La Argentina frente a la inteligencia artificial: entre la expectativa social y el riesgo de quedar rezagados

Ilustración: Europa Press
La inteligencia artificial no va a esperar a la Argentina

POR MARCELO VALENTE | La encuesta del CEPE–Di Tella y Fundar deja una señal clara: la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana y del mundo productivo, incluso en países con capacidades limitadas y sin una estrategia definida. En la Argentina, la discusión no pasa por si la IA llegará o no, sino por en qué condiciones y con qué grado de preparación.

Los datos muestran una sociedad mayoritariamente abierta a la tecnología. Un 62 % percibe que la IA puede reducir tareas repetitivas y mejorar la productividad, y su uso ya se extiende entre los sectores más jóvenes y con mayor capital educativo. Al mismo tiempo, persisten temores razonables sobre empleo, privacidad y sesgos, que reflejan no un rechazo a la tecnología, sino la ausencia de reglas claras.

El riesgo no es quedarse inmóvil, sino avanzar sin orientación. Mientras algunos sectores incorporan IA con rapidez, otros quedan rezagados por falta de capacidades, inversión o información. Esa dinámica, si no es acompañada, tiende a consolidar desigualdades preexistentes en lugar de corregirlas.

La falta de datos públicos sistemáticos sobre adopción de IA vuelve más difícil cualquier decisión. Sin información confiable, el Estado no puede diseñar políticas, las empresas no pueden planificar inversiones y la discusión pública queda dominada por percepciones parciales. Decidir tarde, en este contexto, no es neutral: implica perder competitividad frente a quienes sí miden, planifican y coordinan.

La comparación con Uruguay es ilustrativa. Con menor escala económica, pero con mayor continuidad institucional, logró construir capacidades estatales para anticipar la transición digital. No se trata de replicar modelos, sino de comprender que la adopción de IA requiere algo más que entusiasmo tecnológico: necesita coordinación, datos y una visión de desarrollo.

La inteligencia artificial puede ser una herramienta para aumentar la productividad, generar empleo calificado y mejorar el bienestar. Pero esos resultados no llegan por inercia. Dependen de decisiones graduales, consistentes y basadas en evidencia. En la economía del conocimiento quien demora en decidir se queda atrás.

Para cerrar, vale la pena recordar un comentario de Alfredo Moreno: «La inteligencia artificial ofrece un enorme potencial para fortalecer políticas públicas y optimizar recursos, pero su uso sin control democrático implica ceder soberanía a algoritmos diseñados bajo lógicas de mercado del norte global».


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Notas
Notas
1 Anglicismo con el que se alude a los nacidos en las dos últimas décadas del siglo veinte.
2 Otro anglicismo que se refiere a la generación nacida durante el baby boom (explosión de natalidad) tras la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente entre 1946 y 1964, y se puede traducir como «explosión de natalidad» o «boom de bebés». Los miembros de esta generación son los baby boomers.

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