POR ALFREDO MORENO | La autonomía tecnológica orientada al bienestar social exige inversión pública, coordinación internacional y el desarrollo de alternativas propias. El costo de estas tecnologías, su peso político, económico y cultural, así como su impacto ambiental, hacen indispensable construir un modelo alternativo. Ese horizonte requiere Estados capaces de intervenir, planificar y crear instituciones multilaterales con autonomía y vocación solidaria. La discusión ya no puede limitarse a regulaciones parciales: lo que está en juego es cómo se organiza la reproducción social en la era digital.