Ideas sin sello: una Argentina que ya no se deja ordenar por los partidos

Un nuevo informe de Pulsar UBA muestra que, aun con las identidades partidarias en retirada, los argentinos conservan creencias firmes sobre el Estado, el mercado y los derechos. Lo que cambió es quién las organiza

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Qué queda de las convicciones cuando se aflojan las pertenencias? La pregunta flota sobre la política argentina desde hace tiempo, y el informe «Creencias sin partidos: Estado, mercado y derechos en la sociedad argentina», de Pulsar UBA intenta responderla con datos. Según el estudio, que integra la serie «Creencias Sociales 2026», queda bastante más de lo que se suponía.

Es el segundo informe del año. El primero había registrado más desinterés, más «ningunismo» y partidos con menos capacidad de ordenar preferencias. Esta vez el análisis cambia el punto de observación: en lugar de preguntar con quién se simpatiza, indaga cómo piensa la gente dos asuntos, el papel del Estado y el mercado en la economía, y los derechos y libertades individuales. Para eso distingue entre identificación partidaria (peronismo, La Libertad Avanza, Juntos por el Cambio o ninguno) y autoubicación ideológica, en una escala de uno (izquierda) a diez (derecha). Del cruce de ambos ejes surgen cuatro perfiles.

El Estado vuelve al centro

De acuerdo con los datos publicados, el 57 % prefiere un país donde el Estado tenga un rol activo para reducir las diferencias económicas; el 41 % elige uno donde cada cual dependa de su esfuerzo. Las pertenencias todavía pesan: entre peronistas, el 67 % opta por el Estado activo, mientras que entre quienes se identifican con La Libertad Avanza la relación se invierte (41 % contra 58 %). Pero el dato más llamativo es otro: el 60 % de los ningunistas también se inclina por esa opción. Para una política que suele leer a los desencantados como una masa neutral, es una advertencia: alejarse de los partidos no equivale a abandonar las ideas ni a abrazar el mercado.

El estudio ubica ese número dentro de un corrimiento más amplio. En 2023, el 60 % creía que el empleo debía generarlo el sector privado y el 33 % señalaba al Estado y las empresas públicas; hoy la relación es de 50 % a 46 %. La brecha de veintisiete puntos quedó en cuatro. La confianza en las empresas privadas sobre las públicas también se acortó (50 % contra 45 %, frente a quince puntos de diferencia en 2023) y, por primera vez, ante empleos con igual paga y condiciones, el sector público (50 %) supera al privado (47 %). Resumido en un índice económico, el privatismo pasó de 59 % a 49 % y el estatismo de 37 % a 48 %: un empate.

El propio informe se pregunta si estamos ante una reversión de la tendencia que el programa venía observando desde 2024, con una inclinación sostenida hacia lo privado en empleo, confianza y preferencias laborales. Es una pregunta prudente, y conviene mantenerla abierta: un año no hace una tendencia, aunque el desplazamiento resulta especialmente marcado durante el último.

La economía ordena, los derechos desordenan

Medido por el saldo entre perfiles estatistas y privatistas, el peronismo se ubica en -16, La Libertad Avanza en +16 y Juntos por el Cambio en +39. Son 55 puntos entre el peronismo y JxC, y los ningunistas quedan exactamente en el cero. En la escala ideológica pasa algo parecido, pero solo en los extremos: la izquierda marca -14 y la derecha +23, mientras que centroizquierda, centro y centroderecha apenas se distinguen entre sí. La economía, entonces, ordena bien las identidades.

En derechos, el mapa se desarma. La eutanasia reúne 69 % de acuerdo, ocho puntos menos que en 2025, y la adopción homoparental se sostiene en 69 % tras haber partido de 59 % en 2023. La subrogación de vientres suma 59 % a favor y 38 % en contra. El aborto divide casi en partes iguales (47 % a favor, 50 % en contra), y la legalización de la marihuana y del trabajo sexual encuentran los rechazos más amplios, de 64 % y 62 %. En conjunto, los perfiles liberales suman 54 %, pero venían de 59 % en 2025.

Lo más interesante es cómo se reparten esas posturas. Según el estudio, peronismo (-22), La Libertad Avanza (-8) y ningunistas (-4) se inclinan hacia el lado liberal; solo Juntos por el Cambio (+15) tiene predominio tradicional. En el eje izquierda-derecha, la centroizquierda (-35) y la izquierda (-26) son las más liberales, pero también lo son la centroderecha (-10) y la derecha (-7), y el centro (+9) resulta el más tradicional. La distancia máxima entre partidos baja de 55 a 37 puntos. El liberalismo en derechos no es patrimonio de ningún polo. Para una política acostumbrada a trasladar la grieta a todos los temas, es una mala noticia: quien comparte la economía de un espacio no necesariamente comparte su agenda de derechos.

Cuatro Argentinas casi del mismo tamaño

Al combinar ambos ejes, el estudio dibuja cuatro perfiles: privatistas liberales (29 %), estatistas liberales (24 %), estatistas tradicionales (24 %) y privatistas tradicionales (20 %), con un tres por ciento sin definición. Hay estatistas liberales y tradicionales, y entre quienes prefieren el mercado conviven ambos perfiles. Ninguno llega a un tercio. El mayor movimiento del año ocurre dentro de los tradicionales: los estatistas crecen de 13 % a 24 % y los privatistas caen de 26 % a 20 %. El resultado es una sociedad repartida en cuatro cuadrantes relativamente equilibrados. Es lo que los autores describen como un desacople parcial entre identidades políticas y sistemas de creencias.

¿Quién habla por las cuatro?

Los resultados dejan una incomodidad útil para quienes hacen política y para quienes la cubrimos. Durante años leímos la sociedad en clave de dos campos; el informe sugiere que esa lectura ya no alcanza, porque las creencias persisten pero no encajan de manera lineal en las pertenencias políticas. Si el estatista puede ser liberal o tradicional, y el privatista también, ¿qué oferta política logra hablarles a todos esos cruces sin obligarlos a elegir un casillero? ¿Y qué pasa con la representación cuando las ideas siguen vivas pero ya no tienen dueño?

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