Cuando las palabras esconden lo que nombran

Imagen de la película Dr. Strangelove de Stanley Kubrick.(1964), una aclamada sátira de humor negro sobre la Guerra Fría y el peligro de una guerra nuclear
¿Te estresa la política?

POR ESFERA REDACCIÓN | En un artículo publicado en The Conversation, el politólogo Stephen Neely, profesor de la Universidad del Sur de Florida, analiza el fenómeno del estrés político en Estados Unidos y el papel que desempeñan las redes sociales en su expansión.

Según los resultados de varias encuestas nacionales realizadas durante 2024, alrededor de cuatro de cada diez adultos estadounidenses reportaron haber experimentado reacciones significativas de estrés vinculadas con la política en el último mes. Entre los efectos más comunes aparecen conflictos con familiares o amigos, problemas de sueño y dificultad para desconectarse de la información política.

De acuerdo con el autor, una diferencia clave con respecto a los medios tradicionales es que las redes sociales distribuyen la información *mediante algoritmos diseñados para maximizar la interacción, lo que favorece contenidos que generan emociones intensas como indignación, miedo o confrontación. Esa lógica aumenta la exposición constante a conflictos políticos y amplifica su impacto psicológico.

El estudio también muestra que la participación activa —comentarios, discusiones o publicaciones— intensifica el efecto. Cuanto mayor es la interacción política en redes, mayor tiende a ser el nivel de estrés reportado por los usuarios.

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Pasiones tristes al servicio del capital y el fascismo (o el porqué del odio en redes)

POR ESFERA REDACCIÓN | En un artículo publicado en CTXT, la socióloga Nuria Alabao analiza cómo las redes sociales se han convertido en un terreno propicio para la difusión del odio y la polarización política.

Según la autora, las plataformas digitales no solo reflejan conflictos sociales preexistentes, sino que también los amplifican mediante sus modelos de negocio, basados en la atención y la viralidad. Los contenidos más emocionales o conflictivos —entre ellos los discursos de odio— tienden a circular más rápido y a generar mayor interacción.

Alabao sostiene que esta dinámica se vincula con el funcionamiento del capitalismo digital, donde las plataformas monetizan la atención y los datos de los usuarios. En ese contexto, los mensajes polarizantes o agresivos pueden resultar funcionales a la lógica económica de las redes.

El artículo plantea que comprender esta relación entre tecnología, economía y comunicación es clave para analizar el auge contemporáneo de los discursos extremistas y para pensar posibles formas de regulación o intervención pública.

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