Por qué es necesario estudiar la concentración de medios

Foto: Shahidrafique Awan / Pexels
En el prólogo a La concentración infocomunicacional en América Latina (200-2015), investigación de Guillermo Mastrini y Martín Bederra, Omar Rincón plantea que «el asunto de la concentración mediática es la clave para pensar la democracia y la soberanía de la comunicación en América Latina».

La libertad de expresión es la cancha donde se está jugando la democracia en América Latina. Antes el partido se jugaba entre grupos de medios nacionales y Estado, ahora la cancha se ha extendido a lo global con la convergencia mediática y la operación de grupos de telecomunicaciones con tendencia hegemonizante.

En el siglo XX, la libertad de expresión les pertenecía a los medios de comunicación. Y nadie se atrevía a cuestionar que ellos eran sus dueños y cualquier intento de limitarla era visto como censura y ataque a la democracia. Los medios debían ser protegidos del Estado, era el mandato. El siglo XXI llegó con un nuevo escenario tecnológico, político y comunicacional que es la convergencia tecnológica; la preeminencia de internet, las redes, las aplicaciones; el reinado de las empresas de telecomunicaciones; el dominio de las plataformas mundiales como Facebook y Google; la concentración excesiva de medios nacionales; el intento fracasado de recuperar el poder del Estado para regular los medios; la obsesión del poder político por controlar y vigilar contenidos; el hecho de que los medios se convirtieron en actores políticos que militan en la libertad de empresa y la sociedad liberal; la retórica del derecho a la comunicación que pide defender al ciudadano frente al poder de los medios; los medios públicos dedicados a la propaganda; los políticos sensacionalistas en la lucha por el mercado de la opinión pública; la intimidad y privacidad de los datos convertidos en botín del mercado y la política.

En este contexto, aparece el predominio de las redes digitales en las campañas políticas, surge el masivo fenómeno de la «posverdad» que indica que en las redes todo vale y los periodistas han dejado de ejercer su oficio de contrastar datos, diversificar fuentes, verificar y contextualizar la información. Asimismo, los medios masivos pierden su poder electoral, pero afectan intensamente la gobernabilidad al imponer agendas y escándalos, y actuar en beneficio de los poderes establecidos. Los mejores periodistas se van de los medios a hacer periodismo digital, publicar libros o hacer relaciones públicas de empresas y gobiernos. Mientras tanto, los ciudadanos inconscientemente andamos felices en la conexión digital que nos gradúa en programadores de multipantallas y productores de nuestro entretenimiento a cambio de ceder soberanía sobre nuestros datos, gustos y placeres.

En este escenario donde la política y la vida se juegan offline (en la calle y la vida cotidiana) y online (habitando la coolture), la pregunta sigue siendo cómo construir soberanía comunicacional. Por eso son tan importantes los estudios de Martín Becerra, Guillermo Mastrini y el centro de pensamiento Observacom,[1]Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia, centro de pensamiento y acción latinoamericano comprometido con la protección y la promoción de la democracia, la diversidad … Continue reading ya que se han especializado en investigar, analizar y presentar alternativas para que la libertad de expresión sea una cancha donde la democracia gane diversidad y pluralidad y donde los Estados y los ciudadanos ganen soberanía comunicacional a través de leyes y políticas públicas progresistas.

Los asuntos urgentes a explorar, tanto en investigación como en políticas públicas, consisten en pensar, más que en medios por separado (tv, radio, prensa, internet, telecomunicaciones), en un sistema de medios convergentes; más que seguir insistiendo en el control de contenidos, apostar porque haya más medios, más accesos, más diversidad de voces en la escena pública; insistir en un sistema de medios públicos autónomos e independientes de los poderes, más ciudadanos y con financiamiento asegurado; ampliar el acceso ciudadano a los medios; regular la publicidad oficial para que sea un mecanismo que fomente la diversidad y la pluralidad de voces públicas; expandir el acceso a la información pública y de las empresas que contraten con el Estado; generar sistemas que aseguren la autonomía e independencia de las autoridades que gestionan el sector de los medios, las redes y las telecomunicaciones. Todos estos asuntos son fundamentales para la calidad democrática de la comunicación, pero hay un tema que es la médula del asunto, que es la concentración de la propiedad de los medios y los sistemas de telecomunicaciones y redes digitales.

En este contexto es fundamental, significativa e indispensable esta investigación sobre la concentración y convergencia de medios en América Latina, que toma como casos de estudio a los países más importantes en población y economía en la región: la Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México. El resultado del estudio es alarmante en términos de democracia porque, aunque hay nuevos actores, más medios, más pantallas, la realidad demuestra que hay menos diversidad y más concentración de la propiedad y la enunciación. El estudio, también, documenta las leyes de medios y las políticas culturales que procuraron establecer límites y promocionar el pluralismo informativo y cultural, y que poco lograron, ya que en América Latina se han impuesto como norma la propiedad privada de los medios, el evangelio de las fuerzas del mercado y el contubernio de la propiedad con el poder político, lo cual ha llevado a que los niveles de concentración de medios en la región sean mayores que en el resto del planeta.

En el siglo xxi, la digitalización y los procesos de convergencia contribuyen a profundizar la concentración, lo cual demuestra que más medios, pantallas y tecnologías no crean esa utopía de la diversidad porque lo que importa es quién es el propietario, cuáles son sus intereses y cómo se convierten en dominantes en la enunciación pública. Ahora el panorama es más opresivo porque la digitalización ha fomentado el surgimiento de nuevos productores globales monopólicos como Facebook y Google que amenazan la tradicional fortaleza económica de los grupos concentrados latinoamericanos. Y este proceso de convergencia entre telecomunicaciones y medios de comunicación obliga a pensar en la necesidad de revisar las viejas regulaciones por su obsolescencia en relación con cómo evolucionan las industrias que son objeto de regulación. Este estudio hace presentes los impactos nocivos de la concentración sobre la democracia, tales como la reducción de las fuentes informativas, el empobrecimiento de perspectivas en deliberación en el espacio público, la homogeneización de los géneros y formatos de entretenimiento, el predominio de estilos y temáticas, la centralización geográfica de las producciones, la precarización del empleo y el debilitamiento de la calidad informativa. Ante este fenómeno, los estados han manifestado escasa capacidad para incidir en los mercados culturales.

Conocer acerca de la concentración con datos concretos es urgente. Y este estudio nos trae datos comparativos de los últimos quince años en América Latina, ya que los autores publicaron, en 2006 y 2009, análisis que ya demostraban el alto grado de concentración de la propiedad de los medios en América Latina. Esto nos lleva a comprender cómo y en qué se da la concentración. Lo urgente, y que espero produzca este informe, es que este tema baje a la ciudadanía y gane conciencia pública sobre la democracia que nos habita. Y es que el tema es la «democratización», que no consiste solo en el acceso a medios, sino en los modos como se concentra la enunciación y disminuyen la pluralidad y diversidad de voces.

La Relatoría para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ya afirmó que la concentración de la propiedad disminuye la calidad de la esfera pública y se convierte en un criterio de censura. Por eso, como dicen los autores de este informe, eludir el problema de la concentración impide comprender una parte decisiva del funcionamiento de los flujos de información, entretenimiento y comunicación en el presente. Esta investigación constata que las diferentes industrias exhiben niveles de concentración incompatibles con el objetivo de promoción de la diversidad que es, por su parte, un mandato para las políticas públicas. Hacia el futuro, la Relatoría propone tres ejes de reflexión e intervención desde las políticas públicas: la pluralidad de voces que obliga proponer medidas antimonopólicas; la diversidad de las voces a través de medidas de inclusión social, y la no discriminación, que obliga a tomar medidas de acceso en condiciones de igualdad a los procesos de asignación de frecuencias. Y esta propuesta se torna cada vez más imposible, debido a la intermediación digital de conglomerados de telecomunicaciones que no están sujetos a las políticas estatales y que imponen nuevas reglas de juego y agregan mayor complejidad al estudio de la concentración.

Como el lector podrá constatarlo, el asunto de la concentración mediática es la clave para pensar la democracia y la soberanía de la comunicación en América Latina. No es una ficción, pero si es una película del horror, solo que todavía los ciudadanos no nos damos cuenta del peligro. Este estudio de Becerra y Mastrini se convierte, entonces, en un abrir los ojos y un llamado a hacer conciencia sobre cómo unos pocos actores enuncian el mensaje colectivo y desencadenan sus efectos perversos en nuestras vidas. Leer esta investigación es una iluminación para ganar conciencia crítica e intentar pensar en otra democracia comunicacional; es como una manera de perder nuestra candidez ante el poder de los medios, sus propietarios y el mercado.

Notas
Notas
1 Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia, centro de pensamiento y acción latinoamericano comprometido con la protección y la promoción de la democracia, la diversidad cultural, los derechos humanos y la libertad de expresión en la región.

Omar Rincon

Profesor Asociado de la Universidad de los Andes (Colombia) y director de FES-Comunicación, programa de medios y comunicación de la Friedrich Ebert Stiftung para América latina y el Caribe.

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