Los medios y el fallo de la justicia de EE. UU. a favor de YPF
El 27 de marzo, la Cámara de Apelaciones de Nueva York revocó la condena de más de dieciséis mil millones de dólares contra Argentina por la estatización de YPF. El hecho jurídico fue uno solo, pero los grandes medios (Clarín, La Nación e Infobae) construyeron relatos forzando los hechos a favor del Gobierno.
Cuando la Cámara de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York revocó la condena de más de dieciséis mil millones de dólares contra Argentina por la estatización de YPF, el hecho jurídico duró pocas horas como noticia neutral. Lo que siguió fue la típica pulseada de relatos en la que cada uno de los grandes medios eligió su propio vencedor, su propio derrotado y, sobre todo, su propia versión de qué significaba realmente lo que acababa de ocurrir.
El evento y su doble naturaleza
El tribunal neoyorquino determinó que la instancia inferior había interpretado erróneamente la legislación argentina en materia de expropiaciones y revocó la sentencia que obligaba al Estado argentino a indemnizar al fondo de inversión Burford Capital. La decisión no cerró el caso —lo devolvió a instancias inferiores con nuevos criterios— pero eliminó la amenaza inmediata de una deuda similar, según el propio Milei en cadena nacional, a «setenta millones de jubilaciones mínimas».
La complejidad política del evento era inherente: la estatización de YPF había sido ejecutada en 2012 bajo el gobierno de Cristina Kirchner, impulsada por el entonces viceministro de Economía Axel Kicillof. La defensa jurídica que culminó en este fallo favorable fue conducida, en su tramo final, por el gobierno de Javier Milei, quien no solo es ideológicamente opuesto a la medida original, sino que la había calificado repetidamente como un «robo». «Expropiar está mal porque robar está mal», había dicho. Esa tensión —defender en los tribunales lo que se repudia en el discurso— fue el nudo que cada medio eligió desatar a su manera.
Milei y las narrativas
El presidente habló dos veces el 27 de marzo, y los dos registros fueron tratados de manera radicalmente distinta según el medio.
En un acto matutino, antes de la cadena nacional, Milei dijo: «Tuvimos que venir a arreglar las cagadas que hizo el inútil, imbécil, incompetente de Kicillof durante el segundo gobierno de la corrupta y presidiaria Cristina Fernández de Kirchner». Por la tarde, en el Salón Blanco, con tono sosegado y rodeado de funcionarios, expresó una «inigualable alegría» y sostuvo que «lo que parecía imposible lo hicimos posible».
Infobae y La Nación priorizaron la cadena nacional y sus argumentos jurídico-políticos, relegando los insultos a menciones secundarias. Página 12, en cambio, los incorporó desde la bajada de su nota principal: «Milei festejó e insultó», una síntesis de dos palabras que encuadra toda la cobertura posterior. Clarín, en su crónica, reprodujo ambos registros sin jerarquizar, pero en su nota de análisis fue más lejos: la cadena nacional fue interpretada no como un mensaje al país sino como una operación de rescate para el jefe de Gabinete Manuel Adorni, envuelto en un escándalo por un viaje privado y patrimonio sin declarar públicamente que no puede explicar.
Kicillof: el otro protagonista
El gobernador bonaerense tuvo, en este episodio, la posición más paradójica: su decisión de 2012 había sido validada por un tribunal extranjero, pero el gobierno que recogía los frutos era su principal adversario político. Su declaración pública fue una réplica directa a Milei: «Tiene que pedir perdón por haber apoyado a los fondos buitre, por haber utilizado esto electoralmente aún con recomendaciones de muchos abogados de que su posición —que siempre fue dar apoyo a los fondos— dañaba a la defensa argentina».
También declaró que «la decisión de la justicia deja en evidencia años de mentiras. Al final, era un relato impulsado por los buitres para cuestionar una decisión soberana y hacerse (más) ricos. Mientras el presidente Javier Milei hablaba del “impuesto Kicillof”, los propios abogados del Estado argentino, desde que se inició el juicio, defendían en la Justicia los mismos argumentos que sostuvimos siempre».
Cristina Fernández de Kirchner, por su parte, remarcó que «queda más que claro que la expropiación con fines de utilidad pública de YPF se hizo conforme a derecho».
La Política Online fue el medio que mejor capturó la ironía estructural de la situación: tanto Cristina como Kicillof le recordaron a Milei que «gracias a la nacionalización de YPF tiene los dólares para aguantar». Página 12 usó esa voz para construir una narrativa de reivindicación histórica. Infobae, en cambio, citó a Kicillof en una nota separada de contexto histórico, donde su figura aparecía más como responsable del problema original que como protagonista de la solución.
Los ausentes: los abogados y el fallo mismo
Un dato significativo del análisis es que ninguno de los medios relevados —con la parcial excepción de Infobae— dedicó espacio sustantivo a los argumentos jurídicos del tribunal. El voto mayoritario sostuvo que las demandas de Burford «no son reconocibles bajo los códigos civiles de Argentina ni bajo el derecho público que rige la expropiación».
El voto disidente del juez Cabranes, que argumentó que la estructura legal buscaba proteger inversores y que el incumplimiento de la OPA debía ser indemnizable, fue prácticamente ignorado por la gran prensa argentina, que prefirió la disputa política doméstica al debate jurídico transnacional.
Asimismo, los abogados que llevaron el caso aparecen apenas como un dato de color en la mayoría de las coberturas. No hay en los medios mainstrem reconocimiento a la importante labor jurídica de los abogados y procuradores que gestionaron la posición argentina. De hecho, Cristina Fernández de Kirchner se los agradece directamente.
Sin explicar con claridad por qué la Argentina tiene razón en este pleito, tampoco se recuerda la decisión que impulsó el gobierno de CFK de expropiar YPF fue aprobada por el Congreso con mayorías abrumadoras: 208 diputados votaron a favor, 32 en contra; 63 senadores a favor, solo tres en contra. Es decir, fue una decisión soberana y democrática del Estado argentino.
Además, como señala el abogado Sebastián Soler en una entrevista de Perfil, esa decisión cumplió los tres requisitos que impone la Constitución Nacional para expropiar: utilidad pública (recuperar el abastecimiento), aprobación por ley del Congreso y, tercero, indemnizar al expropiado, cosa que se hizo en 2014 cuando se le pagó a Repsol.
Los relatos de los medios maistream
Del análisis comparado emergen tres grandes construcciones narrativas que atraviesan transversalmente a los medios:
- El relato del triunfo de gestión (Infobae, La Nación, Clarín) presenta el fallo como resultado de la pericia jurídica, diplomática y política del gobierno de Milei. Las voces que predominan son las del presidente y sus funcionarios. El kirchnerismo, obviamente, aparece como responsable del problema.
- El relato de la reivindicación histórica (Página 12, con ecos en LPO, más ajustada a lo hechos) invierte la ecuación: el fallo valida la decisión de 2012, y quienes la resistieron —incluyendo al propio Milei— quedan en una posición incómoda. La voz de Kicillof y Cristina Kirchner es usada para sostener que el tribunal les dio la razón a ellos, no al gobierno actual.
- El relato de la dependencia estructural (análisis de Ignacio Miri en Clarín). Su argumento central: la Argentina de Milei necesita que Estados Unidos la rescate cada vez que está en problemas, ya sea desde el Poder Ejecutivo (Bessent en octubre de 2025) o desde el Poder Judicial (el tribunal de Nueva York en marzo de 2026). «Una vez fue el Poder Ejecutivo, ahora es el Poder Judicial. Siempre es Estados Unidos», escribió Miri, secretario de Redacción de Clarín.
El fallo como espejo
Una cobertura periodística de calidad no solo debe informar sobre el hecho, también debe situarlo en su contexto histórico, político y social, incorporando las múltiples voces en tensión y exponiendo las contradicciones del presente. Medida con ese rasero, la cobertura del fallo YPF ofrece un resultado que está por debajo de esos parámetros.
Casi todos subordinaron la complejidad del evento a sus propias necesidades narrativas previas: confirmar lo que ya creían sobre Milei, sobre el kirchnerismo, sobre la Argentina y sus instituciones. El fallo de Nueva York fue, en ese sentido, un espejo. Y cada redacción vio en él su propio reflejo.
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