¿Es posible construir una nueva mayoría contra la ultraderecha?
Según el informe Mapeando los límites electorales de la ultraderecha, elaborado por Cristóbal Rovira Kaltwasser, Javier Sajuria y Nerea Palma para la Fundación Friedrich Ebert, el crecimiento electoral de la ultraderecha en América Latina convive con un dato menos visible: en países como Argentina, Brasil y Chile, cerca de dos tercios del electorado no está dispuesto a apoyarla. Lejos de ser un bloque homogéneo, ese rechazo se organiza en perfiles sociales, culturales e ideológicos diversos, que revelan tanto los límites como las tensiones del avance ultraderechista en la región.
La rápida irrupción de la ultraderecha en la Argentina —culminada con el triunfo presidencial de Javier Milei— suele analizarse a partir de sus bases de apoyo. Sin embargo, el informe elaborado por Rovira Kaltwasser, Sajuria y Palma propone invertir la mirada y situar el caso argentino dentro de un marco más amplio. Este artículo se concentra en sintetizar y analizar los hallazgos del estudio referidos específicamente a la Argentina, sin perder de vista el enfoque comparado que el informe desarrolla para Brasil y Chile.
Al igual que en otras partes del mundo, la ultraderecha ha venido creciendo electoralmente en América Latina. No obstante, la evidencia empírica reunida en el informe muestra que ese avance convive con un fenómeno persistente: en Argentina, Brasil y Chile, aproximadamente dos tercios de la población no están dispuestos a apoyar a la ultraderecha. Ese «no» no responde a una identidad única ni a una adscripción ideológica homogénea, sino que integra segmentos del electorado muy diversos, que se expresan de manera distinta según los clivajes predominantes en cada país.
En el caso argentino, los datos son contundentes. De acuerdo con las encuestas utilizadas en el estudio, alrededor del 60 % del electorado manifiesta rechazo a un candidato como Milei. Esa cifra, comparable con los niveles de rechazo a la ultraderecha registrados en varios países europeos, marca un límite estructural a la expansión de estos liderazgos. Pero también abre una pregunta clave: ¿qué tipo de rechazo es ese y qué potencial político encierra?
Consensos del rechazo: lo que une, más allá de la diversidad
Aquí aparece uno de los aportes más sólidos del documento. Pese a su fragmentación interna, los sectores que rechazan a la ultraderecha comparten un conjunto claro de consensos básicos que funcionan como líneas rojas frente al proyecto libertario extremo.
El informe identifica, en primer lugar, una defensa transversal de la democracia como marco básico de convivencia política, entendida no solo como un mecanismo electoral, sino como un piso normativo que ordena la vida social y limita el ejercicio del poder. A esa convicción se suma una valorización de las instituciones republicanas y del rol de las políticas públicas redistributivas, incluso entre sectores que no se reconocen como progresistas o de izquierda.
Más del 60 % del electorado argentino rechaza a Milei, pero no forma un bloque homogéneo. El informe de la Fundación Friedrich Ebert revela quiénes integran ese «no» a la ultraderecha, qué consensos los unen y qué tensiones dificultan convertir ese rechazo en una mayoría política estable.»
Otro consenso firme es el rechazo a las formas más extremas de autoritarismo, expresado con nitidez en la oposición a la libre liberalización de armas, a la pena de muerte y a las propuestas que relativizan o deslegitiman los controles institucionales. En estos puntos, el rechazo a Milei no es táctico ni circunstancial: es normativo.
Estos acuerdos no implican una visión homogénea del país ni una agenda política común cerrada, pero sí configuran un núcleo compartido: la idea de que el malestar social no debe resolverse mediante la ruptura del pacto democrático ni por la vía de soluciones punitivas extremas. En ese sentido, el rechazo a la ultraderecha es también —y sobre todo— un rechazo civilizatorio.
Al mismo tiempo, el informe deja entrever los puntos ciegos de ese rechazo. Las coincidencias se vuelven más frágiles cuando entran en juego debates sobre seguridad cotidiana, desigualdad económica o agendas culturales, donde emergen tensiones internas que explican por qué este amplio «no» todavía no logra traducirse fácilmente en una mayoría política cohesionada.
Los cuatro rostros del rechazo a Milei
A partir del Análisis de Clases Latentes, los autores identifican cuatro grandes perfiles dentro del electorado argentino que rechaza a la ultraderecha.
El primero es el de la juventud popular anti-Milei: jóvenes de sectores populares, con bajo nivel educativo formal, posiciones críticas frente al punitivismo y sensibilidad hacia las desigualdades sociales. No se identifican claramente con la izquierda tradicional, pero rechazan con fuerza la agenda autoritaria.
El segundo, el más numeroso, corresponde al bloque progresista educado, integrado por sectores medios urbanos, con alto nivel educativo y fuerte adhesión a valores democráticos, derechos de género y pluralismo cultural.
El tercero es el del conservadurismo popular católico, compuesto por personas mayores, de bajos ingresos y valores morales tradicionales. Aunque conservadores en lo cultural, estos sectores no adhieren al proyecto ultraderechista y marcan distancia con su estilo confrontativo y disruptivo.
Por último, el centro católico de clase media agrupa a sectores moderados, con educación media, fuerte identidad religiosa y apego al orden democrático, que funcionan como un dique frente a opciones extremas.
En sus conclusiones, el informe es claro: la ultraderecha avanza, pero no logra colonizar al conjunto de la sociedad. El rechazo mayoritario persiste, aunque fragmentado, y expresa una constelación de identidades que no siempre dialogan entre sí.
Comprender esa diversidad es clave. Como señalan Rovira Kaltwasser, Sajuria y Palma, el desafío no es solo contener electoralmente a la ultraderecha, sino entender los consensos y las fisuras del rechazo para pensar cómo articular mayorías democráticas capaces de ir más allá del mero «no».
El límite de la ultraderecha en la Argentina, sugiere el estudio, no es solo electoral. Es también social, cultural y normativo. Y en ese terreno, la disputa sigue abierta.
- Descargar aquí el documento de la Fundación Friedrich Ebert
Marcelo Valente
Editor de Esfera Comunicacional.
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