La política de la desconexión: gobernar fragmentando la conciencia pública
Este texto retoma y sintetiza una extensa reflexión del pedagogo y ensayista crítico Henry A. Giroux, publicada en Counterpunch, que ofrece una clave potente para leer una época atravesada por la distracción permanente, el shock mediático y la fragmentación de la conciencia pública. Giroux analiza cómo esa dinámica funciona como una política activa de despolitización y normalización del autoritarismo, un marco conceptual que permite pensar no solo el trumpismo, sino también otras experiencias contemporáneas de gobierno basadas en la desconexión social, incluida la Argentina de Javier Milei.

La tesis central de la nota de Giroux es tan contundente como inquietante: la desconexión no es un efecto colateral del caos político contemporáneo, sino una política deliberada. Un modo de gobierno que opera fragmentando la conciencia pública, disolviendo los vínculos entre hechos, causas y responsabilidades, y entrenando a la ciudadanía para reaccionar emocionalmente en lugar de pensar históricamente. En ese marco, la distracción permanente, el shock continuo y el espectáculo mediático no encubren el poder: lo ejercen.
Este resumen retoma los ejes conceptuales del texto de Giroux y sigue la estructura argumental original para mostrar cómo, bajo la administración Trump, la violencia estatal, el militarismo y la represión cultural se articulan en un proyecto coherente de despolitización. Un marco analítico que, además, resulta clave para comprender experiencias contemporáneas de gobierno autoritario, incluida la lógica política que atraviesa hoy a la Argentina de Javier Milei.
El caos como método: distracción y terrorismo de Estado
Giroux parte de una crítica a la idea, extendida en los grandes medios, de que el trumpismo encarna un simple desorden errático. La imagen del «huracán humano» —popularizada por análisis periodísticos— resulta insuficiente. Lo que se presenta como caos es, en realidad, una técnica de poder. Trump no gobierna a pesar de la distracción: gobierna mediante ella.
La acumulación incesante de controversias, crisis y actos violentos no busca ocultar decisiones aisladas, sino impedir que la sociedad pueda ensamblar una comprensión sistémica del poder. En este régimen, la violencia deja de aparecer como estructural y se percibe como una sucesión de episodios inconexos. Así, el terrorismo de Estado ya no se manifiesta como un acontecimiento excepcional, sino como una secuencia continua de rupturas calculadas que desgastan la capacidad de análisis colectivo y normalizan la crueldad.
Giroux define este proceso como una forma doméstica de terrorismo: no orientada solo a castigar cuerpos, sino a intimidar conciencias, desorientar la percepción pública y producir agotamiento cívico.
Réplicas del poder: acción cinética y pedagogía del shock
Apoyándose en el historiador Nikhil Pal Singh, Giroux describe el despliegue del poder autoritario a través de «réplicas»: impactos sucesivos diseñados para generar indignación emocional intensa, pero breve. Cada conmoción desplaza a la anterior antes de que pueda ser comprendida en profundidad.
La llamada «acción cinética» se convierte así en una nueva gramática de gobernanza.[1]En términos militares, «acción cinética» es la aplicación de la fuerza o movimiento que puede producir daño físico. Redadas espectaculares, operativos militarizados, detenciones a punta de pistola y demostraciones de fuerza extrema no buscan solo imponer orden, sino enseñar miedo. Son actos pedagógicos que instruyen a la población sobre los límites de lo decible, lo protestable y lo imaginable.
En este contexto, la brutalidad se vuelve episódica, no sistémica; el análisis se reemplaza por la reacción; y la indignación, cuidadosamente administrada, se consume antes de transformarse en conciencia política. La fragmentación de la experiencia pública no es accidental: es la condición necesaria para que el autoritarismo avance sin rendir cuentas.
Despolitización por diseño: el asesinato de Renée Good
El caso de Renée Nicole Good funciona en el texto de Giroux como un ejemplo paradigmático de esta política de desconexión. En enero de 2026, mientras Estados Unidos protagonizaba un secuestro internacional del presidente venezolano Nicolás Maduro, la atención pública fue rápidamente desplazada hacia otro acto de violencia estatal: el asesinato de Good, una mujer de 37 años, madre, abatida por un agente del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos, más conocido por su acrónimo en inglés ICE, durante un operativo migratorio en Minneapolis.
Lejos de abrir un debate nacional sobre el uso letal de la fuerza federal, el gobierno respondió redoblando la represión. El hecho fue reencuadrado como una amenaza terrorista interna y utilizado como justificación para lanzar la Operación Salvo, una escalada nacional de redadas y operativos del ICE acompañados por propaganda oficial.
Según Giroux, este giro revela el funcionamiento profundo de la distracción como tecnología de despolitización. El asesinato no se analiza como parte de una estructura de violencia racializada, sino como un incidente aislado, inmediatamente absorbido por una nueva ola de espectáculos mediáticos.
Racismo estructural y fusión entre política exterior e interior
La muerte de Renée Good no es una anomalía, sino la expresión de una violencia racista que, bajo Trump, se ha vuelto rutinaria. Giroux retoma aquí los aportes del historiador Greg Grandin para mostrar cómo las lógicas de dominación imperial han borrado la frontera entre la política exterior y la represión interna.
La misma gramática de fuerza que se despliega en el extranjero se aplica dentro de las fronteras nacionales. Ciudades tratadas como territorios hostiles, comunidades racializadas convertidas en objetivos permanentes y una ciudadanía gobernada por el miedo revelan un Estado que ya no distingue entre guerra y seguridad interna.
La distracción mediática cumple aquí una función clave: impide reconocer esta continuidad. Cada acto aparece separado del anterior, despojado de historia y de contexto, neutralizando cualquier lectura estructural del autoritarismo en curso.
Neoliberalismo invisible y política de la desconexión
Para Giroux, el núcleo económico de esta forma de gobierno es el neoliberalismo, una ideología dominante que ejerce su poder precisamente a través de su anonimato. Al no nombrarse a sí misma, logra presentar sus efectos devastadores —desigualdad extrema, desmantelamiento de lo público, precarización de la vida— como fracasos aislados en lugar de consecuencias sistémicas.
La política de la desconexión separa el sufrimiento privado de la responsabilidad pública. La pobreza, la inseguridad alimentaria o el colapso de las infraestructuras se experimentan como desgracias individuales, no como productos de un orden económico específico. En estas condiciones, el autoritarismo encuentra terreno fértil: el miedo reemplaza a la solidaridad y la indignación se disuelve antes de convertirse en acción colectiva.
Militarismo sin límites: imperio afuera, ocupación adentro
Uno de los ejes más desarrollados del texto es la expansión del militarismo como lógica de gobierno. Giroux sostiene que, bajo Trump, el poder militar se ha desvinculado de la rendición de cuentas democrática y del derecho internacional, transformándose en una fuerza errante al servicio de la dominación.
Las amenazas y agresiones contra países como Venezuela, México o Cuba no son episodios aislados, sino parte de un orden imperial que ya no necesita justificaciones liberales. La fuerza se vuelve un instrumento ordinario de la política, mientras la soberanía ajena se redefine como obstáculo.
Esta misma lógica se internaliza a través de la militarización del ICE. Redadas con helicópteros, armas de guerra, detenciones arbitrarias y disparos contra civiles convierten barrios enteros en zonas ocupadas. No se trata de excesos, advierte Giroux, sino de una ocupación doméstica que enseña obediencia mediante el terror.
Medios corporativos y lavado del autoritarismo
El papel de los grandes medios resulta central en esta arquitectura de poder. Según Giroux, lejos de interpelar al militarismo, las corporaciones mediáticas lo legitiman. Repiten los marcos oficiales, celebran las demostraciones de fuerza y omiten preguntas básicas sobre legalidad, ética y consecuencias humanas.
Esta cobertura no solo informa: educa. Enseña a percibir la violencia como inevitable, la guerra como entretenimiento y la represión como seguridad. Al vaciar los hechos de historia y contexto, los medios contribuyen a la política de la desconexión, entrenando a la ciudadanía para observar sin comprender.
Educación superior bajo asedio
La ofensiva autoritaria se extiende al campo educativo. Giroux describe cómo las universidades, tradicionalmente espacios de crítica y debate, son reconfiguradas como amenazas a la seguridad nacional. Estudiantes y docentes que cuestionan el militarismo o el racismo son estigmatizados como extremistas.
La respuesta institucional suele ser el silencio o una neutralidad que funciona como complicidad. Bajo presión política y financiera, las universidades recortan contenidos, vigilan al profesorado y desalientan la protesta. El resultado es una pedagogía del retraimiento que forma sujetos temerosos en lugar de ciudadanos críticos.
Fascismo neoliberal y lucha por el lenguaje democrático
En su cierre, Giroux plantea que lo que emerge no es un simple retorno al autoritarismo clásico, sino la consolidación de un «fascismo neoliberal» que gobierna gestionando la conciencia. Un proyecto pedagógico que normaliza la crueldad, vacía la política de sentido y destruye el lenguaje necesario para nombrar la injusticia.
Frente a este escenario, la resistencia exige reconstruir un lenguaje democrático capaz de reconectar lo que el poder fragmenta: militarismo, racismo y desigualdad como partes de una misma estructura. Recuperar la educación como espacio de lucha, la memoria histórica como antídoto contra la amnesia y la política como práctica colectiva resulta, para Giroux, una condición indispensable para cualquier renovación democrática.
La alternativa a la política de la desconexión no es solo la denuncia, sino la reconstrucción del sentido común democrático. Sin esa tarea, advierte Giroux, la fragmentación seguirá siendo el principal aliado del autoritarismo.
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Notas
| ↑1 | En términos militares, «acción cinética» es la aplicación de la fuerza o movimiento que puede producir daño físico. |
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