Tecnología digital en el proceso electoral de Brasil, una alerta para Argentina
Las denuncias por restricciones en las plataformas digitales, la circulación de contenidos falsos generados con inteligencia artificial y las disputas por el control de la conversación pública convierten a Brasil en una advertencia para la Argentina. De cara a las elecciones de 2027, la experiencia brasileña plantea interrogantes sobre la soberanía digital, la transparencia de las plataformas y la capacidad de las instituciones para garantizar condiciones equitativas en la competencia electoral.
Computador Científico. Profesor TIC en la Universidad Nacional de Moreno (UNM). Integrante de la Red de Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Sociedad (Placts).
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IDEAS CLAVE
1. Las plataformas digitales, actores de la disputa electoral – Las denuncias contra Meta por presuntas restricciones a las publicaciones de Lula ponen en discusión el poder de las empresas tecnológicas para incidir en la visibilidad de los candidatos y las condiciones de la competencia política.
2. La inteligencia artificial amplifica la desinformación – Los deepfakes, los respaldos electorales ficticios y los contenidos sintéticos permiten construir escenas inexistentes, simular adhesiones y atribuir declaraciones falsas a los candidatos.
3. La disputa electoral trasciende las fronteras nacionales – El texto advierte sobre la articulación de actores políticos y tecnológicos transnacionales y su capacidad para intervenir en las conversaciones públicas de América Latina.
4. Las reglas electorales necesitan mecanismos efectivos de cumplimiento – La experiencia brasileña muestra la importancia de las normas sobre contenidos generados con IA, la transparencia algorítmica y las obligaciones de las plataformas. Los compromisos empresariales voluntarios plantean interrogantes sobre su eficacia.
5. La defensa democrática también requiere ciudadanía crítica – Verificar las fuentes, contrastar información y evitar la difusión impulsiva de contenidos son prácticas fundamentales para reducir la circulación de operaciones de desinformación.
6. Las elecciones argentinas de 2027, ante un desafío anticipado – El caso brasileño invita a discutir qué capacidades regulatorias, institucionales y ciudadanas necesita la Argentina para afrontar una campaña atravesada por la IA y el poder de las grandes plataformas.
El equipo de campaña del presidente Lula, denunció ante el Tribunal Superior Electoral y la Agencia de Protección de Datos de Brasil un trato desigual del gigante tecnológico Meta, que dirige el multimillonario Mark Zuckerberg.
La denuncia explicita la interferencia de la plataforma de contenidos Meta en el proceso electoral al bloquear la promoción de publicaciones en Instagram, reducir el registro de visualizaciones de su cuenta oficial y hacer que su perfil desapareciera temporalmente del buscador.
Lula, en una defensa soberana del proceso democrático brasilero, ha denunciado intentos de injerencia electoral de su par estadounidense Donald Trump para favorecer a Bolsonaro. El gobierno del presidente brasileño, que intensifica su campaña en redes digitales para el balotaje, evalúa si las grandes empresas tecnológicas pueden servir como canal para ese propósito.
Estos hechos ocurrieron una semana después de la primera vuelta, en la que Flavio Bolsonaro quedó primero con el 47 % de los votos, pese a que las encuestas daban a Lula (45 %) como favorito. El equipo de campaña del Partido de los Trabajadores (PT) y el gabinete de Lula aseguró que Meta «impidió que el perfil del presidente Lula promocionara publicaciones del feed en Instagram», mientras que una publicación de su cuenta oficial «sufrió una interrupción en el registro de visualizaciones, lo que afectó su alcance».
La denuncia también sostuvo que las publicaciones de Bolsonaro tienen más interacciones —pese a tener menos seguidores, algo que matemáticamente es contradictorio— y que antes de la primera vuelta la cuenta de Lula y de otros dirigentes de izquierda «desaparecieron repentinamente del buscador de Instagram».
La sucesión de problemas técnicos que la empresa no ha explicado despierta fuertes sospechas de que las acciones de Meta constituyen un intento de interferir en el proceso electoral brasileño, sesgando sus acciones a favor de Bolsonaro. Por lo cual el Tribunal Superior Electoral (TSE) pidió al gigante de las redes sociales aclarar si redujo la difusión de las publicaciones y explicar las anomalías denunciadas.
En un correo electrónico, la oficina de Meta en Brasil expresó a la AFP (Agence France Presse) que cumple con las normas electorales, por lo que «las alegaciones son simplemente falsas y no encuentran respaldo en los hechos». Rechazó las acusaciones y argumentó que las fallas reportadas, como un error global en el contador de reels el 7 de octubre, afectaron a más de cien países y a múltiples cuentas.
Meta agregó que «muchos de los problemas técnicos mencionados no afectaron exclusivamente a Brasil ni a cuentas específicas». Y añadió que «estamos comprometidos con la igualdad de condiciones en el uso de nuestras plataformas». El TSE, por su parte, solicitó a Meta «informar, perfil a perfil, todas las medidas aplicadas a las cuentas oficiales de Lula», además de «explicar las anomalías en las métricas» de los videos.
Vale recordar, que el presidente estadounidense intentó interferir en las decisiones de la Corte Suprema brasileña a favor de los intereses de las llamadas big tech, lo que constituye más que una evidencia de ese interés compartido mutuamente.
La narrativa electoral en las redes digitales
Los sectores alineados con Flavio Bolsonaro, tradicionalmente dominantes en el ecosistema digital brasileño, han capitalizado el resultado de la primera vuelta instalando una narrativa de «fin de ciclo» de Lula.
Organismos de verificación e informes de portales como Chequeado han detectado campañas con deepfakes y piezas manipuladas mediante IA que buscan desgastar la figura del presidente Lula. Entre ellas, circuló un video falso alegando que Lula planeaba un golpe de Estado si perdía, así como montajes falsos sobre conductas del presidente en los centros de votación, los cuales el Tribunal Superior Electoral (TSE) ordenó remover.
Lejos de aceptar una narrativa de derrota, la campaña de Lula ha reestructurado por completo su comando de comunicación para dar una «remontada digital» de cara a la segunda vuelta. A sus ochenta años, Lula adoptó formatos más directos, publicando videos estilo selfie, mostrándose con energía para ingresar corriendo al acto en la avenida Paulista de San Pablo, para contrarrestar el lenguaje orgánico de la derecha.
Asimismo, para movilizar a los más de 33 millones de brasileños que se abstuvieron en la primera ronda, la campaña oficialista ha reclutado a políticos jóvenes con alta presencia digital y sumado el apoyo organizado de comunidades de fans (fandoms) de grandes artistas de la cultura popular brasileira.
Por otro lado, la cúpula del PT escaló la disputa al terreno judicial e institucional, denunciando ante el TSE sesgo algoritmíco y restricciones de alcance y bloqueos injustificados a los contenidos del presidente Lula en las plataformas Instagram y Facebook.
La inteligencia artificial y la desinformación electoral en Brasil
Desde votantes irreales hasta imágenes de hechos inexistentes, el uso de la inteligencia artificial (IA) se consolidó como una de las principales herramientas para desinformar en el proceso electoral de Brasil. Y desde los centros diseñados por Steve Bannon promueven el uso de la inteligencia artificial y sus herramientas El uso más frecuente de esta tecnología se aplicó a la creación de deepfakes con millones de visualizaciones para simular falsos respaldos a uno u otro candidato.
A pesar de las reglas y acuerdos fijados por la Justicia Electoral, la inteligencia artificial es utilizada de forma irregular incluso por los propios candidatos. El problema se ve agravado por la falta de etiquetado de contenidos en las principales plataformas de redes sociales.
El 86 % de la población —o sea, 180 millones de personas— tienen acceso a internet en Brasil. De esa cifra, 144 millones son usuarios activos de redes digitales sociales y pasan en promedio tres horas diarias en redes como Instagram, Facebook, X y Tiktok, donde en tiempos de campaña los contenidos enviados presentan sesgos definidos a favor del candidato sostenido por Donald Trump.

¿Cuáles son las tendencias de desinformación con IA en la campaña de Brasil?
El uso más frecuente está en la producción y creación de deepfakes, imágenes o audios sintéticos realistas para simular falsos respaldos a uno u otro candidato. Un ejemplo son los videos o imágenes del presidente estadounidense Trump en apoyo a Bolsonaro o los videos donde se muestran la inconformidad de una persona por al aumento de los precios en los supermercados.
Según las normas electorales, la propaganda debe aclarar cuándo utiliza IA en su producción. Sin embargo, esto no se cumple: se han publicado contenidos sintéticos sin ningún tipo de etiqueta. Lo más habitual es la difusión de placas ilustradas con imágenes sintéticas o creadas íntegramente con este tipo de herramientas.
Un relevamiento de Aos Fatos (A los hechos) identificó decenas de videos que sumaban casi ocho millones de visitas en TikTok de votantes artificiales declarando su apoyo a Lula o a Bolsonaro. Los deepfakes también han alcanzado a los propios candidatos a la presidencia para forjar promesas que nunca pronunciaron y escenas que nunca ocurrieron.
La IA se utiliza para simular cercanía entre el candidato y el electorado, con videos de falso contacto y presencia en las calles; crear piezas humorísticas y memes, tanto críticos como de apoyo; crear una tendencia que también aparece en los contenidos verificados por Aos Fatos.
¿Qué hizo el TSE?
La propaganda electoral en Brasil está regulada por el TSE. El tribunal establece reglas específicas tanto para las campañas políticas como para las plataformas.
En relación con la campaña, la Corte dispuso, por ejemplo, que toda propaganda con IA debe estar etiquetada y no puede contener material desinformativo. Además, las campañas tienen prohibido usar chatbots para simular una comunicación con el candidato o realizar envíos masivos de mensajes. En cuanto a las plataformas, el TSE prevé la responsabilidad civil y administrativa en caso de que se nieguen a retirar contenido irregular tras ser notificadas o si permiten la circulación de contenidos sintéticos sin las correspondientes etiquetas.
En las elecciones de 2026 el TSE, incorporó nuevas reglas como:
- La prohibición de pagos en forma de premios por publicaciones con contenido político-electoral, un claro intento de evitar lo sucedido en 2024, cuando un candidato organizó «torneos de recortes» que consistió en premios en metálico para animar a sus seguidores a compartir cortes de sus vídeo.
- La obligación de que las plataformas elaboren planes de cumplimiento, que funcionarán como una hoja de ruta de rendición de cuentas sobre las medidas adoptadas para la contención de daños.
Las reglas para los deepfakes se establecieron a comienzos de septiembre, luego de que la campaña de Bolsonaro difundiera un video generado con IA de Bolsonaro en un evento. El tribunal determinó que este tipo de material solo estaría prohibido si se encuadraba como propaganda electoral.
El tribunal también publicó una guía de buenas prácticas sobre el uso de la IA. Entre los principios se destacan la protección de la integridad de la información, el respeto por los datos personales y la privacidad, y la transparencia en el uso de esta tecnología.
¿Y qué hicieron las big techs?
Las principales empresas de tecnología firmaron acuerdos sin fuerza vinculante con el TSE para anunciar qué medidas prevén adoptar para prevenir o mitigar riesgos.
En cuanto a la identificación de la IA, las compañías prometieron un etiquetado automático y campos de autodeclaración. Sin embargo, este compromiso no se está cumpliendo y, hasta el momento, representa el problema más frecuente en los procesos electorales vinculados a las nuevas reglas.
Los chatbots también contarían con filtros de rechazo para impedir que recomienden votar por algún candidato. Asimismo, las big techs se comprometieron a evitar que sus API realicen envíos automatizados.
Las plataformas también deben respetar la veda entre las 72 horas previas a los comicios y hasta veinticuatro horas después del cierre de la votación. La promesa es que aplicarán mecanismos de restricción temporal para bloquear nuevos contenidos sintéticos durante ese período.
Otro de los compromisos fue la implementación de trabas para impedir la generación de deepnudes (videos con imágenes de personas desnudas) para proteger a las candidatas y frenar la violencia política de género.
Sin embargo, tres empresas —Meta, Telegram y X— dejaron en claro que se eximen de cualquier responsabilidad en caso de no cumplir con lo que ellas mismas propusieron.
Los influencers que orientan la elección en Brasil ahora son IA
Cuando la influencer política Doña María se sienta ante un micrófono para explicar a los brasileños qué está mal en su país y cómo el presidente Luiz Inácio Lula da Silva lo está empeorando, todos escuchan con atención cada una de sus palabras.
Los precios en el supermercado se están disparando, afirma. Las conversaciones con Trump ponen de manifiesto su incompetencia en política exterior. Ningún tema está fuera de los límites para Doña María, cuyos videos han acumulado millones de visualizaciones y miles de «me gusta» a lo largo de su trayectoria.
Esta anciana brasileña, vestida muy sencilla, parece pertenecer a un sector demográfico donde el líder de izquierda tiene sus fieles seguidores. Sin embargo, se ha ganado un gran número de seguidores en TikTok e Instagram con su ola de críticas hacia el mandatario difundiendo sus opiniones mediante entrevistas en publicaciones de derecha.
Solo hay un problema: Doña María no es humana. Está generada íntegramente con inteligencia artificial. Brasil, que estuvo a la vanguardia del debate sobre el uso de X y WhatsApp en la política, es ahora un importante campo de pruebas para la IA en tiempos electorales. Esa tecnología ya ha alterado elecciones en Europa, India y América Latina, avivando la preocupación por los deepfakes y otros contenidos maliciosos.
La mayor economía de América Latina se destaca también porque es una de las democracias más conectadas a Internet y polarizadas del mundo, lo que significa que los creadores de contenidos artificiales, como Doña María —comandados desde los centros de poder diseñados por Steve Bannon y sus seguidores, como el argentino Cerimedo y el bresilero Eduardo Bolsonaro— plantean un desafío sin precedentes para las autoridades electorales.
La IA está haciendo que las campañas sean más artificiales que nunca, al tiempo que difumina la línea entre la realidad y la ficción. Lo que cambió no es la intención de intervenir sobre los procesos democráticos, sino la escala, los instrumentos, la velocidad y la concentración del poder tecnodigital.
Hoy, los procesos electorales enfrentan una amenaza creciente de intervenciones tecnológicas transnacionales. Las urnas ya no constituyen el objetivo principal, sino la última instancia de un proceso de hacking electoral que resulta urgente comprender para defender las democracias. En ese escenario, América Latina ocupa un lugar central en la estrategia geopolítica de Estados Unidos.
Frente a este tipo de guerra cognitiva digital, la primera defensa consiste en fortalecer el pensamiento crítico y la alfabetización mediática. Resulta indispensable impedir que emociones primarias como el miedo o la ira sustituyan al juicio reflexivo y alimenten la circulación de desinformación. La primera recomendación es sencilla: no compartir contenidos de manera impulsiva.
Las operaciones cognitivas buscan precisamente provocar respuestas automáticas mediante contenidos falsos. Por eso conviene detenerse, verificar las fuentes y reducir la capacidad de propagación de las campañas de influencia. Antes de considerar verdadero un contenido —especialmente si se trata de imágenes o videos— es recomendable contrastarlo con medios confiables y plataformas especializadas en verificación de datos.
También resulta fundamental diversificar las fuentes de información y evitar quedar atrapados en las llamadas «burbujas de filtros» o cámaras de eco, donde los algoritmos muestran únicamente contenidos que refuerzan nuestras propias creencias y sesgos.
Desde esta perspectiva, las elecciones de 2027 en la Argentina es una condición necesaria, pero no suficiente, para interrumpir el actual proceso de cesión de soberanía. Ese objetivo solo podría alcanzarse mediante una amplia participación ciudadana.
La dignidad que simbolizó la Scaloneta en el Mundial aparece finalmente como una referencia identitaria capaz de inspirar un nuevo proyecto colectivo para la Argentina.


