Una generación que aprende a vivir al margen del Estado

A partir de una investigación de la Universidad Nacional de Avellaneda (Undav) sobre los consumos digitales juveniles, Santiago Hernández analiza una generación que no abandonó la política, sino que comenzó a organizar su vida por fuera de las instituciones. Individualismo, meritocracia, comunidad y una nueva relación con el Estado configuran ese desplazamiento.

IDEAS CLAVE

1. El individualismo no elimina la comunidad Los jóvenes valoran el esfuerzo personal, pero también consideran indispensable la cooperación con otros. Su individualismo tiene límites y convive con formas concretas de solidaridad.

2. Se agotó la épica del emprendedor La expectativa de construir una empresa propia fue reemplazada, en parte, por una lógica de oportunidad y azar: estabilidad como piso y posibilidad de “pegarla” como apuesta.

3. La política se desplazó Más que abandonar la política, esta generación parece practicar formas de “infrapolítica” en espacios cotidianos, digitales, barriales y comunitarios, lejos de partidos y sindicatos.

4. El Estado sigue siendo necesario, pero desde otro lugar No aparece como organizador de la vida cotidiana, sino como garante último de protección y contención mientras las personas resuelven su existencia en redes más próximas.

Santiago Marino

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