Los límites de lo decible

En la Argentina de hoy está en marcha una reconfiguración regresiva de los límites de lo que es posible ser dicho en la esfera pública ampliada. 

Los nuevos límites de lo decible o cómo se reconfiguró la lucha discursiva en la última década es el sexto documento de trabajo del Colectivo de Investigación en Comunicación, Medios y TIC del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Su elaboración estuvo a cargo de Carolina Collazo y Adrián Pulleiro. 

En la Introducción el documento plantea que nos encontramos ante un momento histórico incierto. «El escenario regional latinoamericano aparece tensionado por dos tendencias: una impulsada por una contraofensiva neoliberal, que no ha podido generar las condiciones para consolidarse, y otra que remite a un nuevo ciclo de protestas y a la existencia de opciones progresistas con buenos resultados electorales. No obstante, una serie de fenómenos simbólicos, que dan cuenta de procesos culturales profundos, nos conducen a señalar que dichas tendencias se despliegan en medio de un desplazamiento significativo hacia la derecha del discurso público y los imaginarios políticos».

«Más concretamente —continúa—, está en marcha una reconfiguración regresiva de los límites de lo que es posible ser dicho en la esfera pública ampliada (constituida por los medios tradicionales, las redes sociales y las instituciones de la democracia representativa). Estamos ante la emergencia y circulación de ciertos discursos que de por sí se construyen en las fronteras de lo que podemos llamar las «pautas de la convivencia democrática» que en Argentina —más allá de sus momentos de crisis— se impusieron como una suerte de pacto social desde 1983 en adelante. Y cuya eficacia está directamente ligada al consenso respecto de ciertos principios como el pluralismo, el respeto de las instituciones representativas, la igualdad formal ante la ley y el respeto a los derechos humanos más elementales.»

Y añade: «La radicalización experimentada por una fracción del PRO, la irrupción de Javier Milei como representante del libertarismo local, las provocaciones de Viviana Canosa en la TV o la aparición de un influencer antipolítica que «viene de abajo», como El Dipy, son parte de un proceso cultural que se caracteriza por poner en cuestión la corrección política y que opera como trasfondo de disputas político-ideológicas decisivas en nuestro país y en la región».

Más adelante subraya que «este texto busca describir y analizar esa reconfiguración regresiva. Para ello partimos de una serie de consideraciones acerca de sus condiciones históricas de emergencia. Por empezar, en los años que siguieron a la crisis de 2001-2002 las luchas políticas tuvieron como marco de referencia lo que llamamos un discurso antineoliberal. Esa configuración cultural tuvo su mayor eficacia política en el período 2009-2011, cuando luego del conflicto de 2008 entre las patronales agrarias y mediáticas y el Gobierno nacional se abrió un escenario en el cual el bloque social y político encabezado por el kirchnerismo experimentó un proceso de radicalización que se tradujo en la ampliación de derechos y la consolidación de una forma de construcción caracterizada por un estilo confrontativo y la interpelación a la movilización de su base social».

«Luego de ese trienio —señala— se registra una crisis de dicho discurso «antineoliberal» que se extiende hasta el presente. Crisis que es contemporánea a la agudización de problemas económicos estructurales y a las limitaciones que evidenció la propia experiencia kirchnerista para recrear su proyecto político, pero que también se explica por una serie de acciones que, en el marco de un nuevo ciclo de enfrentamientos sociales, lograron imponer una agenda referida a la lucha contra el autoritarismo, la inseguridad y la corrupción. Protestas callejeras, iniciativas de la cúpula empresarial y propuestas surgidas del sistema político convergieron en un movimiento que desde entonces tuvo caras y voces diversas, y que con el tiempo generaría condiciones propicias para el avance de un nuevo sentido común reaccionario.»

Desde esta perspectiva, el estudio hace foco «en una serie de fenómenos que se despliegan en el sistema político, en los medios de comunicación y en las redes sociales, y que si bien no agotan todas las dimensiones de las transformaciones en curso, condensan buena parte de sus dimensiones más significativas».

En cuanto a las conclusiones, el documento del Instituto Tricontinental de Investigación Social observa lo siguiente:

—La reconfiguración regresiva de los límites de lo decible supone el avance de una una visión del mundo conservadora y antiigualitarista, transversal a espacios políticos (emergentes y consolidados), formaciones intelectuales, grupos religiosos y un creciente activismo virtual. Se presenta como una corriente laxa, incluso con contradicciones internas, que comparte con las derechas extremas de Estados Unidos y Europa, que rechaza la corrección política que caracteriza al progresismo liberal. A nivel local, se le agregan otros rasgos fundamentales: la adversión ante las tradiciones democráticas y populares históricas, la oposición militante a los procesos de ampliación de derechos que se desarrollaron en la región en las últimas dos décadas y el combate a la cuarta ola feminista.

—Las formas de interacción que predominan en las redes sociales y la crisis de los medios tradicionales son determinantes en esa reconfiguración. Las redes refuerzan un estilo basado en el impacto y la impunidad que resulta de una palabra democratizada y a la vez impersonal. Los medios tradicionales compiten cada vez más con otros soportes y formas de consumo cultural a demanda. La TV abierta, en particular, refuerza como respuesta una dinámica circular y una inercia hacia el escándalo. Los medios tienden a alimentarse de las redes y a su vez buscan el impacto suficiente para instalarse en ellas. Si hasta hace veinte años valía la frase «si no sale en la tele no existe», hoy podríamos decir «si sale en la tele pero no rebota en Twitter, no vale la pena». El estilo transgresor y la apuesta a la provocación permanente, tan efectivos en Milei, Canosa y El Dipy, son impensables sin estas condiciones de producción específicas.

—Tal reconfiguración es impulsada por un discurso radical que actualiza y también renueva el discurso clásico de las derechas. La incorrección, tan ejercida por figuras como Patricia Bullrich o el propio Millei, es menos condenada que en otros momentos. La indignación se impone como arma predilecta. Vaciada de toda salida colectiva, la desconfianza empalma con la crítica a los valores del igualitarismo, ahora en nombre de la lucha contra los privilegios de la plebe, para enaltecer una salida hiperindividualista basada en el mérito personal. La audacia es parte del repertorio, al punto de plantear una «utopía liberal» que, aunque tiene mucho de huida hacia la nada, es capaz de disputar los sentidos sobre el futuro.

—Tanto en los países centrales como en nuestra región hay un terreno fértil para ese discurso y sus distintas expresiones. No puede subestimarse la influencia que la mutación que describimos puede tener a futuro como factor de presión hacia el conjunto del sistema político ni descartar su incidencia creciente como elemento de peso en la dinámica social. Proceso y emergentes adquieren otra relevancia si asumimos que, por estas latitudes, está por verse cómo se canaliza el descontento latente que existe en grandes sectores de la población a raíz de la combinación entre crisis económica, efectos de la pandemia y desencantos —probados y posibles— respecto de experiencias políticas del pasado reciente.

Acerca de los autores

Carolina Collazo es doctora en Ciencias Sociales, licenciada en Ciencias de la Comunicación, docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires.

Adrián Pulleiro es es doctor en Ciencias Sociales, licenciado en Ciencias de la Comunicación, docente de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Pampa.

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