El periodismo dejó de ser un oficio individual
La innovación en los medios dejó de depender únicamente de las buenas historias. Hoy intervienen desarrolladores, diseñadores, especialistas en producto, datos, audiencias y marketing. Coordinar ese universo se convirtió en una tarea tan estratégica como editar una investigación. Esa es la tesis que desarrolla Robin Kwong en una guía publicada por la Association for Project Management.
Durante la pandemia, The Wall Street Journal decidió lanzar un curso por correo electrónico para ayudar a sus lectores a mejorar las finanzas personales. El desafío parecía estrictamente periodístico. Había periodistas especializados, una idea clara y un público dispuesto a escuchar. Muy pronto quedó claro que eso no alcanzaba.
El proyecto necesitó desarrolladores para automatizar el envío de los correos, diseñadores para construir una experiencia visual atractiva, especialistas en newsletters, equipos de producto, marketing, tecnología y áreas comerciales. Cada grupo tenía conocimientos específicos, prioridades distintas e incluso formas diferentes de entender qué significaba que el proyecto fuera exitoso.
El curso terminó convirtiéndose en un éxito. Pero la principal enseñanza no tuvo que ver con las finanzas personales. Tuvo que ver con el funcionamiento de las redacciones.
Robin Kwong,[1]Kwong cuenta con dos décadas de experiencia periodística, habiendo desempeñado diversos cargos en redacciones de Asia, Europa y Estados Unidos. Ha sido reportero, editor de proyectos especiales y … Continue reading que participó en aquella experiencia, parte de ese caso para desarrollar Project management in newsrooms, una guía publicada por la Association for Project Management que propone mirar la innovación desde un lugar poco habitual: los grandes proyectos periodísticos rara vez fracasan porque falten ideas. Lo hacen, mucho más frecuentemente, porque las organizaciones no consiguen coordinar el talento que ya poseen.
Ese cambio de perspectiva atraviesa todo el texto.
Durante décadas, el periodismo organizó su trabajo alrededor de periodistas y editores. La revolución digital no eliminó esas funciones, pero les agregó muchas otras. Hoy conviven en una misma redacción perfiles que hace apenas quince años ni siquiera existían. El resultado es una enorme capacidad para innovar, pero también una complejidad organizativa desconocida.
La innovación empieza mucho antes de la tecnología
En tiempos donde casi toda conversación sobre innovación termina hablando de inteligencia artificial, plataformas o algoritmos, Kwong propone detenerse en una pregunta mucho más elemental: ¿Qué problema intenta resolver este proyecto?
Para el autor, toda iniciativa necesita una idea central capaz de sobrevivir a las discusiones, los cambios de contexto y las inevitables tensiones entre las distintas áreas. Esa definición no es un ejercicio teórico: es el punto de referencia que permitirá decidir qué incorporar, qué descartar y cuándo un proyecto empieza a desviarse de su propósito.
Durante décadas, el periodismo creyó que los grandes proyectos dependían, sobre todo, del talento de sus periodistas. Hoy, las redacciones descubren que el talento ya no alcanza si no existe una forma eficaz de coordinar equipos cada vez más diversos.
A partir de allí aparecen las herramientas que recorren el manual: delimitar objetivos, establecer responsabilidades, construir consensos, anticipar riesgos, planificar etapas y acordar mecanismos de comunicación.
Sin embargo, el documento insiste una y otra vez en que esas herramientas no constituyen un fin en sí mismo.
Son apenas instrumentos para resolver un problema mucho más humano: lograr que personas con culturas profesionales diferentes trabajen en la misma dirección.
El verdadero trabajo consiste en evitar que el proyecto se desarme
Uno de los mayores méritos de la guía es desmontar la imagen tradicional del gestor de proyectos como un administrador de planillas y cronogramas. La tarea principal consiste, en realidad, en preservar la cohesión del equipo.
Eso implica conseguir adhesiones antes de empezar, detectar quién puede bloquear una decisión, organizar reuniones que alineen expectativas, mantener canales de comunicación abiertos y crear una documentación compartida para que nadie pierda de vista el estado del proyecto.
Kwong insiste en otro punto importante: planificar no significa burocratizar.
Una investigación que demandará varios meses requiere un nivel de organización distinto al de una cobertura urgente. En una noticia de último momento, sostiene, bastan quince minutos para responder unas pocas preguntas decisivas: qué queremos hacer, quiénes deben intervenir, cuál será el primer paso y qué obstáculos pueden impedir llegar a tiempo.
La planificación, entonces, deja de ser un ritual administrativo para convertirse en una herramienta que reduce la incertidumbre sin inmovilizar al equipo.
La gestión también forma parte del oficio
Aunque el texto adopta la forma de un manual, su principal aporte trasciende las técnicas de gestión.
Lo que describe es una mutación del propio periodismo.
En las redacciones contemporáneas ya no alcanza con encontrar una buena historia, editarla con rigor y publicarla. Los proyectos editoriales son el resultado de una conversación permanente entre disciplinas que antes trabajaban casi por separado. Eso modifica también el perfil de quienes conducen esos procesos.
La capacidad para coordinar personas, administrar conflictos, sostener una visión compartida y construir acuerdos deja de ser una habilidad administrativa para transformarse en una competencia editorial.
En el fondo, el trabajo de Robin Kwong habla de organización, pero también de cultura profesional.
Su tesis podría resumirse en una frase sencilla: el periodismo seguirá necesitando grandes periodistas. Lo que cambió es que esos periodistas ya no trabajan solos.
Marcelo Valente
Editor de Esfera Comunicacional
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Notas
| ↑1 | Kwong cuenta con dos décadas de experiencia periodística, habiendo desempeñado diversos cargos en redacciones de Asia, Europa y Estados Unidos. Ha sido reportero, editor de proyectos especiales y directivo en las redacciones del Financial Times y The Wall Street Journal. |
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