¿El ocaso de las redes sociales?

Twitter y Facebook están en crisis, mientras hábitos como el cuidado de la intimidad muestran señales de recuperación. ¿Un cambio de época?

En los últimos años, sobre todo luego de la pandemia, algunas redes sociales comenzaron a dar señales de agotamiento. Facebook está sumida en una profunda crisis económica, ya no conquista nuevos usuarios e Instagram no le alcanza para salir del pozo. Elon Musk está haciendo implosionar Twitter, una red que ya tenía dificultades para generar ganancias. TikTok todavía crece, pero con un modelo ligeramente distinto. La tecnología y ciertos hábitos sociales se entretejen sin que quede claro dónde termina uno y comienza el otro.

¿Señales de cambio de época? Los números que manejan las grandes redes son demasiado portentosos como para hablar de un final. Sin embargo, en algunos indicios, por momentos contradictorios, se puede visualizar un cambio más profundo.

Exposición

A principios del siglo XXI se habló con insistencia de la Web 2.0 para describir un giro hacia una red más desconcentrada y capaz de favorecer un diálogo global sin intermediarios, opuesto al «broadcasting» de los medios tradicionales en el que un emisor llega a muchos receptores. En ese nuevo modelo, las redes sociales tendrían un rol fundamental al permitir un diálogo de todos con todos: la palabra de moda en ese entonces era «prosumidor», una mezcla de productor y consumidor que, se creía, nos describiría a todos y todas.

En 2004 Facebook se montó sobre este nuevo fenómeno con fuerza para transformarse en la primera gran red social. Para sorpresa de su creador, Mark Zuckerberg, los usuarios amaban la posibilidad de exponerse frente a los demás. La antropóloga Paula Sibilia publicaba ya en 2008 su libro La intimidad como espectáculo, en el que desarrollaba el concepto de «extimidad» para explicar una nueva intimidad que se exponía para ser también su contrario. Lo que antes se le habría contado a un amigo, al médico o a la pareja, aparecía en el muro virtual de Facebook a la vista de todos generando un morbo casi incontenible que explica en buena medida la velocidad con que creció la red.

Pronto surgieron otras plataformas que se alimentaron del mismo interés y Facebook sufrió un cambio demográfico: hace años que los más jóvenes no eligen las redes sociales en las que están sus padres o, ni siquiera, sus hermanos mayores. La empresa lo comprendió de manera temprana y ya en 2012 compró Instagram por mil millones de dólares para ofrecer una alternativa y recuperar el interés juvenil. Aun así Facebook siguió creciendo un tiempo más gracias a su expansión global mientras crecía el desinterés en los países que primero la habían adoptado.

Pero como incluso el planeta tiene un límite, hace un año aproximadamente Facebook se estancó apenas por debajo de los 3.000 millones de usuarios mensuales, un 37 % de la población planetaria. Por eso no sería justo hablar de una crisis total aunque es una de las causas en la caída de casi el 70 % del valor de las acciones de Meta, dueña de Facebook e Instagram. Esta última, con cerca de dos mil millones de usuarios mensuales no logra, sin embargo, generar las ganancias de su antecesora.

Esteban Magnani

Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA). Escritor, docente y periodista. Colabora habitualmente en el diario Página/12, Anfibia y en la revista Acción del Banco Credicoop. Autor de una decena de libros, su última publicación es La Jaula del confort. Big data, negocios y neurociencia. ¿Quién toma tus decisiones?

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