La paradoja juvenil: desconfían de la política, apoyan la democracia y reclaman un Estado que funcione
Una nueva encuesta sobre juventudes revela que el 77 % de los jóvenes vive la política con sentimientos negativos, aunque mantiene alta adhesión a la democracia y al rol estatal. El voto joven sostiene a La Libertad Avanza, pero el desencanto crece, incluso entre sus propios votantes. La representación sigue en crisis y la generación de entre dieciséis y treinta años reclama algo distinto: ni menos Estado ni más política tradicional, sino instituciones que funcionen.
La nueva encuesta de juventudes realizada por el Instituto Académico Pedagógico de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Villa María, junto con Zuban Córdoba & Asociados, vuelve a poner en el centro un fenómeno que se consolida: el desencanto continúa siendo el núcleo duro de la subjetividad política juvenil. A casi dos años de la llegada de Javier Milei a la presidencia, lejos de disiparse, el malestar se profundiza entre quienes tienen entre dieciséis y treinta años.
La paradoja es clara: los jóvenes valoran la democracia como principio, pero desconfían de cómo funciona; defienden derechos básicos como la salud y la educación pública, pero al mismo tiempo avalan discursos de mano dura frente a la inseguridad; adhieren a la idea de un Estado fuerte y protector, aunque rechazan con dureza a las instituciones encargadas de sostenerlo. Este esquema convive con identidades políticas fluctuantes, ambivalentes y marcadas por un clima general de escepticismo.
Uno de los datos más contundentes es que el 77 % afirma que la política le genera sentimientos negativos, una cifra que escala entre quienes votaron a Milei en 2023: el 83 % desconfía de los partidos políticos, muy por encima del 63 % registrado entre votantes de Massa. La crítica no se limita a la política institucional. Entre los jóvenes libertarios, la desconfianza también alcanza a colectivos feministas, ambientalistas y LGBTIQ+, lo que revela una distancia creciente con las agendas progresistas.
Sin embargo, el informe muestra que este clima de rechazo no es homogéneo ni absoluto. Existen instituciones que conservan un nivel significativo de aceptación: las universidades públicas, por ejemplo, mantienen alta confianza entre la mayoría de los jóvenes, incluso entre votantes de Milei. Una pista de que la crisis política no es necesariamente una crisis del Estado, sino del modo en que sus instituciones operan y representan.
En esa línea, hay un acuerdo transversal respecto al papel estatal: los jóvenes esperan un Estado protector, con capacidad para intervenir en salud, educación, alquileres y transporte. La idea de «más o menos Estado» pierde sentido frente a otra preocupación más urgente: su eficacia. «El problema no es más Estado o menos Estado, sino un mejor Estado», sintetiza el informe. La demanda no es la retirada del Estado, sino la recuperación de su capacidad de respuesta.
El capítulo democrático refleja la misma tensión. El 68,8 % de los jóvenes prefiere la democracia sobre cualquier alternativa, un incremento respecto del relevamiento de 2023. Pero al evaluar su funcionamiento, el panorama se oscurece: más de la mitad sostiene que la democracia no logra distribuir equitativamente la riqueza, y apenas el 39 % cree que lo hace. La brecha entre el ideal y la práctica es la fisura que estructura la mirada juvenil.
La contradicción se profundiza incluso dentro de los electorados. Entre votantes de Milei, el 29 % considera que votar no cambia nada y el 37 % evalúa no ir a las urnas en octubre, en un anticipo de desafección electoral que contrasta con la centralidad que tuvo el voto joven en el triunfo libertario. El estudio es contundente: la figura presidencial no logró canalizar el desencanto juvenil hacia la política y su potencia transformadora.
Al mismo tiempo, las autodefiniciones ideológicas muestran un corrimiento hacia la derecha —42,5 % se ubica allí—, pero las mismas personas sostienen posiciones estatistas en áreas clave. Y aunque La Libertad Avanza concentra el 46 % del voto joven para las próximas legislativas, lo que predomina no es una identidad doctrinaria libertaria sino la combinación de bronca, descreimiento y búsqueda de algo nuevo.
La conclusión del informe es tan simple como desafiante: los jóvenes descreen de los canales tradicionales de representación, pero no reniegan del orden democrático ni del Estado. Exigen instituciones que funcionen, partidos que representen y políticas públicas que muestren resultados. Una generación que vive en la tensión entre la distancia con la política tradicional y la necesidad de un Estado presente, eficiente y capaz de responder a un país en crisis.
La encuesta revela que los jóvenes viven una paradoja profunda: apoyan la democracia y el rol del Estado, pero rechazan a la política tradicional y desconfían del Congreso, los partidos y buena parte de las organizaciones sociales. El voto juvenil se inclina hacia La Libertad Avanza, no por adhesión doctrinaria sino como canal del malestar. Aun así, no desean una retirada estatal sino su mejora, es decir, un Estado protector, eficiente y cercano. La crisis no es del ideal democrático, sino de su ejecución institucional.
Ficha técnica
- Población objeto de estudio: Población general entre dieciséis y treinta y años
- Ámbito: República Argentina
- Segmentos de ponderación: Género, edad y zona.
- Afijación: Proporcional.
- Instrumento de recolección de información: Cuestionario estructurado.
- Técnica de recolección de información: Mixto: 30 % mailing y 70 % CAWIMixto.
- Trabajo de campo: del 29 de agosto al 5 de septiembre de 2025.
- Tamaño de la muestra: Quinientos casos.
- Error de muestreo: +/- 4.38%+/- 4.38%
- Nivel de confianza: 95 %
- Director: Mgtr. Gustavo Córdoba
- Directora de investigación: Mgtr. Ana Paola Zuban

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