Venezuela: software, debate y nuevo orden
La operación militar de Estados Unidos en Venezuela del 3 de enero fue la puesta en escena de una nueva forma de guerra. El secuestro de Nicolás Maduro expuso el avance del complejo militar-algorítmico y reabrió un debate incómodo —pero ineludible— sobre soberanía, ética y alineamientos internacionales que la Argentina no puede eludir.
Algunos políticos han naturalizado el episodio bélico invasor de Trump en Venezuela desde la idea que es solo una demostración del nuevo orden internacional y una moderna y original forma de entender la política y la relación de fuerzas entre países. Interesante, pero, a mi juicio, errónea aproximación a una movida que desde sus instrumentos reales contiene las formas técnicas de lo más novedoso de la inteligencia artificial (IA) y desde las proyecciones políticas encierra antiguas y complicadas variables políticas.
No hay que quedarse viendo fotos en sepia, como las de los helicópteros de la SOAR norteamericana y su Regimiento 160 de Operaciones especiales bajando sobre los techos del Fuerte Tiuna. Y, si bien hoy parece una audacia decirlo así, lo importante no es el estruendo de la pólvora explotando ni la supuesta excelente puntería de quienes destrozaron en diez minutos toda la defensa humana de Maduro, causando casi cien muertos. Eso es la imagen y no sirve para nada si no se entiende como se llega a ese momento y que ese paso supera la pobreza intelectual de Trump y la calidad militar de los altos jefes que diseñaron ese desembarco y el posterior rapto del presidente venezolano. Cuando llegaron a ese momento, ya todo estaba jugado y previsto en el algoritmo que, conducido por una forma distinta de guerrear, tiene su mérito en la victoria epistemología más que en el resultado final de la operación. Es la puesta en práctica de una parte de la guerra cognitiva, ya estudiada hace diez años desde la OTAN y que encuentra en el software su espada flamígera para blandir ante cualquier enemigo. más que en los tanques o aviones,
La calidad para esta guerra no se mide, solamente, en cantidad de tanques ni en invisibilidad de aviones ni en potenciar y artillar drones sino en la calidad del software que se utiliza; esto es una brecha tecnológica digital entre países que ninguna fuerza tradicional ha podido menguar.
En este espacio guerrero las fronteras físicas carecen de tanta importancia cuando se posee capacidad de proceso medido en petabytes[1]Un petabyte (PB) es una unidad masiva de almacenamiento digital que equivale a mil terabytes (TB) o un millón de gigabytes (GB), representando un cuatrillón (10¹⁵) de bytes, usado para grandes … Continue reading y se tenga claro que no existe límite para abarcar toda la información necesaria. En el caso venezolano, todo indica que no hubo, o al menos no fue lo principal, la traición sino que cuando las falsas tropas de la DEA llegaron a Caracas era inevitable el resultado positivo de su excursión en virtud de la combinación de miles de datos sobre el sujeto a secuestrar ilegalmente, que pasaba por patrones de ubicaciones calóricas y térmicas, información sobre movimientos de todo tipo, registro de consumo de energía y sobre la comunicación que Maduro mantenía. Se dice que todo esto, al ser procesado por el Maven Smart System y la plataforma de IA de Palantir, empresa cuyo CEO es Alex Karp y que fundara junto al libertario Peter Thiel, ya definía de antemano los buenos resultados obtenidos.
En definitiva, la presencia de una posición más tecnológica que militar, permite creer a quienes se embelesan con el nuevo orden mundial —y por eso evitan calificar como delincuencial lo que hizo Trump y en lugar de criticar golpean la puerta para pertenecer a esta alianza mal llamada Occidental, que la ven liderada por y para siempre por EE. UU— que este orden mundial posee cierta vitalidad perdurable y no buscan en ese andamiaje presencia alguna que haga a la valoración de planos éticos y morales, imprescindibles en la faz constitutiva del Homo sapiens moderno. Negar esto es lo antiguo y no como dice un respetado amigo rionegrino que eso está en un segundo plano, ya que criticar lo hecho por Trump «refleja una visión anclada en categorías ideológicas del pasado». Y, como propone que el peronismo debe debatir esta cuestión, me sumo diciendo que no existe un nuevo orden como valor en sí mismo que impida su calificación. Entender la disputa entre potencias solamente desde las categorías de Carl Schmitt cuya única comprensión es saber distinguir «entre amigo y enemigo» y, por ende, ubicarse al lado de alguno no es tradición doctrinaria argentina. No hablo solamente del peronismo, que ha situado sabias posiciones del derecho internacional desde la defensa de la sacralidad de los pueblos y la jerarquización del concepto de soberanía nacional y el principio rector de la no intervención. Y, a pesar de no contar hoy con buena prensa, también la Argentina históricamente apuesta al multilateralismo como forma adecuada de relación con el mundo.
La frase que usa mi amigo rionegrino es dura y sugiero revise esa idea cuando dice que debemos optar por «alinearnos sin ambigüedades con EE. UU.», agregando en forma incorrecta el concepto geopolítico de Occidente, dando al pais del norte la exclusividad de ese valor y desconociendo que Europa en su mayoría es tan o más Occidente que el hoy país de Trump. No es cierto que la presencia en el mercado local de productos chinos sean la causa de la destrucción de la industria nacional, esto es consecuencia de políticas públicas de larga data, pero exacerbados desde hace dos años por Milei, Caputo y Sturzenegger. Allí reside la debacle del empleo argentino. Y entonces veo baladí usar el argumento «chino» como dato de acercamiento con EEUU.
Me resulta cómodo debatir con quienes considero inteligentes y no caen en el fácil consignismo político. En este caso difiero en todo y sostengo que la posición de no darle entidad filosófica y tomar como natural el bandolerismo de Trump es un apresuramiento intelectual equivocado.
Volviendo al hecho en sí, la clave fue la capacidad digital, cuántica y computacional avanzada de poder mirar a través del tiempo y del espacio para conocer todos, absolutamente todos, los detalles de la cotidianeidad de tu enemigo y tener un instrumento como la IA propia para unir esos datos —que, por separado, desde ya tenían la CIA, el FBI y otros servicios—, por medio del software que aportó Palantir, que los juntó e interpretó con claridad y precisión.
Este tipo de empresa pretende dar a lo que ellos consideran el «Occidente válido» la superioridad analítica para vencer contrincantes poderosos en el armamento tradicional. Este 3 de enero pudieron demostrarlo al capturar a Maduro.
La operación Resolución Absoluta tiene la esencial diferencia con cualquier otra intervención anterior no en la potencia de fuego o capacidad cuantitativa y logística militar sino en su «calidad predictiva». La función, cumplida con creces, no solo consistió en mover tropas sino en predecir hechos antes que ocurrieran, garantizando toda la cadena de utilización material en tiempo concreto en que se hacía y brindar a la maquinaria de guerra la precisión más exacta. El creador de Palantir, Karp, afirma que su empresa logra la convergencia entre el software y las posiciones difíciles y eso se demostró entrando con rapidez y facilidad en el anillo de seguridad del presidente venezolano, conociendo al dedillo qué se debía hacer, pero también sabiendo que iban a hacer los defensores más cercanos a Maduro. La plataforma —que brindaba imágenes satelitales, datos de radar y traía sintetizados miles de datos de redes sociales— les informó a los comandos donde estaba Maduro, pero también proporcionó la información hacia donde se correría una vez iniciado el ataque.
Esta mínima batalla incruenta para el agresor y muy cruenta para quien defendía posiciones, es la aparición como arma de guerra del determinismo y la certeza en tecnología. Con suficientes datos las ecuaciones van marcando el rumbo de una guerra.
¿Significa esto, parafraseando a Sarmiento que la pluma y la palabra tienen la potencia de la espada? Sí. Tenía cierta duda en dar esta respuesta tan categórica, pero sí. En estos conflictos modernos, la palabra —el código— seguramente se convertirá en la estructura más poderosa de las guerras.
El nuevo modelo, para dar una definición más exacta a lo que durante tantos años se nominó como el gran enemigo, ha pasado a ser el Complejo Militar-Algorítmico (ya no Militar-Industrial). Y no debe ser extraño a este Occidente que tanto valoran algunos políticos argentinos, esa vieja frase del historiador Huntington que dice que «Occidente no conquistó el mundo por tener mejores ideas sino por ser superior en utilizar violencia organizada». Entonces, el hecho que el poderío tecnológico está en disputa y esa violencia organizada no es patrimonio exclusivo ni superior de los EE. UU., es una mala noticia para quienes corren presurosos detrás de la supuesta hegemonía norteamericana, como si este dato, no tuviese el carácter provisorio que aquel filósofo de Sarandí tradujo al español: Omnia transeunt (todo pasa).
También pasará este momentáneo dominio estadounidense. Y nuestro país debe honrar tradiciones —como la Doctrina Drago[2]La Doctrina Drago, impulsada por el canciller argentino Luis María Drago en 1902, es un principio de derecho internacional que establece que ninguna potencia extranjera puede usar la fuerza militar … Continue reading— y no partir velozmente hacia el primer destello que aparece.
Osvaldo Nemirovsci
Diputado nacional (MC) por Río Negro. Presidente de la Comisión de Comunicaciones e Informática (2003/07). Ex coordinador general del Consejo Argentino de Televisión Digital (2009/2015). Director de Propuesta para la Industrialización y Recuperación de la Cultura Audiovisual (Pirca).
LEÉ TAMBIÉN

Gaza: narrativas en pugna y una política dominante sobre el terreno
POR RAMZY BAROUD | Mientras Estados Unidos, los países árabes y el Sur Global sostienen relatos divergentes sobre el futuro de Gaza y la Palestina ocupada, la política israelí se consolida como la única respaldada por acciones concretas. Expansión territorial, violencia sostenida y rechazo explícito a un Estado palestino configuran un escenario en el que el derecho internacional queda desplazado por hechos consumados y una creciente ausencia de rendición de cuentas.

Milei contra el cooperativismo, contra la historia
POR MIGUEL RODRÍGUEZ VILLAFAÑE | La Asamblea General de la ONU aprobó por una mayoría abrumadora una resolución que reconoce al cooperativismo como actor clave del desarrollo social, la inclusión y la lucha contra la pobreza. Argentina, por decisión del presidente Javier Milei, votó en contra y se alineó con Estados Unidos e Israel, en una postura que rompe con la tradición histórica del país y desconoce el papel central que cooperativas y mutuales tuvieron —y tienen— en la construcción económica, social y democrática del territorio.

Cuando los militares vuelven a la política, la democracia retrocede
POR BRUNO NÁPOLI Y ARIEL PENNISI | La designación de un militar activo en el gabinete vuelve a poner en primer plano una historia inocultable: las Fuerzas Armadas argentinas jamás fortalecieron la vida democrática, sino que la quebraron, dejando a su paso muerte, terrorismo de Estado, pérdida de soberanía y endeudamiento. Entre golpes, proscripciones, represiones internas y un negacionismo persistente, su tradición se revela incompatible con cualquier conducción civil de la política. Frente a un gobierno que revive ese ideario, el debate ya no es solo quién controla a quienes nos controlan, sino si una democracia plena puede sostener instituciones cuya razón siempre fue disciplinar a la sociedad, no su defensa.
Notas
| ↑1 | Un petabyte (PB) es una unidad masiva de almacenamiento digital que equivale a mil terabytes (TB) o un millón de gigabytes (GB), representando un cuatrillón (10¹⁵) de bytes, usado para grandes volúmenes de datos en la nube, centros de datos y big data, con la capacidad de guardar cientos de miles de películas en HD o billones de páginas de texto |
|---|---|
| ↑2 | La Doctrina Drago, impulsada por el canciller argentino Luis María Drago en 1902, es un principio de derecho internacional que establece que ninguna potencia extranjera puede usar la fuerza militar para cobrar deudas públicas a naciones americanas, protegiendo la soberanía y la igualdad entre estados. Surgió como respuesta al bloqueo naval a Venezuela por parte de Gran Bretaña, Alemania e Italia, reafirmando la no intervención y promoviendo el arbitraje internacional para resolver disputa. |


