Los medios todavía fijan la agenda, pero ya no están solos
La fragmentación de las audiencias, las redes sociales y los sistemas de recomendación no eliminaron la capacidad de los medios para influir sobre los asuntos que adquieren importancia pública. Un metaanálisis de décadas de investigaciones confirma esa relación, pero muestra también que la agenda se construye hoy en un ecosistema mucho más complejo, donde plataformas, algoritmos, actores políticos y usuarios disputan la atención.
IDEAS CLAVE
1. Los medios siguen influyendo sobre la agenda pública. El metaanálisis encuentra una asociación fuerte entre la atención que los medios conceden a determinados asuntos y la importancia que estos adquieren en la esfera pública: la correlación agregada es de 0,56.
2. La fragmentación no elimina el poder de agenda, lo redistribuye. Plataformas, algoritmos, buscadores, creadores de contenido y comunidades de usuarios participan junto con los medios en la selección y amplificación de aquello que consigue atención.
3. Hay una señal de posible fragmentación de la agenda común, pero todavía no una prueba. La correlación baja de 0,58 en los estudios anteriores a 2021 a 0,43 en los posteriores, pero la diferencia no es estadísticamente significativa y la evidencia reciente es escasa.
4. La disputa por la atención continua después de publicada la noticia. La visibilidad que una plataforma concede a un contenido puede determinar en buena medida su alcance y, por esa vía, contribuir a establecer qué asuntos adquieren relevancia pública.
La capacidad de los medios para influir en qué asuntos adquieren importancia pública no ha desaparecido con la fragmentación de las audiencias, las redes sociales o los sistemas de recomendación. La relación entre los temas que reciben mayor atención en los medios y aquellos que terminan ocupando un lugar destacado entre ciudadanos, instituciones o usuarios de plataformas sigue siendo elevada.
Esa es la principal conclusión de un metaanálisis publicado en Frontiers in Political Science por Shahedur Rahman, investigador del Departamento de Publicidad, Relaciones Públicas y Diseño de la Universidad de Colorado en Boulder, Estados Unidos.[1]Un metaanálisis es un método estadístico que combina y analiza cuantitativamente los resultados de múltiples estudios científicos independientes sobre un mismo tema. En lugar de evaluar un solo … Continue reading El trabajo revisa décadas de investigaciones sobre agenda-setting, la teoría que analiza la relación entre la relevancia que los medios conceden a determinados asuntos y la importancia que posteriormente adquieren en la agenda pública, y la actualiza para dar cuenta de entornos políticos y tecnológicos muy distintos entre sí.[2]Nota del editor: La teoría de la agenda-setting nació en 1972 a partir del célebre estudio de Maxwell McCombs y Donald Shaw (1972) sobre las elecciones estadounidenses de 1968. Su planteo … Continue reading
El resultado principal muestra una asociación fuerte entre la relevancia que los medios conceden a determinados asuntos y la importancia que estos alcanzan en la esfera pública. El modelo principal obtiene una correlación agregada de 0,56, con un intervalo de confianza de entre 0,44 y 0,66, equivalente a una d de Cohen de alrededor de 1,36, utilizada como traducción secundaria.
Cómo se construyó la muestra
El análisis partió de un repositorio local de 973 trabajos, identificados mediante búsquedas combinadas de términos como agenda-setting, agenda-building, relevancia mediática y agenda pública. De ese conjunto se retuvieron cien candidatos y, tras un filtro más estricto, treinta estudios integraron la muestra final. De ellos, veintitrés tenían un efecto convertible y veinte contaban además con varianza suficiente para la síntesis ponderada; de este subconjunto, diecinueve llegaron al modelo principal. Los descartes respondieron a problemas de disponibilidad estadística, no a irrelevancia temática.
Las investigaciones utilizadas abarcan el período comprendido entre 1991 y 2022 e incluyen periódicos, televisión, medios digitales, Twitter, búsquedas en Google, WeChat y Weibo.
El autor documenta también las limitaciones del propio metaanálisis: la selección, la codificación y la extracción de efectos fueron realizadas por un único investigador, sin segundo codificador, protocolo prerregistrado ni evaluación formal del riesgo de sesgo.
El resultado no significa, sin embargo, que los medios determinen directamente las opiniones de los ciudadanos. La teoría de la agenda distingue entre influir sobre qué temas reciben atención y conseguir que las personas adopten una determinada posición sobre ellos. El propio estudio advierte, además, que gran parte de las investigaciones identifican correspondencias y asociaciones, pero no permiten demostrar relaciones causales directas.
A esto se suma una heterogeneidad estadística muy alta (cercana al 98 %), señal de que buena parte de la variación no se explica por error de muestreo, sino por diferencias reales en los procesos de formación de agenda que cada estudio capta.
La agenda ya no se construye únicamente en las redacciones
Durante buena parte del siglo XX, la selección de los temas relevantes dependía en gran medida de decisiones editoriales: qué noticias se publicaban, qué espacio ocupaban, con qué frecuencia aparecían o qué asuntos llegaban a una portada o a un informativo.
Ese modelo se ha vuelto mucho más complejo. Las plataformas no actúan únicamente como canales de distribución, sino que clasifican, personalizan, amplifican o reducen la visibilidad de los contenidos. A esa intermediación se añaden buscadores, algoritmos de recomendación, listas de tendencias, métricas de interacción, creadores de contenido y redes de usuarios.
La principal transformación no es, por tanto, la desaparición del poder de los medios, sino la multiplicación de los actores que intervienen en decidir qué asuntos obtienen atención.
El autor propone por ello actualizar la forma tradicional de entender la agenda-setting. En lugar de concebirlo únicamente como una transferencia de relevancia desde «los medios» hacia «el público», plantea entenderlo como un proceso distribuido en el que intervienen medios, plataformas, algoritmos, instituciones, actores políticos y comunidades de usuarios.
La apertura del sistema informativo puede reducir así la capacidad de una única cabecera, televisión o grupo mediático para concentrar la atención sobre determinados asuntos. Pero esa descentralización no supone una distribución homogénea del poder. Los sistemas de recomendación, la personalización, los contenidos en tendencia o la visibilidad en buscadores pueden volver a concentrar la atención en determinados temas.
El estudio insiste en el matiz: la apertura informativa no elimina el poder de fijar agenda; simplemente lo redistribuye desde las redacciones hacia las arquitecturas de plataforma.
La relación entre agenda mediática y pública es menor en los estudios más recientes
Uno de los resultados más interesantes del metaanálisis aparece al comparar investigaciones anteriores y posteriores a 2021.
En los estudios publicados antes de ese año, la correlación entre la relevancia de los temas en los sistemas mediáticos y su importancia pública alcanza 0,58. En los trabajos publicados desde 2021, desciende hasta 0,43.
Estadísticamente, la diferencia no llega a ser significativa: el coeficiente de la regresión es negativo, pero con un margen de error demasiado amplio como para descartar que se deba al azar. El descenso apunta a una posible fragmentación de la agenda común en el ecosistema de plataformas, pero los datos no permiten afirmar que se haya producido un cambio estadísticamente significativo.
La diferencia tampoco puede atribuirse directamente a la inteligencia artificial. El estudio utiliza 2021 solo como una aproximación temporal a una etapa marcada por una mayor dependencia de las plataformas, la expansión de la recomendación algorítmica, una mayor automatización y, después, la extensión de la IA generativa; no como una medida directa de exposición a esos sistemas.
La menor correspondencia hallada en los estudios recientes podría explicarse también por la fragmentación de la atención, la personalización de los contenidos o las diferencias entre las investigaciones incluidas. A esto se suma que solo cuatro de los estudios ponderados corresponden al período posterior a 2021, frente a dieciséis anteriores, por lo que la comparación debe leerse como exploratoria.
Aun así, el trabajo considera relevante analizar cómo cambia la formación de la agenda cuando una parte creciente de las personas accede a la actualidad mediante feeds personalizados, sistemas de recomendación y entornos en los que intervienen conjuntamente humanos y máquinas.
Regímenes políticos, apertura informativa y variación geográfica
El metaanálisis también exploró si la fuerza del efecto cambia según el régimen político y el país.
Los contextos democráticos o abiertos arrojaron una correlación de 0,56, y los autoritarios o con mayor control estatal, algo superior, de 0,59. La diferencia va en la dirección que predice la literatura sobre control informativo, pero no es significativa, y la muestra ponderada incluye apenas tres estudios de contextos autoritarios.
Algo similar ocurre con la variable geográfica. Los estudios de Estados Unidos mostraron una correlación de 0,49, algo inferior a la de los realizados fuera de ese país, de 0,57. También en este caso se trata de una diferencia sugerente, pero no significativa.
El autor recuerda que buena parte de la teoría clásica se desarrolló a partir de investigaciones estadounidenses, y que comparar con otras regiones permite poner a prueba si esa teoría se sostiene en sistemas políticos y mediáticos diferentes.
En cuanto a la apertura de internet y de los medios, el estudio señala una limitación de diseño: esa clasificación se superpone con la de tipo de régimen, por lo que no pudo estimarse como variable independiente en el modelo ajustado. El autor plantea que futuras investigaciones deberían utilizar medidas continuas —libertad de prensa, libertad en internet, penetración de la red— en lugar de categorías binarias.
La visibilidad se convierte en una cuestión estratégica para los medios
La transformación tiene una consecuencia directa para las organizaciones periodísticas. En un ecosistema en el que plataformas y algoritmos participan en la selección de lo que llega a las audiencias, publicar una información deja de garantizar por sí mismo su capacidad para incorporarse a la conversación pública.
El trabajo sostiene que las decisiones de las plataformas sobre qué contenidos recomendar, reducir de posición, etiquetar, monetizar o amplificar también terminan influyendo sobre qué asuntos consiguen visibilidad. El poder editorial sigue siendo relevante, pero una parte creciente de la batalla por la atención se libra después de que la noticia haya sido publicada.
Este cambio obliga a ampliar la concepción tradicional de la intermediación informativa. Los medios continúan seleccionando, jerarquizando y contextualizando noticias, pero esa primera selección convive ahora con capas de intermediación tecnológica capaces de modificar el alcance de cada contenido.
El autor lo plantea como un desplazamiento hacia una teoría más amplia de «gobernanza de la relevancia», en la que la fijación de agenda ya no depende solo de decisiones periodísticas, sino también de arquitecturas de plataforma, actores políticos, sistemas algorítmicos y comunidades de usuarios en red.
Esas decisiones de plataforma tienen implicancias directas para la deliberación democrática, la desinformación y el control estatal de la información. La pregunta relevante ya no es solo si la agenda mediática se corresponde con la agenda pública, sino cómo los sistemas políticos, las infraestructuras digitales y los sistemas de visibilidad algorítmica organizan las condiciones bajo las cuales determinados asuntos llegan a ser públicamente relevantes.
👉🏼 Acceder al contenido completo de la investigación Agenda-setting effects across political and platformized contexts: a meta-analysisontiers in Political Science de Shahedur Rahman publicada por Frontiers bajo la Licencia de CC—BY
Shahedur Rahman
Originario de Bangladesh, Shahed obtuvo una licenciatura y una maestría en Marketing de la Universidad de Ciencia y Tecnología Shahjalal en Sylhet, y una maestría en Comunicación de la Universidad Western Illinois. Estudiante de doctorado en Comunicación Estratégica en la Facultad de Comunicación, Medios, Diseño e Información (CMDI) de la Universidad de Colorado en Boulder.
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Notas
| ↑1 | Un metaanálisis es un método estadístico que combina y analiza cuantitativamente los resultados de múltiples estudios científicos independientes sobre un mismo tema. En lugar de evaluar un solo ensayo o investigación, integra los datos de investigaciones previas para obtener una conclusión global con mayor precisión matemática y poder estadístico. |
|---|---|
| ↑2 | Nota del editor: La teoría de la agenda-setting nació en 1972 a partir del célebre estudio de Maxwell McCombs y Donald Shaw (1972) sobre las elecciones estadounidenses de 1968. Su planteo introdujo una distinción decisiva para comprender la influencia de los medios: estos no necesariamente indican a las personas qué pensar, pero sí pueden contribuir a determinar sobre qué pensar. La diferencia es fundamental. La teoría no sostiene que una noticia obligue a los ciudadanos a adoptar una determinada posición. Lo que estudia es algo más elemental y, al mismo tiempo, más profundo: si aquellos asuntos que reciben mayor atención, frecuencia y prominencia en los medios terminan siendo percibidos también como asuntos más importantes por el público. Si los medios dedican durante semanas una atención extraordinaria a la inflación, la inmigración, el desempleo, una guerra o una crisis ambiental, esos asuntos pueden adquirir mayor presencia en las percepciones de los ciudadanos, aunque estos mantengan posiciones muy diferentes acerca de ellos. La agenda-setting se ocupa, entonces, de qué temas consiguen instalarse como relevantes en la conversación pública. |


