El periodismo busca nuevas formas de trabajar

Imagen generada con IA con fines ilustrativos

Esta semana leímos dos textos que, desde lugares diferentes, hablan de un mismo movimiento: un oficio que necesita encontrar nuevas formas de contar y, al mismo tiempo, nuevas formas de organizarse para poder seguir trabajando. Columbia Journalism Review reúne las experiencias de doce periodistas sobre cómo cubrir mejor la crisis climática; Nieman Lab cuenta el experimento de cinco profesionales independientes que decidieron volver a trabajar juntos, aunque sea durante cinco meses y sin compartir una redacción permanente.

IDEAS CLAVE

Hay momentos en que una profesión cambia sin anunciarlo. No hay una fecha precisa ni una decisión única que marque el comienzo. Cambian las audiencias, las rutinas, las tecnologías, las condiciones laborales y, poco a poco, también cambian las maneras de hacer el trabajo.

Los dos textos que seleccionamos esta semana permiten mirar ese proceso desde ángulos diferentes. El primero se pregunta cómo contar mejor una historia que se volvió demasiado grande, compleja y persistente como para reducirla a la noticia del desastre. El segundo muestra cómo seguir trabajando cuando las redacciones que alguna vez ofrecieron un lugar para hacerlo ya no están disponibles para todos.

Nos pareció interesante ponerlos en conversación porque, aunque hablan de cosas distintas, ambos contienen una misma inquietud: qué necesita cambiar en el periodismo para que el periodismo pueda seguir haciendo aquello que mejor sabe hacer: encontrar historias, comprenderlas y contárselas a otros.

Cuando la noticia no alcanza

En «How Should We Cover the Climate Story?» (¿Cómo deberíamos informar sobre el cambio climático?), publicado en Columbia Journalism Review, Carolina Abbott Galvão, Ivan L. Nagy y Riddhi Setty conversaron con doce periodistas y especialistas en información climática.

La pregunta de partida parece circunscripta al clima, pero rápidamente se vuelve una pregunta sobre el oficio: ¿cómo contar una historia que llega a las audiencias como una sucesión interminable de emergencias? La respuesta que aparece con mayor fuerza es casi una defensa de la paciencia periodística.

Rebecca Hersher, corresponsal de NPR, recuerda una investigación realizada años antes en un valle de Nepal amenazado por el deshielo de un glaciar. Cuando una inundación devastadora golpeó finalmente la región, aquella cobertura previa adquirió otro sentido. No había contado solamente el desastre que todavía no había ocurrido: había contado a las personas que vivían allí, sus temores y las condiciones que las hacían vulnerables. La diferencia es importante. El desastre puede producir un gran titular; la labor periodística sostenida permite comprenderlo.

Bajar la escala para ampliar la mirada

Los periodistas consultados por CJR vuelven una y otra vez sobre una idea: las grandes cuestiones necesitan encontrar una escala humana.

Alan Sealls propone explicar el cambio climático a partir de algo tan concreto como una carretera costera que se inunda y dificulta llegar al trabajo. Adam Mahoney cuenta cómo funcionan las historias que vinculan el clima con las facturas de electricidad, el costo de los seguros o el cierre de hospitales después de un huracán.

Somini Sengupta, de The New York Times, plantea traducir una crisis global en historias que puedan reconocerse en la vida cotidiana: un consultorio odontológico que necesita energía solar para seguir funcionando durante los cortes o una escuela que instala sombra para proteger a los chicos del calor extremo. No se trata de hacer más pequeño el problema. Se trata de *hacerlo visible.

También aparece otra preocupación: una audiencia sometida a una competencia feroz por su atención. Emily Atkin, del boletín y podcast HEATED, señala la necesidad de trabajar mucho más sobre la claridad y la sencillez de las frases. Katherine Bagley, editora en jefe de Grist, agrega otra pieza: el contexto. Una buena cobertura no debería suponer que el lector conoce la historia, comprende la ciencia o comparte de antemano el sentido de urgencia. Hay que explicar la historia, la evidencia y sus posibles consecuencias.

En otras palabras, contar mejor no significa simplificar el mundo: significa encontrar una puerta de entrada para comprenderlo.

También hay que contar lo que funciona

La conversación incorpora además una dimensión que suele perderse entre tantas noticias negativas: las respuestas.

Naomi Starkman, fundadora de Civil Eats, defiende la cobertura de aquello que está funcionando: personas, comunidades y experiencias que buscan soluciones frente a problemas concretos.

Es una distinción relevante. El periodismo de soluciones no reemplaza la denuncia ni convierte las buenas noticias en una obligación editorial. Simplemente agrega otra pregunta a la cobertura: ¿qué se está haciendo frente a esto?

La propuesta de los periodistas entrevistados por CJR podría resumirse así: menos distancia entre el fenómeno y la experiencia; más contexto; más tiempo para investigar; y una búsqueda consciente de formas narrativas capaces de mantener al lector dentro de la historia.

Pero mientras este primer texto se pregunta cómo hacer mejor el trabajo, el segundo nos lleva a una cuestión más material: qué ocurre cuando las condiciones para hacerlo empiezan a faltar.

Cuando el problema ya no es cómo contar, sino cómo seguir trabajando

En «Five independent climate journalists are teaming up with a “pop-up newsroom”» ( Cinco periodistas independientes especializados en clima se unen para crear una «sala de redacción temporal»), publicado en Nieman Lab, Neel Dhanesha cuenta una experiencia que parte de una dificultad cada vez más familiar para quienes trabajan por cuenta propia: la independencia puede significar también trabajar demasiado solo.

El proyecto se llama Betting the House (Apostarlo todo). Reúne a Emily Atkin, Rachel Ramírez, Chase Cain, Ben Tracy y Tracy Wholf, cinco profesionales independientes que decidieron recuperar, durante cinco meses, algunas de las condiciones de trabajo de una redacción.[1]La expresión betting the house (o to bet the house / betting the farm) es una frase hecha que significa arriesgarlo absolutamente todo o apostar hasta el último recurso en algo. Aunque en inglés … Continue reading

Los cuatro periodistas que reportean eligieron un tema común —la vivienda— y desarrollaron historias desde distintos lugares de Estados Unidos. Wholf, que había trabajado como productora coordinadora del equipo climático de CBS, asumió funciones de edición y coordinación. El proyecto recibió apoyo de Covering Climate Now  para cubrir los costos de la investigación periodística.

Atkin fue a buscar vivienda en una zona de Florida expuesta al riesgo climático; Cain trabajó sobre la crisis de los seguros de vivienda en Nueva Orleans; Ramírez investigó en Hawái la tensión entre propiedad privada y acceso a las playas; y Tracy produjo un video sobre propietarios costeros que intentan adaptarse a un litoral cambiante.

Pero el tema, en realidad, es casi secundario. Lo novedoso está en la forma de trabajar.

Inventar una redacción sin volver a una redacción

Cuando un periodista deja una organización, no solamente pierde un sueldo o una estructura empresarial. También puede perder algo menos visible: la conversación cotidiana con colegas, la mirada de un editor, la posibilidad de discutir una hipótesis antes de publicarla, la fuerza que tiene una historia cuando varias personas trabajan alrededor de ella. Betting the House intenta recuperar parte de eso sin reconstruir el viejo modelo.

Cada periodista conserva su plataforma, su estilo y su audiencia. Pero comparten una investigación, intercambian trabajo y enlazan las historias entre sí. La colaboración no elimina la independencia: intenta agregarle una dimensión colectiva.

La propia Tracy Wholf explica que el proyecto nació también como un experimento para pensar nuevos modelos de funcionamiento para periodistas independientes y que la intención es que pueda servir de ejemplo para otros temas y otras coberturas.

Ahí aparece la idea que más nos interesa rescatar: una redacción no necesariamente tiene que ser una empresa ni durar indefinidamente. Puede organizarse alrededor de una investigación. Puede durar cinco meses. Puede reunir periodistas que publican en medios diferentes. Y puede terminar cuando termina el proyecto.

No hay un solo modelo para reinventar el oficio

Quizá Betting the House resulte más interesante si no lo miramos como una solución en sí misma, sino como una pieza dentro de una búsqueda más amplia.

Hace apenas unas semanas, en Esfera Comunicacional, contamos otra experiencia que va en una dirección diferente: WAV, un colectivo cooperativo suizo que decidió no crear un medio propio sino convertirse en socio de investigación de medios que ya existen.

WAV trabaja en investigaciones de largo aliento, análisis de datos y proyectos que requieren tiempo y especialización. Desde su creación, sus trabajos fueron publicados por 72 medios suizos. Su apuesta consiste, precisamente, en reforzar las capacidades de las redacciones existentes en lugar de competir con ellas.

La diferencia entre ambos experimentos es significativa. Betting the House reúne periodistas independientes alrededor de una investigación durante un período determinado. WAV, en cambio, se organiza como una cooperativa sin fines de lucro que funciona como socio de investigación para distintos medios. Uno construye una redacción temporal. El otro una infraestructura cooperativa de investigación. Pero ambos parten de una preocupación semejante: cómo crear las condiciones materiales para hacer buen periodismo cuando esas condiciones ya no están garantizadas por el modelo tradicional de redacción.

Una familia de respuestas

Y quizá ahí esté el verdadero hilo que une las lecturas de esta semana. No parece estar apareciendo un nuevo modelo único de periodismo. Lo que aparece es algo más abierto: una familia de respuestas: redacciones temporales. cooperativas de investigación. alianzas entre periodistas independientes, equipos especializados que trabajan para diferentes medios, redes que comparten recursos, audiencias, edición o capacidades de investigación.

Son experiencias distintas, con objetivos y estructuras diferentes. Algunas pueden durar unos meses; otras aspiran a convertirse en organizaciones estables. Lo que comparten es la búsqueda de una alternativa a la soledad profesional, a la falta de tiempo y a la pérdida de capacidades que durante décadas estuvieron concentradas en las grandes redacciones.

Y esto vuelve a conectar con la primera lectura. Porque mientras CJR pregunta cómo hacer mejor periodismo climático —más humano, más contextualizado, más atento a las audiencias—, Nieman Lab y la experiencia de WAV permiten formular otra pregunta: ¿qué nuevas formas de organización hacen posible ese periodismo? Una pregunta conduce a la otra.

El oficio está cambiando

Las dos lecturas, finalmente, nos hablan de un oficio que se transforma por las dos puntas. Cambian las historias que necesitamos contar y las maneras de contarlas. Pero también cambian las condiciones en las que esas historias pueden ser producidas.

La primera transformación obliga a revisar rutinas narrativas: buscar la escala humana, explicar el contexto, incorporar soluciones, encontrar nuevas formas de atraer y sostener la atención. La segunda obliga a revisar estructuras profesionales: compartir recursos, crear alianzas, recuperar la edición colectiva, trabajar por proyectos o construir organizaciones cooperativas. Y no sabemos cuáles de estas experiencias permanecerán. Tampoco si alguna terminará convirtiéndose en un nuevo estándar.

Pero quizá no sea necesario saberlo todavía. Lo importante es que, mientras las viejas estructuras se achican, los periodistas no solamente están intentando adaptarse: también están inventando otras maneras de trabajar, exploran distintas formas de reconstruir capacidades —tiempo, colaboración, investigación, edición— que el modelo tradicional de redacción ya no puede sostener siempre.

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Notas
Notas
↑1 La expresión betting the house (o to bet the house / betting the farm) es una frase hecha que significa arriesgarlo absolutamente todo o apostar hasta el último recurso en algo. Aunque en inglés menciona literalmente una vivienda («la casa»), en español no se suele decir «apostar la casa». Por eso, «apostarlo todo» o «jugárselo todo a una sola carta» transmite exactamente la misma carga semántica. En América Latina también se escucha «apostar hasta el último centavo» o «jugarse hasta la camiseta».

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