Noticias con bozal

La pandemia, los conflictos bélicos y la censura amenazan la información independiente y de calidad.

En muchos países, los canillitas son una difusa estampa del pasado. En tanto el kiosko de venta de diarios y revistas desaparece poco a poco de las esquinas barriales y se mantiene apenas, con cuentagotas, en centros comerciales, estaciones de buses y de trenes.  

No son pocos los lugares donde solo las pequeñas casetas de los cotidianos gratuitos activan el recuerdo nostálgico de lo que hasta hace algunos años fue la era, casi exclusiva, de la información impresa, radial y televisiva.

En este particular paisaje, las ventas de diarios y revistas retroceden estrepitosamente mientras los medios de comunicación compiten por los “clics” que significan ganancias en concepto de publicidad comercial.

La comunicación digital genera a diario avalanchas de información que les permite a las grandes empresas montadas sobre el Internet convertirse en actores informativos preponderantes.

En los últimos cinco años, los usuarios de los medios sociales se duplicaron en el mundo: pasaron de 2.300.000.000 en 2016 a 4.200.00.000 en 2021, según un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Realidad que si bien facilita el mayor acceso a contenidos, fuentes y voces, no se corresponde, necesariamente, con un valor informativo de mejor calidad.

Fake news y monopolios

La información errónea y la desinformación se convierten cada día más en una amenaza a la información objetiva, coherente, profesional y de fuentes fidedignas. Las empresas de Internet actúan como vectores, multiplicadores y aceleradores de esta tendencia. Según un estudio del Instituto de Tecnología de Massachussets sobre Twitter, en dicha plataforma las falsedades “se difundían de manera considerablemente más extensa, más rápida, más profunda y más amplia que la verdad”. Por otra parte, en una encuesta realizada por Gallup en 2020 en 142 países, el 57% de los usuarios de Internet declaró que les preocupaba recibir información falsa”.

En este escenario, los ingresos publicitarios —esenciales para la supervivencia del sector— se han desplazado con gran velocidad de los medios de comunicación a las empresas de Internet.

Dos gigantes estadounidenses, Google y Facebook (transformado en “Meta” en octubre de 2021), concentran actualmente casi la mitad de todo el gasto global en publicidad digital. Meta cuenta con 3.000 millones de usuarios y 200 millones de empresas que utilizan sus aplicaciones y asegura la circulación de 100.000 millones de mensajes diarios. Por su parte Google, el sitio Web mundial más visitado, tiene la capacidad de procesar diariamente 1.000 millones de peticiones de búsqueda.

Según el informe Tendencias mundiales en libertad de expresión y desarrollo de los medios 2020-2021 de la Unesco , los ingresos publicitarios globales de los periódicos se han reducido a la mitad en los últimos cinco años. Si se analiza la última década, la pérdida es de dos tercios. Esta situación tiene profundas implicaciones para el público de todo el mundo. En particular, para identificar fuentes de noticias locales fidedignas. Y el organismo internacional subraya que “cuando las comunidades pierden sus fuentes de noticias locales, los niveles de participación cívica se resienten”.

La Unesco considera al periodismo como un bien común, concepto que valoriza el impacto de la información adecuada en la ciudadanía. Al igual que otros bienes comunes, el periodismo desempeña un papel crucial para promover un espacio cívico saludable, algo que logra cuando le proporciona a la comunidad información objetiva y basada en hechos verificables. Esto es esencial para que la ciudadanía pueda participar en una sociedad libre y abierta. No obstante, para que funcione como bien común, debe ejercerse en condiciones políticas y económicamente viables. De lo contrario, le resulta prácticamente imposible generar noticias y análisis de calidad, independientes y fiables. En síntesis, para poder informar, antes tiene que existir.

Censura y agresión a la prensa

La crisis financiera de la empresa periodística que en muchos países se expresa en el cierre acelerado de periódicos, revistas y otros medios, se ha visto agravada en el último decenio por la erosión de las libertades de prensa.

Según datos de la Unesco, en unos 160 países siguen vigentes leyes penales que tipifican la «difamación» como delito. Por otra parte, desde 2016 unos 44 países han aprobado o modificado legislación con fórmulas imprecisas o sanciones desproporcionadas con respecto a contenidos en el Internet. Con el agravante de casos crecientes de bloqueo del servicio de noticias en línea y pirateo de sitios Web de diversos medios, así como control-espionaje ilegal de periodistas.

Solo en 2019 se registraron, a nivel internacional, más de 200 cortes de Internet por parte de entes oficiales. Algunos Estados aumentan los recursos para filtrar o estrangular ese soporte, bloquear ciertos tipos de contenidos informativos o hacer más lento el acceso para complicar y desalentar a los usuarios que buscan informarse en línea.

En su Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de 2021, Reporteros sin Fronteras (https://rsf.org/es/clasificacion-mundial-de-la-libertad-de-prensa-2021-periodismo-una-vacuna-contra-la-desinformacion) identificó graves impedimentos para el ejercicio del periodismo en 73 países y obstáculos en otros 59 del total de 180 evaluados. Es decir, un 73%.

Realidades conflictivas como la actual de Rusia-Ucrania no favorecen la “normalidad” informativa. En Ucrania ya han perecido varios trabajadores de prensa. La Comisión Europea, por su parte, borró la presencia en la Unión Europea (UE) de las cadenas del Grupo Rusia Hoy (RT) y el acceso al sitio de información Sputnik, como parte de las sanciones contra la Federación de Rusia y sin ningún procedimiento jurídico mediante. Medida criticada por la Federación Internacional de Periodistas (FIP) para quien la UE “no tiene competencia para tomar ese tipo de medidas”.

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