciudadanía deja de expresar un principio de igualdad para convertirse en una herramienta de clasificación social. La ley continúa existiendo, pero ya no funciona prioritariamente como límite al poder sino como un mecanismo que distribuye de manera diferencial el reconocimiento, la protección y la pertenencia. Es precisamente ese desplazamiento el que lleva a Giroux a interpretar la ofensiva contra la ciudadanía por nacimiento como uno de los episodios más significativos de la política estadounidense contemporánea.
Aunque el ensayo se concentra en Estados Unidos, sus preguntas exceden ampliamente ese escenario. El debate sobre quién pertenece a una comunidad política, cómo se redefinen los derechos y de qué manera la cultura contribuye a fortalecer o debilitar la democracia atraviesa hoy a numerosas sociedades enfrentadas al avance de nacionalismos excluyentes, discursos de odio y nuevas formas de concentración del poder económico, político y comunicacional.
Giroux vincula el deterioro de la ciudadanía con la concentración del poder económico, el debilitamiento de las instituciones públicas y la pérdida de memoria histórica. Desde esa perspectiva, defender la democracia implica preservar los derechos, la educación y la historia como bienes comunes.
Más allá de que el lector comparta o no todas sus conclusiones, Giroux propone una reflexión de indudable actualidad. Su advertencia apunta a un aspecto que considera decisivo: las democracias no desaparecen únicamente mediante golpes de Estado o rupturas institucionales abruptas. También pueden erosionarse lentamente cuando los derechos dejan de entenderse como garantías universales y comienzan a transformarse en privilegios condicionados por la identidad, el origen o la conveniencia política.
En definitiva, el texto de Girouxes mucho más que una crítica al segundo mandato de Donald Trump. Es una reflexión sobre los mecanismos mediante los cuales las democracias pueden vaciarse desde adentro y sobre la necesidad de defender la ciudadanía no sólo como un estatuto jurídico, sino como el fundamento ético y político que hace posible la igualdad ante la ley. En la lectura de Giroux, allí reside hoy una de las principales disputas de nuestro tiempo.
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IDEAS CLAVE
1) La tesis de Giroux sostiene que el intento de restringir el derecho a la ciudadanía por nacimiento implica redefinir quién pertenece a la comunidad política y, por lo tanto, quién puede ejercer plenamente los derechos garantizados por la Constitución. La discusión jurídica es, en realidad, una disputa por el significado de la democracia.
2) El ensayo también propone una lectura histórica de ese conflicto. La ciudadanía por nacimiento fue una conquista de la Reconstrucción posterior a la Guerra Civil y el resultado de décadas de lucha contra la esclavitud y la supremacía blanca. Desde esa perspectiva, cualquier intento de revisar ese principio supone cuestionar uno de los pilares sobre los que se edificó la ampliación de los derechos civiles en Estados Unidos.
3) Otro de los aportes del texto consiste en señalar que el autoritarismo no avanza únicamente mediante reformas legales o decisiones ejecutivas. También necesita transformar la cultura democrática. Escuelas, universidades, medios de comunicación y plataformas digitales aparecen como espacios donde se construyen las nociones de ciudadanía, identidad y memoria colectiva. .
4) Giroux vincula esa transformación cultural con un proceso más amplio de concentración del poder económico y debilitamiento de las instituciones públicas.
5) A lo largo del ensayo emerge una preocupación constante por la memoria histórica. Al respecto, advierte que limitar la enseñanza de la esclavitud, el colonialismo o las luchas por los derechos civiles no sólo modifica los programas educativos. También altera la capacidad de una sociedad para comprender el origen de sus conquistas democráticas y reconocer que esos avances nunca fueron irreversibles.
Notas
| ↑1 | Nota del editor: Al regresar a la Casa Blanca, el presidente Trump firmó el 20 de enero de 2025 la Orden Ejecutiva 14160. Los puntos centrales de esta medida establecían: Exclusión de hijos de indocumentados. Es decir, negaba la ciudadanía automática a bebés nacidos en suelo estadounidense si la madre no poseía estatus legal. Restricción a visados temporales. De esta manera la prohibición se extendía a hijos de padres extranjeros con estatus legal pero temporal, tales como turistas, estudiantes o trabajadores con visas de corta duración. Debido a múltiples demandas colectivas, la orden civil nunca llegó a entrar en vigor de forma práctica en las agencias federales. La Corte Suprema de los Estados Unidos invalidó la iniciativa de Donald Trump para eliminar la ciudadanía por nacimiento. En un fallo de seis a tres, emitido el 30 de junio de 2026 en el caso Trump v. Barbara, el máximo tribunal ratificó que el derecho a la ciudadanía automática está garantizado por la Constitución. A pesar del dictamen adverso de la justicia, el oficialismo no ha abandonado el proyecto y busca vías alternativas, como solicitar una reconsideración del caso ante la propia Corte Suprema o impulsar en el Congreso la propuesta legislativa denominada Citizenship Act of 2026. Este proyecto de ley busca incorporar limitaciones a la ciudadanía por nacimiento directamente en la legislación federal para sortear el decreto anulado. |
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