La nueva fase del colonialismo: cuando los datos se convierten en poder
Lejos de ser una metáfora provocadora, Resistir al colonialismo de datos propone una lectura rigurosa y política del ecosistema digital contemporáneo. Este volumen, que reúne a un colectivo internacional de autoras y autores, advierte que la extracción masiva de datos constituye una nueva fase del colonialismo histórico. Utilizando marcos conceptuales, análisis críticos y experiencias concretas de resistencia, la obra ofrece herramientas para comprender cómo opera este régimen de poder —articulado con el capitalismo racial y las tecnologías digitales— y cómo puede ser enfrentado desde prácticas colectivas y descoloniales.

El libro comienza con un texto de Nick Couldry,[1] Nick Couldry es profesor de medios, comunicación y teoría social del departamento de Medios y Comunicaciones en London School of Economics que funciona como marco conceptual del conjunto. Couldry sostiene que el colonialismo no es una estructura superada, sino una lógica histórica que hoy experimenta una mutación profunda: la conversión sistemática de la vida social en datos extraíbles.
De acuerdo con su planteo, las empresas tecnológicas y los Estados capturan de manera continua los flujos cotidianos de la existencia —movimientos, interacciones, decisiones, emociones— y los transforman en valor económico y en nuevas formas de control. Esta extracción no ocurre de modo aislado, sino acumulativo: los datos recolectados en distintos momentos se combinan para producir conocimiento asimétrico y, con él, poder concentrado.
El análisis señala que esta dinámica reproduce la lógica del despojo colonial clásico, aunque bajo formas menos visibles. Los «colonizadores» ya no se presentan como conquistadores explícitos, sino como plataformas, aplicaciones y servicios integrados a la vida diaria, cuya aparente neutralidad tecnológica oculta relaciones profundamente desiguales.
La tesis que atraviesa el libro es clara: la vida social se ha convertido en un territorio de extracción permanente. Lo que antes fueron tierras y recursos, hoy también son vínculos, decisiones y emociones convertidas en datos, capturados de manera continua por plataformas y Estados bajo una renovada lógica colonial.
Lejos de una reflexión abstracta, Couldry propone este diagnóstico como un llamado a la acción. Comprender el colonialismo de datos —advierte— implica reconocer una continuidad histórica de más de cinco siglos de extracción y asumir que la resistencia debe ser colectiva, política y situada. Esta tesis inicial organiza y potencia el sentido del libro en su totalidad.
Nombrar el problema para poder resistirlo
Algo está mal con la extracción de datos. Con esa afirmación contundente se presenta Resistir al colonialismo de datos, una obra que propone pensar el universo digital desde una perspectiva histórica, crítica y descolonial. El libro es el resultado de un proceso colectivo impulsado por la red Tierra Común, con el acompañamiento de la Fundación Friedrich Ebert (FES), y reúne aportes de investigadoras e investigadores de distintas regiones y tradiciones intelectuales. La coordinación general estuvo a cargo de Omar Rincón, referente del pensamiento comunicacional latinoamericano, lo que se traduce en una obra con fuerte anclaje político, sensibilidad cultural y vocación pedagógica. Según el estudio introductorio, el colonialismo de datos constituye un régimen de poder que articula extracción, acumulación y control, en continuidad con el colonialismo histórico, pero con una escala y una naturalización inéditas.

El análisis advierte que la datificación de la vida no es un proceso neutral ni inevitable. Por el contrario, responde a decisiones técnicas, económicas y geopolíticas concentradas en un reducido número de actores globales, principalmente grandes corporaciones tecnológicas y Estados. En ese marco, la vida cotidiana —desde la comunicación interpersonal hasta el consumo cultural— se convierte en materia prima de un sistema orientado a la acumulación de valor y al ejercicio del control social.
Lejos de limitarse a un diagnóstico teórico, el libro se define como una «intervención práctica». Su propósito es ofrecer herramientas conceptuales para nombrar el problema, identificar sus manifestaciones concretas y construir estrategias colectivas de resistencia.
Cómo funciona el colonialismo de datos
La primera parte del libro construye un marco para la resistencia a través de cinco capítulos centrales. En el primero, Alejandro Mayoral sostiene que el colonialismo de datos no debe ser leído como una metáfora, sino como una estructura real de poder. Recuperando la noción de matriz colonial de poder de Aníbal Quijano, el análisis señala que las tecnologías digitales reproducen y amplifican los dominios históricos del colonialismo: economía, autoridad, conocimiento y control de los cuerpos.
El segundo capítulo, a cargo de Nai Lee Kalema, profundiza en la relación entre colonialismo de datos y capitalismo racial digital. De acuerdo con el análisis, el capitalismo nunca ha sido neutral, y su versión digital continúa organizándose sobre jerarquías raciales que determinan quién produce datos, quién los controla y quién se beneficia de ellos.
En el tercer capítulo, Teresa Numerico examina el vínculo entre ciencia, abstracción y violencia. El texto advierte que la inteligencia artificial y los sistemas algorítmicos operan como dispositivos que naturalizan decisiones profundamente políticas, al reducir experiencias humanas complejas a modelos abstractos y descontextualizados.
El cuarto capítulo, desarrollado por Gabriel Pereira y Nick Couldry, analiza los daños concretos del colonialismo de datos en el presente. El informe advierte que la extracción masiva de información impacta sobre derechos fundamentales, profundiza la vigilancia, debilita la democracia y consolida asimetrías globales de poder.
Lejos de un diagnóstico abstracto, el libro desarma el colonialismo de datos pieza por pieza. Cada capítulo identifica actores, mecanismos y efectos concretos de un sistema que se presenta como inevitable, pero que reproduce desigualdades históricas bajo una nueva gramática tecnológica.
El quinto capítulo, de Joana Varón, se centra en el modo en que las prácticas de datos borran formas de vida, identidades y relaciones con los cuerpos, especialmente en los campos del género y la sexualidad. El análisis señala que la colonialidad también organiza subjetividades y normas sociales.
La segunda parte del libro reúne historias de resistencia: experiencias situadas que van desde luchas contra la minería y los centros de datos hasta campañas contra la vigilancia digital, el trabajo en plataformas y las estafas algorítmicas. Finalmente, la obra cierra con un llamado a la acción que propone principios descoloniales y un glosario conceptual, orientados a sostener prácticas colectivas de transformación.
Lo que el libro deja en claro es que el colonialismo de datos no es un problema técnico ni un debate de especialistas. Atraviesa derechos, democracias y formas de vida. Pensarlo —y resistirlo— implica decidir desde dónde se mira la tecnología y para quién trabaja.
Por qué este libro importa
Resistir al colonialismo de datos es un libro necesario para comprender críticamente la cultura digital contemporánea. Su principal aporte no reside solo en describir un fenómeno emergente, sino en inscribirlo en una historia larga de dominación, extracción y desigualdad. Al hacerlo, desmonta la idea de que la tecnología es neutral y obliga a repensar la relación entre datos, poder y democracia.
Desde una perspectiva comunicacional y política, la obra interpela de manera particular a América Latina, una región históricamente atravesada por dinámicas coloniales que hoy se reconfiguran en clave digital. El libro invita a mirar plataformas, algoritmos e inteligencias artificiales no como simples herramientas, sino como territorios en disputa.
En tiempos en que la datificación de la vida se presenta como inevitable, este trabajo colectivo recuerda algo fundamental: toda forma de poder puede ser cuestionada. Frente al colonialismo de datos, la alternativa no es el rechazo tecnofóbico ni la adaptación pasiva, sino la construcción de resistencias basadas en justicia social, soberanía tecnológica y acción colectiva.
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Notas
| ↑1 | Nick Couldry es profesor de medios, comunicación y teoría social del departamento de Medios y Comunicaciones en London School of Economics |
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