Inteligencia artificial y colonialismo
Una publicación del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) propone leer la inteligencia artificial (IA) como parte de una nueva fase del capitalismo extractivo. Si bien el volumen es desigual, algunos de sus aportes —en especial el de Daniela Monje— permiten reordenar el debate al inscribir la IA en una trama material, ecológica y geopolítica.
Una tensión recorre buena parte de los debates actuales sobre inteligencia artificial: frente a un discurso dominante centrado en la novedad —disrupción, autonomía, salto civilizatorio—, los enfoques críticos desplazan la mirada hacia atrás y hacia abajo. Hacia atrás, para inscribir la IA en la larga duración del capitalismo; hacia abajo, para rastrear sus condiciones materiales de existencia. En ese cruce se ubican los textos que, bajo el título Inteligencia artificial y colonialismo, se publican en la tercera entrega de Contrasenso, el boletín académico del Grupo de Trabajo de Clacso dedicado a la Economía política de la información, la comunicación y la cultura (GT-Epicc).
El aporte de Daniela Monje funciona, en este entramado, como un eje organizador posible. Su planteo desarma la ilusión de inmaterialidad que rodea a la inteligencia artificial y la restituye a una trama concreta: infraestructuras, energía, minerales, trabajo humano distribuido globalmente. Desde allí, la noción de «colonialismo digital» permite nombrar una continuidad histórica: la expansión de nuevas formas de extracción —de datos, de conocimiento, de capacidades cognitivas— que reeditan, bajo formas tecnológicas, viejas asimetrías entre norte y sur.
Leída desde la economía política, la inteligencia artificial aparece menos como ruptura que como continuidad: una nueva fase de acumulación que reorganiza el trabajo —incluido el intelectual— y redefine las formas de extracción de valor.
Pero el volumen no se agota en esa clave. La intervención de César Bolaño introduce una lectura que, desde la economía política marxista, sitúa a la IA en la dinámica de la acumulación capitalista. La automatización aparece entonces no como ruptura sino como profundización: una nueva fase de subsunción del trabajo —incluido el intelectual— que reorganiza la producción de valor y redefine las formas de competencia entre plataformas. En este punto, el dossier articula dos niveles que no siempre dialogan de manera explícita, pero que resultan complementarios: la lógica de valorización y sus condiciones materiales de posibilidad.
Otros textos amplían el campo hacia dimensiones específicas del problema. El análisis de Diego Rossi sobre derechos de autor y producción cultural introduce una zona de fricción particularmente actual: si la autoría sigue siendo definida en términos humanos, ¿cómo se inscriben los contenidos generados por sistemas algorítmicos? La pregunta no es meramente jurídica, remite a transformaciones más amplias en el estatuto del trabajo creativo, en la circulación de contenidos y en el uso de datos como insumo productivo.
En paralelo, los capítulos dedicados a regulación —tanto en la Argentina como en el plano internacional— ofrecen un mapa de un campo en construcción. Allí se evidencian tensiones entre enfoques orientados a la innovación y perspectivas que priorizan la gestión de riesgos, la ética y los derechos. Sin embargo, leídos a la luz del problema del colonialismo digital, estos debates adquieren otra dimensión: no se trata solo de cómo regular, sino de quién define las reglas y desde qué posiciones de poder.
Entre debates regulatorios, disputas por la autoría y el impacto ambiental de las infraestructuras digitales, la IA se revela como un campo atravesado por tensiones donde lo técnico y lo político resultan inseparables.
Un rasgo distintivo del volumen es, además, la incorporación de perspectivas vinculadas a los llamados «nuevos materialismos». Estos enfoques permiten extender la crítica más allá de la economía política clásica, incorporando la dimensión ecológica de lo digital. La inteligencia artificial aparece así como parte de una cadena extractiva que involucra minerales estratégicos, consumo energético intensivo y efectos ambientales de largo alcance. La «desmaterialización» tecnológica se revela, en este punto, como una operación discursiva más que como un dato empírico.
En conjunto, el dossier no ofrece una tesis unificada ni un recorrido completamente homogéneo. Pero en esa misma heterogeneidad reside parte de su interés: permite trazar un mapa de problemas, tensiones y enfoques que disputan el sentido de la inteligencia artificial en el presente. Si algunos textos se limitan a describir ese escenario, otros —en particular el de Monje— logran intervenir sobre él, desplazando el eje del debate.
Leído en esa clave, este texto funciona menos como una síntesis cerrada que como un dispositivo de lectura. Uno que invita a correr la mirada desde la fascinación por la innovación hacia sus condiciones de posibilidad: los territorios donde se extraen los recursos, los cuerpos que sostienen el trabajo invisible, las asimetrías que organizan la circulación global del conocimiento. Es allí, en ese retorno a la materialidad, donde la inteligencia artificial deja de ser promesa y se vuelve problema político.
MIRÁ TAMBIÉN

Informe global de V-Dem: La democracia argentina en retroceso
POR ESFERA REDACCIÓN | El reporte anual del Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo clasifica a la Argentina como una de las 44 naciones cuyas instituciones democráticas transitan un paulatino proceso de deterioro. El inicio del gobierno de Milei es señalado como el comienzo del retroceso.

A cincuenta años del golpe de Estado una encuesta ratifica el rechazo a la dictadura
POR ESFERA REDACCIÓN | A cincuenta años del golpe de Estado de 1976, la memoria sobre la última dictadura sigue siendo un punto de referencia central para comprender la relación de la sociedad argentina con su pasado reciente y con la democracia. Esta investigación, realizada por el observatorio Pulsar.UBA y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) explora cómo se recuerda hoy ese período, qué interpretaciones predominan y qué acuerdos persisten en la opinión pública.

Ser útil y construir comunidad, las claves para la sostenibilidad del periodismo local
POR ESFERA REDACCIÓN | Un informe de FT Strategies y la Knight Foundation identifica los factores que explican por qué algunos medios locales logran crecer en medio de la crisis: conexión con la comunidad, ingresos diversificados y una nueva relación con las audiencias.


