La maquinaria del odio: cómo opera la crueldad política en la Argentina contemporánea
En Anatomía de la crueldad, Sandra Chaher desnuda el sistema de ataques, desinformación y violencia simbólica que sostiene el ecosistema libertario desde la llegada de Javier Milei al poder. A partir del análisis de campañas coordinadas contra determinados temas o figuras —Davos, Periodismo y Mengolini— reconstruye un engranaje preciso de troles, funcionarios e influencers que apuntan a moldear sentidos comunes y disciplinar tanto al feminismo como al periodismo y a quienes se animan a cuestionar al Gobierno. La investigación revela el modo en que la crueldad se volvió método y las pequeñas resistencias que empiezan a marcar otro horizonte.
En Anatomía de la crueldad: Desinformación de género, discursos de odio y violencia política en la era Milei, Chaher propone una lectura política y comunicacional de la Argentina bajo el gobierno de La Libertad Avanza (LLA), en un contexto atravesado por la desinformación, la estigmatización y los discursos de odio como herramientas de disciplinamiento social. El trabajo se apoya en una metodología minuciosa de web scraping, análisis narrativo y reconstrucción cronológica para examinar tres campañas articuladas desde el oficialismo —Davos, Periodismo y Mengolini— y una narrativa transversal destinada a cuestionar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo bajo el argumento de la «crisis de natalidad».
El texto arranca en un país que, tras las elecciones de 2025, consolida a un gobierno que no inventó el odio al progresismo, pero sí lo convirtió en sistema. Caher describe un ecosistema digital y mediático donde medios y redes amplifican ataques, rumores y contenido diseñado para generar indignación o confusión. Este terreno es fértil para las estrategias que analiza: saturar el espacio público con agresiones, instalar sentidos comunes reaccionarios y correr la Ventana de Overton hacia posiciones extremas.
Davos: la fórmula del ataque global
El primer episodio se inicia con el discurso de Javier Milei en el Foro Económico Mundial. Allí, el presidente lanza una ofensiva discursiva contra el feminismo, las diversidades y la educación sexual integral, y enlaza esas agendas con ideas de perversión y decadencia moral. La intervención no queda encapsulada en Davos: habilita una cadena de repercusiones que involucra a LLA, a influencers identitarios y a figuras internacionales como Donald Trump, Elon Musk o Giorgia Meloni.
El caso de la boxeadora Imane Khelif es paradigmático. Se la difama como «hombre disfrazado», pese a que es mujer cis y su situación genética es una variación biológica individual. La desinformación viaja rápido y se convierte en una operación global de odio. Estas narrativas apuntan a construir un enemigo interno: feminismos y colectivos LGBTIQ+ como amenaza para la infancia, la familia o el orden social.
La «crisis de natalidad» como caballo de Troya
En el capítulo sobre natalidad, Chaher muestra cómo el Gobierno busca instalar la idea de que la caída en las tasas de nacimiento es responsabilidad del feminismo, de la educación sexual integral (ESI) o de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). El razonamiento es simplista pero efectivo: atribuye a las mujeres —y sólo a ellas— el rol reproductivo, y sugiere que el aborto legal y la autonomía corporal son causas del «colapso demográfico». Se omite deliberadamente la complejidad del fenómeno: precarización económica, desigualdades estructurales, políticas de cuidado inexistentes, acceso a vivienda, empleos de mala calidad.
En este marco también prosperan tergiversaciones internacionales. El informe detalla, por ejemplo, cómo el intendente Diego Valenzuela desinforma sobre una ley de California que protege la privacidad de estudiantes LGBTIQ+, presentándola falsamente como una medida que «impide avisar a las familias si un niño cambia de género».
Periodismo: estigmatización, amenazas y encuestas falsas
El tercer episodio aborda el ataque sistemático al periodismo. La secuencia arranca con la extensa entrevista de Milei en Neura[1]Plataforma de streaming, cuya principal figura es el periodista Alejandro Fantino y se expande hacia campañas de desprestigio, burlas, furia organizada y generación de encuestas falsas que «demostrarían» el supuesto descrédito de los medios. En este terreno aparece @DataManagem, una falsa consultora que fabrica gráficos y porcentajes para legitimar la narrativa del gobierno: periodistas ensobrados, medios mentirosos, crítica como delito.

El informe reconstruye un engranaje de roles: Milei como «trol supremo»; Santiago Caputo como «ingeniero del caos»; el Gordo Dan como trol especializado en ragebait; Laje como referente ideológico; Adorni como productor cotidiano de desinformación; funcionarios que amplifican ataques; canales como Carajo que operan como usinas de contenido violento; y medios tradicionales que, por necesidad de engagement o afinidad ideológica, terminan legitimando la operación.
Todo esto ocurre mientras se deterioran las condiciones del oficio: restricciones en la Casa Rosada, judicialización de periodistas, intimidaciones, amenazas y episodios de violencia directa contra trabajadores de prensa.
Mengolini: violencia personalizada y disciplinamiento social
El ataque contra Julia Mengolini expone la dimensión personal y de género que adquieren estas campañas. La operación se activa cuando una cuenta libertaria insinúa falsamente un vínculo incestuoso entre la periodista y su hermano. A partir de allí, se desencadena una serie de acciones: clips manipulados, acusaciones de perversión, desinformación sexualizada y estigmatización del feminismo en general y de Futurock en particular. Se suman inspecciones estatales, ataques callejeros, acoso digital y demandas judiciales.
La campaña se enmarca en una lógica más amplia: quebrar a referentes feministas, aislarlas, volverlas objeto de burla y temor, y al mismo tiempo fortalecer la narrativa de Davos que presenta al feminismo como enemigo moral.
Violencia política y clima de época
Chaher vincula estas campañas con un contexto más amplio de violencia política habilitada desde el Estado. La intimidación del reportero gráfico por Santiago Caputo, la falta de condena a agresiones sufridas por periodistas, los ataques a una pareja lesbiana, el golpe a Roberto Navarro o el acoso a Mengolini: todos son hechos que, lejos de ser repudiados, encuentran legitimación o silencio oficial.
El informe muestra cómo esta narrativa de odio desciende de la política institucional al llano, generando «justicia por mano propia» e instalando la idea de que ciertas identidades, ideas o voces son prescindibles. A la vez, describe cómo el ecosistema mediático y digital argentino —en crisis económica, con baja alfabetización informacional y limitado acceso a datos públicos— se vuelve aún más vulnerable a la manipulación.
Resistencias y horizontes
Aun así, el texto no es sólo diagnóstico. El informe recupera resistencias: periodistas que investigan pese a la hostilidad, colectivas feministas que responden con datos y marcos de derechos, instituciones que rechazan el discurso de odio, usuarios que desmienten información falsa, legisladores que frenan retrocesos y víctimas que deciden hacer públicas las agresiones para romper el aislamiento.
En las conclusiones, Chaher sostiene que la desinformación de género se volvió la punta de lanza de la batalla cultural libertaria, destinada a desmantelar la institucionalidad de género, atacar a los feminismos y legitimar cambios estructurales regresivos. Pero también plantea que comprender el sistema —sus tácticas, sus roles, sus engranajes— es clave para enfrentarlo y para reconstruir un debate público más saludable.
Anatomía de la crueldad es, en suma, una radiografía del uso político de la crueldad en la era Milei: cómo se fabrica, cómo circula, qué efectos produce y qué posibilidades abre la sociedad argentina para resistirla.
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Notas
| ↑1 | Plataforma de streaming, cuya principal figura es el periodista Alejandro Fantino |
|---|---|
| ↑2 | La Asociación es una organización sin fines de lucro cuyo objetivo es la promoción de la igualdad y diversidad de género en la comunicación. Sus áreas de trabajo son la capacitación, investigación, incidencia y asesoramiento, acciones que se realizan desde el paradigma de los derechos humanos. |


