La Argentina que no vota a Milei: un mapa político que sigue latiendo
De acuerdo con un estudio elaborado por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), más de diecisiete millones de argentinos que no votaron a Javier Milei en las legislativas de 2025 conforman un bloque diverso, pero ideológicamente cohesionado, con sus propias prioridades, diagnósticos y deseos de representación. El análisis señala que este universo —frecuentemente opacado por el brillo del ganador— exhibe identidad política, conciencia de sus liderazgos y una lectura crítica del presente económico, judicial y democrático.
Una victoria electoral suele tener el poder de aplanarlo todo: convierte al ganador en protagonista absoluto y deja al resto de la escena en penumbra. Como recuerda Alfredo Serrano Mansilla en su análisis de la encuesta, cada triunfo carga consigo una contracara que rara vez recibe la misma atención. Las sociedades nunca son bloques homogéneos; incluso en ciclos de alto apoyo, siempre existe una masa crítica que piensa distinto, que vota distinto, o que directamente deja de votar.
Esa advertencia cobra especial relevancia tras las legislativas de 2025, donde Javier Milei volvió a imponerse con un 41 % de los votos. Un triunfo contundente, sí, pero que no borra un dato mayor: 17,5 millones de personas no lo eligieron. Ese universo —compuesto por antiguos votantes habituales que se abstuvieron, por la principal fuerza opositora y por quienes optaron por terceras opciones o el voto en blanco— constituye un país dentro del país, un territorio político que todavía busca su forma y sus representantes.
Para iluminar ese espacio, la Celag realizó una consulta masiva con doce mil respuestas centrada exclusivamente en la población no mileísta. No se trata de una encuesta representativa del total nacional, sino de un espejo deliberado: una fotografía de quienes deliberadamente no acompañaron a La Libertad Avanza. Y lo que aparece allí es un paisaje nítido.
Un bloque ideologizado y coherente
El estudio muestra que este electorado posee un núcleo conceptual sólido y claramente diferenciado del ideario mileísta. La prioridad económica es contundente: el 88 % percibe que los precios suben cada día; el 90 % apoya un salario mínimo de un millón de pesos; el 96 % reclama elevar la pensión mínima para cubrir dos canastas básicas. La defensa del rol estatal atraviesa múltiples dimensiones: 97 % rechaza privatizaciones estratégicas, 76 % exige un sistema de salud público y eficiente, 97 % demanda políticas estatales para resolver la crisis habitacional.
En política fiscal, la mirada también es inequívoca: 96 % plantea eliminar exenciones tributarias a grandes empresas, y 78 % considera ilegítima parte de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). En materia de seguridad, 91 % atribuye el crecimiento narco a la ausencia del Estado. No es un conjunto disperso: hay, según el estudio, un imaginario compartido que trasciende la coyuntura.
La unidad como valor estratégico
Este electorado no sólo comparte ideas, también percibe una necesidad de unidad política. Pero no una unidad meramente táctica, sino programática. Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof aparecen como las figuras con mayor valoración y, lejos de competir entre sí, las representan como complementarias. Para el 68 % la estrategia adecuada para 2027 es «Cristina, sí; Axel, también».
El estudio advierte que este sector ve una injusticia en la situación judicial de la expresidenta (71 %) y considera imprescindible sostener la pelea política por su libertad. En el plano de los atributos, las percepciones construyen un mosaico: liderazgo e inteligencia para Cristina; gestión y capacidad para Axel; futuro y valentía para Juan Grabois.
Conocimiento profundo del adversario
Después de dos años de gobierno, Milei ya no es un enigma para este electorado. Según la consulta de Celag, identifican sus fortalezas —dominio del relato, capacidad de agenda, cohesión del bloque conservador—, pero también sus costos: 96 % cree que la economía empeoró desde su llegada y 59 % lo sindica como principal responsable de la situación actual. La comparación histórica es elocuente: apenas un nueve por ciento afirma que el 2001 fue peor.
En el plano democrático, el juicio es igualmente severo: 86 % sostiene que la llegada de Milei implicó un retroceso institucional.
El Poder Judicial, un actor en crisis de legitimidad
La desconfianza en la Justicia, una constante histórica en estudios previos de Celag, vuelve a ubicarse en el tope del ranking: 65 % señala a los jueces como el actor social que mayor desconfianza les genera, muy por encima de empresarios, políticos o periodistas. La distancia con el sistema judicial aparece como un elemento transversal y sostenido en el tiempo.
Pesimismo y desencanto
Aunque comparten ideas, este electorado también exhibe signos de desaliento. Según el estudio, 51 % cree que «este país ya no tiene arreglo» y sólo 37 % ve hoy posible una victoria frente a Milei. La combinación de crisis económica, derrotas electorales, desconfianza institucional y roscas internas alimenta un estado de ánimo frágil. No es apatía permanente, advierte Serrano Mansilla, sino una desilusión abierta que podría inclinarse en uno u otro sentido dependiendo de cómo se haga política en este espacio.
El estudio de Celag funciona como recordatorio y advertencia: más allá del oficialismo consolidado, existe un electorado no mileísta voluminoso, activo y profundamente ideologizado, que no desapareció con las victorias del presidente ni se disolvió en el clima conservador del momento. Ese universo piensa, exige, evalúa y, sobre todo, espera ser representado.
La política argentina suele obsesionarse con el ganador del día; este informe invita a mirar lo que permanece fuera del foco. Allí puede estar, si alguien lo interpreta con solvencia programática y sensibilidad social, la clave de la próxima historia electoral.
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