Milei descubrió a la oposición: las calles le advirtieron que el pueblo no olvida

Mientras en los mentideros políticos se especula cuanto tiempo le queda al ultraderechista Milei al frente del gobierno y quién ocupará su lugar en caso de abandono, el domingo 24 de marzo, a poco más de cien días de gobierno, apareció la verdadera oposición al negacionismo y a las políticas oficiales: el pueblo en las calles.

El domingo 24, los argentinos protagonizaron en casi todo el país, en espacios grandes y pequeños, al margen de que el foco atendió a la capitalina Plaza de Mayo, uno de los actos de resistencia más numerosos y sentidos desde la recuperación democrática, con masiva presencia de jóvenes.

Si muchos preguntaban dónde estaba la oposición al gobierno ultraderechista, la respuesta la encontraron el domingo: está en las calles: trabajadores —detrás de las tres centrales sindicales—, desocupados, futbolistas, estudiantes, junto con las organizaciones de derechos humanos, reverdeciendo pañuelos blancos y siluetas de los treinta mil hermanos «desaparecidos» en la dictadura. Con una sola promesa: Nunca más.

En sólo cien días los argentinos sufrieron el veloz derrumbe de la república, con el constante terremoto político, económico, jurídico y sobre todo moral que trajo el gobierno del ultraderechista Javier Milei. Fue impactante: miles y miles de personas dibujaron la impresionante participación popular que desbordó todos los cálculos en casi todas las grandes ciudades de todas las provincias.

Este año, 48° aniversario de la última dictadura cívico-eclesiástica-militar, la marcha se vio multiplicada por la coyuntura de un gobierno negacionista cuyas políticas económicas, sociales y políticas se asemejan a las que rigieron tras el golpe de Estado de 1976.

Un extraordinario resultado de la gigantesca marcha nacional fue que las tropas al mando de los ministros de Seguridad y Defensa, Patricia Bullrich y Luis Petri, no se atrevieron ni a provocar, convencidas de que si ordenaban un mínimo esbozo de represión, iban a ser arrasadas por las multitudes.

Desde el poder siguen inoculando veneno a las Fuerzas Armadas, a las que pretenden volver a usar como fuerzas de choque y atropellos, y no en defensa de las fronteras, los bienes territoriales, fluviales y marítimos, sino nuevamente contra la ciudadanía.

Las últimas semanas, el mileinato ordenó censuras varias y el cierre de todos los medios públicos de información. La Televisión Pública, la agencia de noticias Télam, radio Nacional, en un nuevo atentado no solo a la libertad de expresión sino también a quienes no pueden pagar servicios y sobrevive saturada de engaños, mentiras y frivolidades.

Igual que los cierres en la Administración Nacional de Seguridad Social (Anses), el desfinanciamiento educativo, el ataque a la ciencia argentina y a la autonomía nuclear que ha sido orgullo de generaciones, y el conocimiento espacial científico.

Yo soy más negacionista

No todo está bien en la familia libertaria, donde continúan espesos cruces y un distanciamiento real entre el presidente y la también negacionista vicepresidenta Victoria Villarruel, transformada en virtual vocera de las Fuerzas Armadas, ratificando su desacuerdo con la intervención de militares en cuestiones de seguridad interior.

Fue un mensaje directo para los ministros de Seguridad y Defensa, Patricia Bullrich y Jorge Petri, los dos protagonistas de la conferencia que convocaron para anunciar el envío al Congreso de un paquete de normas, entre las que incluyen cambios en las leyes de Seguridad Interior y Defensa Nacional. La vicepresidenta no sólo desautorizó esa movida desde la conducción del Senado, sino que repitió las señales que envían los mandos de las tres fuerzas armadas: que no quieren sumarse a esa aventura.

Muchos dentro del gobierno de Javier Milei quieren darles una carta blanca a las Fuerzas Armadas para que vuelvan a las calles a patrullar, controlar vehículos y detener personas. El argumento ya no es la lucha contra el narcotráfico en Rosario, sino el supuesto de que estarán en combate con el «terrorismo».

La vicepresidenta aprovechó para desmarcarse de la iniciativa de quien se quedó con el ministerio que ella pretendía conducir políticamente. «La función de las Fuerzas Armadas no es combatir civiles. Creo que quedó claro con el tema de los setenta», salió al cruce.

Tras negarlo públicamente, el Gobierno oficializó por decreto el cambio de la fórmula de movilidad jubilatoria y desató la indignación de la oposición dura y amigable. Los bloques más cercanos a la oficial La Libertad Avanza no ahorraron adjetivos para criticar la decisión del Ejecutivo: la calificaron como «cinismo», «pura trampa» e «insuficiente».

Tras el primer las dos derrotas en el Congreso (la ley ómnibus y el DNU), Milei vuelve a la carga con un texto más acotado donde se contempla una reducción de las emergencias por las que el Poder Ejecutivo busca tener poderes especiales: de las once facultades delegadas reclamadas originalmente, pretende ahora cuatro autorizaciones del Congreso.

El núcleo duro de alrededor de 119 diputados renuentes a otorgarle estas prerrogativas al presidente, está a solo a diez voluntades de frenar las aspiraciones del rpesidente en el recinto. El naufragio de sus intenciones será inevitable si Javier Milei retoma la ofensiva contra el Congreso a través de sus redes sociales.

Antón Pirulero, cada cual atiende su juego, dice la canción infantil. Villarruel especula con los tiempos de Milei, mientras el presidente de Diputados, Martín Menem, segundo en el relevo presidencial, juega sus cartas sin prisa.

Trolls de control ciudadano

Los trolls operan como el otro yo del Dr. Merengue (léase el señor presidente) para hostigar a propios y extraños, convirtiéndose en una suerte de canal oficioso de noticias, advertencias, censuras o meras broncas puntuales del mandatario que complementan o anticipan sus habituales exabruptos carentes de toda sensibilidad por quienes padecen los peores efectos de las políticas implementadas desde el 10 de diciembre de 2023.

Esta semana, las hordas de trolls libertarios se han posado sobre «todos los enemigos de Karina», la hermana de Milei y secretaria de la Presidencia. Todos a los que ella no quiere, dicen, pagan en el espacio de redes sociales. Milei mantiene activas muchas cuentas que le responden directamente y que utiliza para aleccionar opositores y dirigentes de su propio gobierno.

El analista Álvaro Ruiz señala que su tendencia autoritaria y mesiánica se explica por su concepción de la política, reflejada en un rechazo a todo el proceso de conquista de derechos civiles, políticos y sociales en la Argentina, cuyo corolario es el espíritu antidemocrático y antipopular que subyace a sus proclamas «libertarias», una libertad sin anclaje ninguno con el imperativo de «igualdad» y que se traduce en un endiosamiento del mercado como entidad suprema por encima del Estado nación.

Las quejas presidenciales, previa difusión de los datos personales y de contacto de los senadores que rechazaron el decreto de necesidad y urgencia (DNU) —que comprende la derogación o sustancial modificación de más de trescientas leyes (incluidos dos códigos)— para ofrecerlos al acoso de sus mesiánicos seguidores y trolls, aludían a que a ningún otro mandatario le había ocurrido algo similar

Otra falsedad entre tantas: datos sin apego alguno a la realidad (el célebre «miente, miente, que algo queda»), teniendo en cuenta que el mentado DNU era totalmente inconsistente en la fundamentación para justificar el ejercicio de la facultad excepcionalísima del Ejecutivo y, especialmente, los objetivos que se aludían como precisados de una urgente atención no guardaban relación alguna con las normativas.

El psicoanalista Jorge Alemán sostiene que, dado que fueron votados y ganaron, los libertarios están seguros de que no existe el límite porque, cuantos más sean los quebrados, los que enferman sin remedio, los que quedan fuera de todo amparo, más claro será el efecto de ese castigo.

No les preocupa ni el aumento incesante del malestar, ni la posibilidad de que ese malestar haga surgir una fuerza política que los ponga en jaque. «Para ellos no tiene lugar el estallido, porque el estallido son ellos mismos», concluye.

Pero muchos libertarios y neoliberales, algunos escondidos bajo los quepís militares, comenzaron a poner las barbas en remojo, luego que algunos analistas advirtieran que, como en 2001, el estallido social no pareciera estar muy lejos. Los argentinos volvieron a copar las calles, enterrando políticamente a los negacionistas y dejando claro que «nunca más una dictadura».

Aram Aharonian

Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (https://estrategia.la).

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