La Argentina frente a la inteligencia artificial: entre la expectativa social y el riesgo de quedar rezagados
La inteligencia artificial ya está transformando la economía, el trabajo y la vida cotidiana, pero lo hace de manera desigual y sin una hoja de ruta clara. Una encuesta realizada por el Centro para la Evaluación de Políticas basadas en Evidencia (CEPE–Di Tella) y Fundar en Argentina y Uruguay muestra una sociedad expectante, atravesada por miedos concretos y un proceso de adopción fragmentado que expone una pregunta política de fondo: quién lidera la transición tecnológica y con qué proyecto de desarrollo.
La expansión de la inteligencia artificial no ocurre en el vacío. Amplifica capacidades, pero también desigualdades. Automatiza tareas, redefine empleos y empieza a intervenir en decisiones sensibles, desde el acceso al crédito hasta la organización del trabajo. La encuesta confirma que este proceso ya está en marcha y que su impacto dependerá menos de la tecnología en sí que de las decisiones públicas y privadas que se tomen ahora.
En ese sentido, el relevamiento cumple una función estratégica: producir datos donde antes había intuiciones. En un país sin estadísticas sistemáticas sobre adopción de IA, medir es ya una forma de intervenir políticamente.
Entusiasmo social, pero con frenos visibles
Los datos muestran que la población no rechaza la IA: la mira con expectativa. El 62 % de las personas encuestadas considera que la inteligencia artificial puede reducir el trabajo repetitivo, un indicador de que la tecnología es percibida como una aliada potencial para mejorar la productividad y aliviar tareas rutinarias.
Pero ese entusiasmo no es ingenuo. Convive con preocupaciones persistentes sobre el futuro del empleo, la privacidad de los datos y la posibilidad de decisiones automatizadas injustas. La IA aparece así como una promesa ambigua: progreso posible, pero no garantizado.
Quiénes usan IA y para qué
Entre quienes ya incorporaron herramientas de inteligencia artificial en su vida cotidiana, el 69% utiliza IA generativa, principalmente para buscar información, redactar textos o apoyar tareas cognitivas. No se trata todavía de usos complejos o industriales, sino de una adopción orientada a resolver problemas concretos y aumentar la productividad individual.
Este dato es clave: la puerta de entrada a la IA no es la automatización pesada, sino herramientas accesibles, muchas veces gratuitas, que empiezan a redefinir el trabajo intelectual cotidiano.
Brechas que se consolidan
La adopción de IA reproduce desigualdades preexistentes. Las generaciones más jóvenes lideran el uso, con los millennials[1]Anglicismo con el que se alude a los nacidos en las dos últimas décadas del siglo veinte. alcanzando un 45 % de adopción, mientras que entre los baby boomers[2]Otro anglicismo que se refiere a la generación nacida durante el baby boom (explosión de natalidad) tras la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente entre 1946 y 1964, y se puede traducir como … Continue reading el porcentaje cae al 29 %. El nivel educativo refuerza esta segmentación: a mayor formación, mayor comprensión y uso efectivo de la tecnología.
La brecha digital se convierte así en una brecha algorítmica. No solo importa el acceso a internet, sino la capacidad de interactuar críticamente con sistemas cada vez más complejos.
Empresas: la IA avanza, pero no de forma pareja
En el mundo empresarial, la encuesta muestra un patrón claro: la adopción de IA crece, pero no todos parten del mismo lugar. Las empresas grandes y con mayor capital humano avanzan más rápido; muchas pymes enfrentan barreras estructurales vinculadas a costos, falta de capacidades internas y dificultades para evaluar riesgos.
Sin políticas activas, esta dinámica puede reforzar la concentración económica y productiva, dejando a amplios sectores fuera de la transición tecnológica.
Argentina: decidir sin estadísticas
Uno de los hallazgos más inquietantes del informe no es un porcentaje, sino una ausencia: Argentina no cuenta con datos públicos sistemáticos sobre adopción de IA. ¿Qué porcentaje de empresas la usa? ¿En qué sectores? ¿Con qué impacto en el empleo?
La encuesta busca cubrir parcialmente ese vacío y deja una advertencia implícita: sin información, no hay política tecnológica posible. La IA avanza igual, pero lo hace sin orientación estratégica.
Claves de la encuesta
- 62 % cree que la IA puede reducir tareas repetitivas.
- 69 % de quienes usan IA emplean herramientas generativas.
- 45 % de los millennials ya utiliza IA; entre baby boomers, 29 %.
- La adopción empresarial avanza, pero de forma desigual.
- La falta de datos en Argentina es un riesgo estratégico.
- Conclusión: la IA como decisión política
Argentina y Uruguay frente a la adopción de la IA: dos ritmos, dos capacidades
La comparación con Uruguay permite poner en perspectiva los desafíos argentinos. Aunque se trata de un país de menor escala económica, Uruguay cuenta con una mayor tradición de planificación digital y producción de información pública, lo que le permite abordar la adopción de inteligencia artificial de manera más coordinada. Allí, el avance de la IA aparece como un proceso más homogéneo, con menor dispersión entre sectores y mayor confianza en las capacidades estatales para acompañar la transición tecnológica.
En la Argentina, en cambio, la adopción de la IA avanza de forma más fragmentada. La falta de estadísticas sistemáticas y de una estrategia nacional clara genera un escenario donde empresas y personas incorporan tecnología de manera desigual, guiadas más por iniciativa individual que por una política pública articulada. El contraste no sugiere modelos a imitar mecánicamente, pero sí deja una lección clara: en la economía digital, la diferencia no la marca solo el tamaño del mercado, sino la capacidad de producir datos, coordinar actores y sostener decisiones en el tiempo.
Conclusión: la IA como decisión política
El informe del CEPE–Di Tella y Fundar es claro: el impacto de la inteligencia artificial no está predeterminado. Puede aumentar la productividad, generar empleo calificado y mejorar el bienestar, o profundizar desigualdades y precarización. La diferencia la marcan las políticas, la regulación y la inversión en capacidades.
La pregunta ya no es si la IA va a transformar la sociedad, sino quién conduce esa transformación y para beneficio de quién.
CONTEXTO
La inteligencia artificial no va a esperar a la Argentina
POR MARCELO VALENTE | La encuesta del CEPE–Di Tella y Fundar deja una señal clara: la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana y del mundo productivo, incluso en países con capacidades limitadas y sin una estrategia definida. En la Argentina, la discusión no pasa por si la IA llegará o no, sino por en qué condiciones y con qué grado de preparación.
Los datos muestran una sociedad mayoritariamente abierta a la tecnología. Un 62 % percibe que la IA puede reducir tareas repetitivas y mejorar la productividad, y su uso ya se extiende entre los sectores más jóvenes y con mayor capital educativo. Al mismo tiempo, persisten temores razonables sobre empleo, privacidad y sesgos, que reflejan no un rechazo a la tecnología, sino la ausencia de reglas claras.
El riesgo no es quedarse inmóvil, sino avanzar sin orientación. Mientras algunos sectores incorporan IA con rapidez, otros quedan rezagados por falta de capacidades, inversión o información. Esa dinámica, si no es acompañada, tiende a consolidar desigualdades preexistentes en lugar de corregirlas.
La falta de datos públicos sistemáticos sobre adopción de IA vuelve más difícil cualquier decisión. Sin información confiable, el Estado no puede diseñar políticas, las empresas no pueden planificar inversiones y la discusión pública queda dominada por percepciones parciales. Decidir tarde, en este contexto, no es neutral: implica perder competitividad frente a quienes sí miden, planifican y coordinan.
La comparación con Uruguay es ilustrativa. Con menor escala económica, pero con mayor continuidad institucional, logró construir capacidades estatales para anticipar la transición digital. No se trata de replicar modelos, sino de comprender que la adopción de IA requiere algo más que entusiasmo tecnológico: necesita coordinación, datos y una visión de desarrollo.
La inteligencia artificial puede ser una herramienta para aumentar la productividad, generar empleo calificado y mejorar el bienestar. Pero esos resultados no llegan por inercia. Dependen de decisiones graduales, consistentes y basadas en evidencia. En la economía del conocimiento quien demora en decidir se queda atrás.
Para cerrar, vale la pena recordar un comentario de Alfredo Moreno: «La inteligencia artificial ofrece un enorme potencial para fortalecer políticas públicas y optimizar recursos, pero su uso sin control democrático implica ceder soberanía a algoritmos diseñados bajo lógicas de mercado del norte global».
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Notas
| ↑1 | Anglicismo con el que se alude a los nacidos en las dos últimas décadas del siglo veinte. |
|---|---|
| ↑2 | Otro anglicismo que se refiere a la generación nacida durante el baby boom (explosión de natalidad) tras la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente entre 1946 y 1964, y se puede traducir como «explosión de natalidad» o «boom de bebés». Los miembros de esta generación son los baby boomers. |



