Caso Watergate: Woodward y Bernstein no derribaron a Nixon, pero el mito de que lo hicieron sigue vivo

Richard Nixon lee su discurso de despedida con el pesonal de Casa Blanca tras renunciar a la presidencia de los EE. UU. el 9 de agosto de 1974.
La versión de que la obstinada investigación de los reporteros del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, sacó a la luz los crímenes que obligaron a renunciar a Nixon en agosto de 1974 es una exageración en la que mucho tuvo que ver la película Todos los hombres del presidente que interpretaron Robert Redford y Dustin Hoffman.

Esa versión del escándalo Watergate ha dominado durante mucho tiempo la comprensión popular del caso, que se desarrolló durante veintiséis meses a partir de junio de 1972. Se trata de un enfoque demasiado simplista que ni siquiera los directores del Post aceptaron.

Por ejemplo, la editora del periódico durante Watergate, Katharine Graham, rechazó deliberadamente esa interpretación durante un programa hace veinticinco años en el ahora desaparecido Newseum en los suburbios de Virginia.

«A veces, la gente nos acusa de «derribar a un presidente», lo cual, por supuesto, no hicimos y no deberíamos haber hecho», dijo Graham. «Los procesos que causaron la renuncia [de Nixon] fueron constitucionales».

Las palabras de Graham, aunque precisas e incisivas, apenas alteraron la interpretación popular dominante de Watergate. En todo caso, los veinticinco años intermedios han solidificado el mito del «periodista heroico» de Watergate, que abordo y desmantelo en mi libro Getting It Wrong: Debunking the Greatest Myths in American Journalism.[1]Hacerlo mal: desacreditar los mayores mitos del periodismo estadounidense

Los reporteros del Washington Post Bob Woodward, a la izquierda, y Carl Bernstein .C.
Impacto exagerado

Por muy popular que sea, el mito del periodista heroico es una gran exageración del efecto de su trabajo. Woodward y Bernstein sí revelaron vínculos financieros entre la campaña de reelección de Nixon y los ladrones arrestados el 17 de junio de 1972 en la sede del Comité Nacional Demócrata, en lo que fue el crimen señalado de Watergate.

Vincularon públicamente al escándalo a figuras prominentes de Washington, como el exfiscal general de Nixon, John Mitchell. Ganaron un premio Pulitzer por el Post. Pero pasaron por alto elementos decisivos de Watergate, en particular el pago de dinero por el silencio a los ladrones y la existencia de las cintas de la Casa Blanca de Nixon.

No obstante, el mito del periodista heroico se afianzó tanto que pudo resistir los descargos de responsabilidad de los directores de la era Watergate en el Post, como Graham. Incluso Woodward ha rechazado la interpretación heroica. Una vez le dijo a un entrevistador que «la mitificación» de nuestro papel en Watergate ha llegado al punto del absurdo, donde los periodistas escriben… que yo, sin ayuda de nadie, derribé a Richard Nixon.

Entonces, ¿por qué no tomar la palabra de Woodward? ¿Por qué ha persistido la interpretación periodística heroica de Watergate durante los cicuenta años desde que los ladrones vinculados a la campaña de Nixon fueron arrestados en el complejo Watergate en Washington?

Pasa por alto las complejidades

Como la mayoría de los mitos de los medios, la interpretación heroica del periodismo de Watergate descansa sobre una base de simplicidad. Pasa por alto las complejidades del escándalo y descarta el trabajo de investigación mucho más crucial de los fiscales especiales, los jueces federales, el FBI, los paneles de ambas cámaras del Congreso y la Corte Suprema.

Después de todo, fue el fallo unánime de la corte en julio de 1974, ordenando a Nixon que entregara las cintas citadas por el fiscal especial de Watergate, lo que selló el destino del presidente. Las grabaciones de Nixon, realizadas seis días después del robo, corroboran que éste acepta un plan para disuadir al FBI de continuar con su investigación de Watergate.

Las cintas fueron cruciales para determinar que Nixon había obstruido la justicia. Sin éstas, probablemente habría cumplido su mandato presidencial. Esa, al menos, fue la interpretación del difunto Stanley Kutler, uno de los principales historiadores de Watergate, quien señaló: «Tenías que tener ese tipo de evidencia corroborativa para atrapar al presidente de los Estados Unidos».

El mito del periodista heroico, que comenzó a afianzarse incluso antes de la renuncia de Nixon, ha sido sostenido por tres influencias relacionadas.

Uno fue el libro Todos los hombres del presidente de Woodward y Bernstein, las memorias sobre sus informes. Todos los hombres del presidente se publicó en junio de 1974 y rápidamente alcanzó la cima de la lista de libros más vendidos de The New York Times, permaneciendo allí quice semanas, hasta la renuncia de Nixon y más allá. El libro inevitablemente promovió la impresión de que Woodward y Bernstein eran vitales para el resultado de Watergate.

Sin embargo, más que el libro, la adaptación cinematográfica de Todos los hombres del presidente fue la que colocó a Woodward y Bernstein en el centro decisivo del desmoronamiento del caso Watergate. La película, que se estrenó en abril de 1976 y fue protagonizada por Robert Redford y Dustin Hoffman, se centró implacablemente en los medios, ignorando el trabajo de los fiscales y el FBI.

El libro y la película presentaron la fuente súpersecreta de Woodward, «Garganta profunda». Durante 31 años después de la renuncia de Nixon, en Washington se participa de manera periódica en juegos de adivinanzas sobre la identidad de la fuente. Tal especulación a veces apuntaba a W. Mark Felt, un exalto funcionario del FBI.

Felt negó descaradamente haber sido la fuente de Woodward. Si hubiera sido «Garganta profunda», le dijo una vez a un periódico de Connecticut, «lo habría hecho mejor. Hubiera sido más efectivo».

La conjetura de quién fue «Garganta Profunda» mantuvo a Woodward, Bernstein y el mito del periodista heroico en el centro de las conversaciones de Watergate. Felt tenía 91 años cuando, en 2005, reconoció por medio del abogado de su familia que, después de todo, él había sido la fuente de Woodward.

No es de extrañar que el mito del periodista heroico aún defina la comprensión popular de Watergate. Aparte de Woodward y Bernstein, ninguna personalidad destacada en Watergate fue objeto de un libro de memorias que alcanzó superventas, la inspiración para una película repleta de estrellas y los protectores de una fuente mítica que eludió una identificación concluyente durante décadas.

Traducción: Héctor Díaz

Notas
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1 Hacerlo mal: desacreditar los mayores mitos del periodismo estadounidense

W. Joseph Campbell

Profesor de Estudios de Comunicación, American University School of Communication. Nota publicada en The Conversation (https://theconversation.com).

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