Inteligencia artificial: de herramienta a infraestructura de la información

El Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, de la Universidad de Oxford, publicó su informe Generative AI and News Report 2026: From standalone tools to information infrastructure (Informe sobre IA generativo e información 2026: de herramientas independientes a infraestructura de la información). Con datos de nueve países, entre ellos la Argentina, el trabajo documenta que, por primera vez, la mitad de los encuestados usa sistemas de IA generativa al menos una vez por semana, que cada vez más personas los emplean para informarse y que, aun así, la incomodidad del público frente a las noticias hechas por máquinas casi no se ha modificado en tres años

Foto: Pexels
IDEAS CLAVE

La mitad de los encuestados en nueve países, entre ellos la Argentina, ya usa IA generativa al menos una vez por semana. Buscar información es hoy su principal uso. Pero el nuevo informe del Instituto Reuters muestra que esa expansión no cambió la desconfianza del público hacia las noticias hechas con IA: la brecha de comodidad con el periodismo humano sigue casi intacta desde 2024.

La encuesta, realizada por YouGov entre el 14 de agosto y el 28 de septiembre con unas dos mil personas por país, abarcó Argentina, Australia, Dinamarca, Finlandia, Francia, Japón, Noruega, el Reino Unido y Estados Unidos. En los seis países, desde 2024, el uso semanal de chatbots y sistemas independientes pasó de un tercio (34 %) a la mitad (51 %) en un año, y el uso diario casi se duplicó: siete por ciento en 2024, 16 % en 2025 y 28 % en 2026. A los teléfonos inteligentes les llevó unos cinco años alcanzar el 50 % en Estados Unidos, según el informe.

ChatGPT sigue liderando (de 22 % a 34 % de uso semanal), pero crecen sus competidores: Gemini pasó de 11 % a 24 %, Copilot de seis por ciento a 11 % y Claude de uno por ciento a siete por ciento. La confianza acompaña el uso: los cuatro tienen más personas que confían que personas que desconfían, aunque muchos aún no los conocen.

La adopción, sin embargo, no es pareja. Es mayor entre los jóvenes, los de mayores ingresos y educación, y quienes tienen ocupaciones más calificadas: el 64 % de los profesionales la usa cada semana, frente al 45 % de quienes ocupan puestos elementales. En ciertos trabajos usar IA puede ser casi obligatorio. Solo el 18 % accede a versiones pagas (10 % de su bolsillo, nueve por ciento vía trabajo o escuela): la mayoría usa versiones gratuitas y menos capaces. Argentina encabeza el uso semanal, con Noruega (57 %) en segundo lugar, mientras que el Reino Unido (42 %) está en el extremo opuesto.

A esto se suma la exposición incidental, la que no depende de elegir una herramienta: el 57 % vio en la última semana resúmenes o respuestas de IA en buscadores, el 25 % en sus dispositivos y el 21 % en redes o mensajería. Solo el 20 % dice no haberla visto en ningún lado. Los medios también aportan: el 49 % halló alguna función de IA en un sitio o app de noticias (etiquetas, 24 %; resúmenes en viñetas, 20 %), y Argentina lidera ese registro con 67 %.

Los agentes de IA, capaces de ejecutar tareas de varios pasos, son aún cosa de minorías: el 67 % no usó ninguno en la última semana, el 14 % los usó para una tarea real y el 13 % solo experimentó. Argentina vuelve a destacarse (23 % y 20 %), un dato que los autores vinculan, con cautela, con el entusiasmo por experimentar y con presiones económicas que empujan a buscar productividad.

El estudio midió por primera vez la alfabetización en IA (escala SAIL4ALL): el acierto promedio fue 74 % (el azar da 50 %), con Finlandia al frente (79 %) y Francia y Argentina al final (69 %). Saber más no implica usar o confiar más: quienes conocen mejor las limitaciones de la IA la usan y confían en ella algo menos.

El hallazgo central del informe es que buscar información se consolidó como el principal uso de la IA generativa: el 38 % la usó con ese fin en la última semana, contra 24 % en 2025 y 11 % en 2024. Ya no se trata solo de investigar un tema (24 %) o responder datos puntuales (18 %): crecen la búsqueda de consejo (20 %), las recomendaciones (15 %), la generación de ideas (14 %), los resúmenes (13 %) y la búsqueda de apoyo (13 %). Para los autores, la gente se apoya en estos sistemas no solo para recuperar información sino para decidir. En Argentina, de hecho, crear contenido es casi tan frecuente como informarse.

Entre quienes usan IA para estos fines, la confianza es alta: 75 % confía en las respuestas a preguntas fácticas, 76 % en los consejos y 72 % en lo relativo a noticias. Pero el motivo del uso no es la fiabilidad. El 64 % elige estos sistemas por la comodidad de obtener una respuesta más rápida y fácil, el 56 % por la interactividad del lenguaje natural y el 54 % por la cantidad de información que reúnen; solo el 21 % dice que obtiene datos más confiables que en otras fuentes.

El uso de IA para noticias sigue siendo de nicho, pero crece: de tres por ciento en 2024 a seis por ciento en 2025 y nueve por ciento en 2026 en los seis países de referencia (ocho por ciento en los nueve). Aun así, en Estados Unidos el 12 % que la usó para noticias en la última semana equivale al alcance online de CNN o del New York Times y solo queda por detrás de Yahoo! y Fox News entre las marcas medidas. Lo más frecuente es hacer preguntas de seguimiento sobre una nota (49 %), por encima de pedir las últimas noticias (46 %, ocho puntos menos que en 2025). Un 38% resume notas y 17 % la usó para sortear muros de pago, aunque los datos no dicen si lo logró.

El desplazamiento tiene un correlato para los medios. Quienes usan IA para informarse dicen usar menos los buscadores (trece puntos netos menos) y, levemente, los sitios de noticias (tres puntos menos). Los autores lo vinculan con datos de Chartbeat: las derivaciones de Google a más de 2500 sitios de noticias cayeron un tercio entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025, sin que eso pruebe causalidad.

Tampoco se percibe a los chatbots como cámaras de eco: el 37 % de los usuarios dice que sus respuestas ni coinciden ni se oponen a sus ideas, el 32 % que coinciden y el 13 % que se oponen, sin brecha partidaria. El informe advierte que esa sensación puede deberse a la tendencia de los modelos a darle la razón al usuario, la llamada sicofancia.

Las expectativas sobre el impacto de la IA dependen mucho del sector que la use. El público es optimista respecto de científicos, profesionales de la salud y las propias empresas de IA, y pesimista respecto de gobiernos, redes sociales, medios y, sobre todo, políticos y partidos. La mayor brecha, sin embargo, no es generacional ni ideológica sino de experiencia: los usuarios intensivos (26 %, quienes usan IA a diario) son 49 puntos más optimistas que quienes nunca la usaron (22 %). Los autores no buscan decidir quién tiene razón, sino señalar que un cuarto de la población juzga desde la experiencia y otro cuarto depende de señales de las élites y su entorno, algo relevante cuando la IA se adopta por decisiones colectivas en educación, salud o servicios sociales.

Midiendo habilidad, benevolencia e integridad, el informe detecta un «problema de honestidad»: para los diez actores consultados, menos gente espera que sean honestos en su uso de IA que bien intencionados. Las empresas de IA gozan de confianza en su competencia, pero mucho menos en sus intenciones y honestidad, brecha que los autores vinculan con la «crisis de confianza» que reconoce Dario Amodei. Argentina y Japón son los países más positivos en casi todas las mediciones; el Reino Unido y Australia, los más negativos.

En materia de noticias, el panorama prácticamente no cambió desde 2024. Solo el 12 % se siente cómodo con noticias hechas íntegramente por IA (19 % si hay supervisión humana), el 45 % con noticias hechas sobre todo por una persona con ayuda de IA y el 67 % con noticias hechas solo por periodistas. En los seis países de referencia, la comodidad con lo producido por humanos subió de 58 % a 64 %, mientras que la correspondiente a lo producido por IA se mantiene entre 12 % y 14 %. La brecha es mayor en Finlandia (72 puntos) y el Reino Unido (70) y menor en Japón (34) y Argentina (40). Los jóvenes aceptan más la IA (22 % de los de dieciocho a veinticuatro años, frente al siete por ciento de los mayores de 55), sin querer menos el periodismo humano.

La comodidad con noticias de última hora (27 %), reportajes (26 %) o sátira (26 %) hechas mayormente por IA con supervisión es similar, y cae a 22 % en opinión y comentario; el público acepta mejor la IA en tareas de fondo como traducción o corrección. Además, cree que la IA volverá las noticias más baratas de producir (53 % contra 14 %) y más fáciles de entender, pero menos transparentes y confiables. Quienes confían en las noticias son dieciocho a veintisiete puntos más positivos en todas las cualidades, salvo en confiabilidad, donde ambos grupos son negativos: lo que se espera de la IA en el periodismo no se separa de lo que se piensa del periodismo.

Los autores plantean tres desafíos. Primero, aunque las noticias no sean aún un uso masivo, el impacto es real: menos derivaciones desde buscadores y más gente conforme con un resultado «suficientemente bueno» sin pasar por los medios complican el descubrimiento, la atribución de marca, la captura de datos y la monetización. Segundo, el escepticismo persistente puede llevar a algunos editores a destacar su apuesta por el periodismo humano, y a otros a explicar qué beneficio obtiene la audiencia más allá del ahorro de costos. Tercero, los medios son percibidos casi como las redes en benevolencia e integridad y muy por debajo en capacidad, de modo que construir credenciales en alguna de esas dimensiones es una vía para obtener aceptación. El informe cierra con una advertencia: la distancia entre quienes usan IA a diario y quienes no la usan puede volverse una nueva línea divisoria, y las actitudes, incluso las optimistas, lucen frágiles. No hablan de una crisis generalizada, pero sí de una brecha de honestidad sobre por qué cada sector despliega estas tecnologías: si solo para ahorrar o ganar dinero, o también para beneficiar al público. Los autores recuerdan que son muestras en línea no probabilísticas, basadas en la percepción de los encuestado.

Ideas sin sello: una Argentina que ya no se deja ordenar por los partidos

Diecisiete postulados para pensar la excelencia periodística en las Américas

Inteligencia artificial y gestión electoral: un mapa en construcción en América Latina y el Caribe

El ascenso del ningunismo: una sociedad con pocas pertenencias

El periodismo dejó de ser un oficio individual

También te podría gustar...

Deja un comentario