El ascenso del ningunismo: una sociedad con pocas pertenencias
El primer informe «Creencias Sociales 2026» de Pulsar.UBA, el observatorio de la Universidad de Buenos Aires especializado en opinión pública, revela una sociedad cada vez más distante de los partidos y de las organizaciones que tradicionalmente construían pertenencia. El 42 % no se identifica con ningún espacio político y el 63 % declara poco o ningún interés por la política. Sin embargo, esa distancia no supone ausencia de opiniones ni de criterios morales: las diferencias se toleran, mientras las conductas se juzgan con mayor severidad.
IDEAS CLAVE
El ningunismo político se consolida como un fenómeno político transversal El 42 % no se identifica con ningún partido o espacio, el valor más alto desde 2023. Esta postura atraviesa edades, géneros y niveles educativos diversos.
El desinterés por la política vuelve al centro de la escena En paralelo al aumento del ningunismo, el 63 % declara estar poco o nada interesado, dieciocho puntos más que en 2025. Más que apatía o ausencia de posiciones, emerge una creciente dificultad para encontrar espacios políticos de pertenencia.
El centro es un refugio antes que una postura política moderada En una escala de uno (izquierda) a 10 (derecha), la sociedad argentina se ubica en un promedio de 5,3. Los ningunistas lo hacen en 5,1. Esta posición aparece como un «no lugar» desde el cual tomar distancia de etiquetas y divisiones que generan cada vez menos identificación.
La política no se mete en los vínculos personales, pero tampoco ordena la vida comunitaria El 70 % podría estar en pareja con alguien que piensa políticamente distinto y ocho de cada 10 no están de acuerdo con juzgar al otro por sus ideas. Sin embargo, el 71 % indica que no se puede confiar en la mayoría de las personas y apenas uno de cada 10 argentinos participa activamente en organizaciones políticas, sociales y comunitarias.
Los argentinos conservan límites morales definidos, pero juzgan las transgresiones selectivamente Existe una mayor permisividad frente a prácticas vinculadas al consumo informal e ilegal mientras aumenta el rechazo cuando aparecen daños a terceros, corrupción, traición o vulneración de reglas cívicas. La diferencia se tolera; la conducta se juzga.
El primer informe de «Creencias Sociales 2026» analiza cómo los argentinos se relacionan actualmente con la política, las reglas de convivencia y los vínculos cotidianos. La investigación incorpora, junto con los indicadores habituales de interés político e identificación partidaria, una nueva serie de preguntas sobre tolerancia social, confianza, participación comunitaria y aceptación de distintas conductas.
El principal resultado es el crecimiento del llamado «ningunismo político»: el 42 % de las personas relevadas no se identifica con ningún partido o espacio, el valor más alto de la serie desde 2023. El fenómeno atraviesa edades, géneros y niveles educativos y se combina con otro dato significativo: el 63 % declara estar poco o nada interesado en la política, dieciocho puntos más que en 2025.
Los datos no describen, sin embargo, una sociedad sin posiciones. Por el contrario, persisten opiniones políticas, criterios normativos y fronteras de tolerancia. Lo que parece debilitarse es la capacidad de los partidos, las instituciones y las organizaciones sociales para ofrecer espacios de pertenencia capaces de reunir esas posiciones y convertirlas en experiencias colectivas. El estudio sintetiza esta situación con una idea central: más que una sociedad sin opiniones, los datos muestran una sociedad sin pertenencias políticas ni sociales.
El crecimiento del ningunismo político
El alejamiento de la política aparece con claridad en la evolución del interés ciudadano. En 2026, el 63 % declara estar poco o nada interesado, mientras que apenas el 37 % manifiesta mucho o bastante interés. El cambio es particularmente significativo porque el desinterés creció dieciocho puntos porcentuales respecto del año anterior y alcanzó el nivel más elevado de la serie iniciada en 2023.
El movimiento coincide con el debilitamiento de las identificaciones partidarias. El 42 % no simpatiza ni se siente identificado con ningún partido o espacio, frente al 37 % registrado en 2023, el 25 % de 2024 y el 35 % de 2025. El ningunismo dejó de ser una categoría residual integrada por indecisos o desencantados circunstanciales y se convirtió en el segmento más numeroso de la sociedad argentina.
El fenómeno tampoco parece circunscribirse a un sector determinado. Atraviesa a mujeres y varones, diferentes grupos etarios y niveles educativos. Lo que distingue a los ningunistas es su menor interés por la política y una ubicación ideológica menos polarizada. El informe advierte que esto no debe confundirse con apatía o ausencia de criterios: su rasgo distintivo es, más bien, la falta de un espacio partidario en el que reconocerse.
Los ningunistas y el «no lugar»
El alejamiento de los partidos convive con una sociedad que se ubica mayoritariamente cerca del centro del eje ideológico. En una escala de uno a diez, el promedio general es 5,3; mientras que entre quienes no se identifican con ningún espacio llega a 5,1. La mitad de los ningunistas elige directamente el punto medio de la escala. En contraste, el promedio es 3,8 entre quienes se identifican con el peronismo, 6,7 entre los simpatizantes de Juntos por el Cambio y 7,5 entre quienes apoyan a La Libertad Avanza.
El informe plantea que esta centralidad no necesariamente expresa moderación política ni una síntesis entre izquierda y derecha. Puede funcionar, más bien, como una zona de refugio frente a las divisiones que propone el sistema político. El centro aparece así como un «no lugar»: un espacio que se ocupa pero no se habita, por el que se circula pero al que no necesariamente se pertenece.
La hipótesis es que una parte creciente de la ciudadanía no rechaza necesariamente todos los asuntos públicos, sino las categorías y vehículos institucionales disponibles para representarlos. El crecimiento del ningunismo puede leerse, entonces, como una dificultad de los partidos para ofrecer identidades capaces de ordenar y articular las preferencias sociales.
Una política que no permea los vínculos sociales
La pérdida de centralidad de la política también se refleja en los vínculos cotidianos. El 71 % considera que, en general, no se puede confiar en la mayoría de las personas. Sin embargo, esa desconfianza generalizada no se transforma automáticamente en rechazo hacia quienes piensan diferente.
El 82 % está poco o nada de acuerdo con que pueda determinarse si una persona es buena o mala por sus opiniones políticas, una proporción que aumentó once puntos desde 2023. Al mismo tiempo, el 70 % afirma que podría estar en pareja con alguien que tuviera ideas políticas opuestas. La política, por lo tanto, no parece ordenar de manera determinante las parejas, amistades o relaciones de vecindad.
Esta situación admite una doble lectura. Por un lado, puede ser una señal positiva para la convivencia democrática: aceptar al otro pese a sus diferencias supone separar la competencia política de la valoración integral de las personas. Pero también puede expresar un debilitamiento de la política como elemento organizador de identidades, afinidades y antagonismos. La tolerancia puede convivir, en este sentido, con una cierta despolitización de los vínculos.
Las diferencias se toleran, la conducta se juzga
Las nuevas preguntas sobre tolerancia social muestran que las fronteras de la convivencia no se construyen principalmente alrededor de la identidad del otro. La mayoría acepta compartir el espacio cotidiano con personas de distintas identidades, religiones u opiniones políticas.
Solo el 16 % manifiesta que no le gustaría tener como vecinos a personas homosexuales y el mismo porcentaje rechaza la convivencia con inmigrantes. La proporción alcanza el 19 % respecto de personas de otra religión y el 26 % frente a simpatizantes de otro partido.
La reacción cambia cuando aparecen conductas o antecedentes considerados riesgosos o perjudiciales. El 43 % no quisiera tener como vecinos a personas que estuvieron en la cárcel y el 49 % expresa la misma posición respecto de personas que consumen drogas. La frontera de la tolerancia parece ubicarse, entonces, menos en quién es el otro que en aquello que se atribuye a su conducta. La diferencia se tolera; la conducta, en cambio, se evalúa y se juzga.
Una moralidad selectiva
El informe encuentra también una jerarquía moral definida. La sociedad argentina no juzga todas las transgresiones con la misma severidad y muestra mayores niveles de permisividad frente a determinadas prácticas vinculadas al consumo y al mercado informal.
El 56 % acepta, con diferentes intensidades, la compra de ropa o productos de marcas falsificadas y el 51 % adopta una posición similar frente al consumo de películas o series mediante plataformas piratas. Son las únicas dos conductas evaluadas en las que una mayoría se ubica fuera del rechazo absoluto. La permisividad baja al 30 % para las apuestas, al 28 % para copiarse en un examen y al 25 % para mirar pornografía.
En el extremo opuesto aparece el rechazo a conductas que comprometen vínculos, reglas cívicas o bienes colectivos. El 91 % considera inaceptable intercambiar el voto por dinero, mercadería o un favor; el 86 % rechaza la infidelidad; el 84 %, cruzar un semáforo en rojo; el 83 %, ofrecer dinero a un policía o empleado para evitar una multa o acelerar un trámite; y el 82 %, revisar el teléfono de la pareja sin permiso o consumir drogas.
El resultado no describe indiferencia ante las normas, sino una moralidad selectiva. Las transgresiones son más toleradas cuando se perciben como privadas, cotidianas o vinculadas al consumo y cuando no existe un damnificado claramente identificable. El rechazo aumenta cuando aparece el daño a terceros, la corrupción, la traición o la vulneración explícita de una regla cívica.
Tres perfiles de la moralidad argentina
A partir de las respuestas sobre las doce conductas evaluadas, el informe identifica tres perfiles. El grupo mayoritario, que representa el 54 %, está integrado por los «rigoristas», que rechazan de manera uniforme las transgresiones. Es un segmento algo más envejecido y con mayor presencia de ningunistas. Su rigor frente a las conductas cotidianas no implica necesariamente posiciones conservadoras en términos ideológicos o valóricos.
Los «permisivos de mercado» representan el 34 %. Su tolerancia se concentra especialmente en la piratería y la falsificación, aunque mantienen un elevado rechazo frente a las transgresiones cívicas y relacionales. Es un grupo relativamente más joven y con mayor presencia masculina.
El tercer grupo está formado por los «permisivos ampliados», que alcanzan el 12 % y muestran mayores niveles de aceptación frente a distintas clases de conductas. Es el segmento más progresista en términos ideológicos, con una presencia algo mayor de mujeres y una proporción relativamente elevada de simpatizantes de La Libertad Avanza.
Los tres perfiles muestran que las fronteras morales no coinciden automáticamente con las identidades partidarias ni con el eje izquierda-derecha. Las evaluaciones sobre la vida cotidiana responden a una lógica propia, atravesada por la edad, la percepción del daño y el tipo de vínculo comprometido.
Una vida colectiva con pocas organizaciones
El distanciamiento de la política forma parte de un fenómeno más amplio: la baja participación también alcanza a las organizaciones sociales, religiosas, deportivas y comunitarias. Ninguno de los espacios relevados supera el 16 % de participación.
Las organizaciones religiosas alcanzan ese máximo, seguidas por clubes y grupos deportivos, con el 15 %, y organizaciones de ayuda social, con el 14 %. Los grupos ambientalistas o vinculados con la protección animal llegan al nueve por ciento. En las organizaciones tradicionalmente asociadas con la representación de intereses colectivos, los niveles son todavía menores: apenas el cinco por ciento declara haber participado en agrupaciones políticas o de militancia barrial y el cuatro por ciento en sindicatos o gremios.
La baja participación comunitaria completa así el cuadro. La sociedad argentina conserva opiniones, valores y fronteras morales, pero se vincula poco con espacios capaces de convertir esas posiciones individuales en experiencias compartidas, identidades comunes y acciones colectivas. Las pertenencias se debilitan no solo en la política partidaria, sino también en buena parte de las organizaciones que históricamente ayudaron a construir comunidad.
En síntesis
El informe «Creencias Sociales 2026» describe una sociedad atravesada por una paradoja: disminuyen las pertenencias, pero no desaparecen las opiniones; se debilita la identificación política, pero persisten criterios morales definidos; aumenta la desconfianza, pero no necesariamente el rechazo hacia quienes piensan diferente.
El dato que articula el conjunto es el avance del ningunismo. Casi la mitad de los argentinos no encuentra un espacio político con el cual identificarse y casi dos tercios muestran poco o ningún interés por la política. El centro funciona cada vez más como refugio que como identidad, mientras las organizaciones tradicionales pierden capacidad para transformar preferencias individuales en experiencias colectivas.
El resultado no es una sociedad sin posiciones, sino una sociedad con pocas pertenencias capaces de organizarlas. Allí reside, probablemente, el principal desafío que dejan planteados los datos: cómo construir representación y comunidad en un escenario donde una parte creciente de la ciudadanía parece no reconocerse en los espacios que históricamente ofrecían ambas cosas.
Descargar el informe completo:
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