Ofensiva editorial para la aniquilación

La rutina de ataque del sistema mediático a Cristina Kirchner y al sector del peronismo que representa se amplió ostensiblemente a la figura del presidente Alberto Fernández, descripto en varios artículos al borde de la salida del cargo, junto con sentencias sobre la «caída» o «devaluación» de Sergio Massa.


Este despliegue parece un acto de autosatisfacción, como si se diera por cumplido el objetivo del establishment de desarticulación del Frente de Todos, anunciada por los medios más poderosos desde el momento mismo en que se anunció la precandidatura de Fernández, en mayo de 2019.

La sentencia sobre el rechazo a Silvina Batakis antes de que asumiera y mucho antes de sus primeros anuncios integró un menú que no se privó de agitar imágenes terroríficas de góndolas vacías. Tampoco de publicitar las acciones especulativas en los siempre glorificados «mercados», con la vieja receta de presentarlos como ente neutral y bien intencionado, como si no fueran instrumento de las fuerzas de tareas nacionales e internacionales que los manipulan a su gusto.

Además de los títulos combinados desde el lunes 4 entre Clarín, Infobae y La Nación y su extenso conglomerado de medios controlados y afines, los voceros del poder financiero internacional se apuraron para cercar a la nueva ministra.

Clarín escribió el jueves desde Washington, escudándose en unos supuestos «expertos», que la ministra tendrá «problemas muy serios» si viene con un «programa kirchnerista». Pagni, en La Nación, no quiso quedarse atrás y exaltó a la jefa del FMI por su reclamo de «acciones dolorosas». Batakis «espanta en Wall Street», insistió Bonelli al día siguiente.

Con idas y vueltas, hasta ahora el relato dominante en los medios opositores presentaba al presidente como víctima de «Ella», «esa mujer» como escribe Clarín y que, como recita el «doctor» del canal controlado, es «mala, mala, mala». En todo caso, las críticas subían de tono por no «rebelarse», por no romper el Frente y aliarse a la derecha para formar otro gobierno, como propuso más de una vez un exanimador de la radio del mismo grupo.

Aunque dramáticamente demorada, la sucesión de diálogos entre el presidente, la vice y el jefe de Diputados fue una muy mala noticia para quienes no toleran esperar el turno electoral de 2023 y quieren asaltar el poder político en el corto plazo. Por eso los primeros títulos y «análisis» coincidieron en afirmar que «nada cambió» y que la designación de Batakis «no alcanza».

Y esto fue seguido con un cambio drástico contra Alberto Fernández. El sábado Lanata, acorde con sus posibilidades expresivas, publicó en Clarín insultos al presidente, literales, bajo la habitual cobardía de atribuirlos a dirigentes que, claro, no tienen ni nombre ni apellido. Para sostener la andanada, se puso a imaginar a un Fernando de la Rúa satisfecho en el más allá, porque ve un jefe de Estado peor que él. No hizo falta que recordara cómo abandonó el cargo para comprender su mensaje de fondo.

En su impostura de atildado, Morales Solá ya lo había definido como «una sombra», en La Nación. En el mismo diario, Pagni relató una supuesta escena en la quinta de Olivos: los cercanos al presidente le reclamaban el domingo 3 que hablara con Cristina Kirchner, él decía a los gritos que no lo haría jamás pero al mismo tiempo marcaba el número, teléfono en mano.

Reforzó otra vez Morales Solá, que dijo que durante la semana pasada hubo diputados y senadores que se prepararon para la Asamblea Legislativa, por «la renuncia». Con singular descaro, Roa en Clarín le reprochó a la vocera presidencial haber aclarado que el presidente sigue en el cargo, ocultando que una operadora del dispositivo opositor, que la va de periodista, había hecho la pregunta en conferencia de prensa. Eso sí, esta operadora se anotó el punto: Cerruti respondió la pregunta después de decir que no merecía respuesta.

Una excepción llamativa hubo en este despliegue. Letjman, que se especializa en difundir la mirada estadounidense de cuanto sucede en la Argentina, se apartó del rebaño y publicó el viernes en Infobae que sí se alcanzó un «acuerdo básico» en el FDT y que «hay una tregua política». Ojalá que no le suceda lo que a Pagni en La Nación: después de que explicó, hace tres semanas, que el episodio del avión venezolano en Ezeiza es una maniobra internacional de inteligencia contra el presidente Biden, que poco tiene que ver con la Argentina, nunca más volvió a escribir sobre el tema.

Hugo Muleiro

Porteño, como periodista desempeñó funciones y cargos diversos en diarios y agencias de noticias. Fue secretario de redacción de DYN (Diarios y Noticias) y ANSA, y jefe de redacción y luego director periodístico de Télam. Se especializó en temas internacionales, en particular los referidos a América Latina. Autor de Palabra por palabra, estructura y léxico para las noticias (2002), Al margen de la agenda. Noticias, discriminación y exclusión (2006); de Los Garcas (2013) y Los Monstruos (2016), ambos con Vicente Muleiro. Participó de La esperanza insobornable. Rodolfo Walsh en la memoria (2017). Publica análisis sobre comunicación en varios medios nacionales y extranjeros. Dirige la revista digital La Poesía Alcanza (www.lapoesiaalcanza.com.ar). Fundador y expresidente de Comunicadores de la Argentina (Comuna)), entidad que promueve el derecho a la información y la circulación libre de la palabra.

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