Milei y la teoría del garrote antiinflacionario

Una nota mínima sobre el discurso de Milei en su asunción como presidente de Argentina 

Los recortes de las ayudas sociales y las bajas compulsivas de salarios son recesivos y suelen provocar un efecto dominó, como ya lo probó Macri y tantos otros neoliberales de las colonias. Salarios más bajos solo significan mayores beneficios empresariales a corto plazo, pero no necesariamente se corresponden con más empleos de peor calidad sino, en muchos casos, retiros anticipados o, simplemente, migración a la economía de subsistencia y del mercado negro. Por no seguir con los efectos obvios de una contracción del consumo, dejo de lado, por un momento, mi crítica a la civilización del consumo como raíz de todos los problemas.

Como fórmula de crecimiento económico, ha fracasado siempre. Que (en el mejor de los casos) en un par de años estas medidas antipopulares y criminales por donde se las mire puedan producir un fuerte crecimiento económico que llamarán «milagro económico» o algo parecido, será la consecuencia natural de una inevitable recuperación luego de la recesión. Si te caes porque alguien te ha pegado un tiro en una pierna y no te mueres desangrado, lo más probable es que, tarde o temprano, te levantes. En el mejor de los casos, como ha ocurrido siempre en América Latina, todos los mal llamados «milagros económicos» que surgieron del aumento de la pobreza terminaron en una forma u otra de crisis, catástrofes y vuelta a empezar.

En los centros imperiales (que siempre son puestos como ejemplo por cipayos y neocolonialistas) no son tan tontos para hacer eso. Mantienen a la población trabajadora en estado de necesidad, pero no aplican ninguna política de shock estilo Fujimori y tanto otros. De hecho, en Estados Unidos imprimimos o creamos dinero de la nada para que los aburridos consumidores salgan a gastarlo y así reactiven la economía nacional, a costa de sustraer valor de las colonias dolarizadas. Pero como todavía somos el centro financiero e imperial del mundo, a los capitalistas marginales no se les ocurre decir que somos la capital de la irresponsabilidad fiscal, sino, por el contrario, todo un ejemplo de progreso y libertad responsable. Para los títeres políticos de siempre que siempre se venden como novedad, todo «ajuste responsable» significa más sufrimiento para los de abajo y «esperar a la nueva crisis para comprar barato» para los de arriba.

Diferente a Fujimori y a Menem, hay algo que se le debe reconocer a Milei y que revindican sus votantes: como todo loco, es bastante más honesto que los psicópatas. Ha dicho desde siempre lo que haría como presidente y es lo que, aparentemente, intenta hacer, aunque la teoría (doctrina) del garrote antiinflacionario no es tan clara como puede parecerle a un cavernícola. Pero se ajusta perfectamente a la psicología del cavernícola que todos llevamos dentro, que muchos dejan suelto en un acto de catársis colectiva, y que ya detallamos en Moscas en la telaraña.

Claro, los miléniales mileistas argumentarán que «a largo plazo» todo estará mejor, pero como dijo alguna vez el economista John Maynard Keynes, «a largo plazo estaremos todos muertos».

Jorge Majfud

Escritor, arquitecto, doctor en Filosofía por la Universidad de Georgia y profesor de Literatura Latinoamericana y Pensamiento Hispánico en Jacksonville University, Florida, Estados Unidos. Autor de libros de ensayos y ficción recientemente publicó La frontera salvaje. Doscientos años de fanatismo anglosajón en América Latina.

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