Devaluación o ajuste

El poder económico que determina títulos, notas y comentarios de los medios opositores aumenta la presión al Gobierno para una devaluación devastadora y un ajuste extremo, con despliegue diario centrado en la cotización del dólar y agitando figuras como «todo puede pasar», «abismo», «vacío de poder».


Todos los días hay algún artículo en Clarín, Infobae o La Nación que trabaja por la devaluación «inevitable», como Pagni la calificó el jueves 21, día en que eligió un llamativo toque de sinceridad, al expresar que julio es el mes de la menor venta de soja de toda la historia de los productores a las cerealeras.

Y Bonelli escribió de devaluación en Clarín, y Jueguen en La Nación, y el «atraso cambiario» en la tapa de Clarín del domingo, y de devaluación escribió Wende en Infobae, y en La Nación del lunes 25 hacen tapa garcas del agro que no quieren dólar desdoblado, sino «unificación cambiaria».

El despliegue en pos de esta meta económica se sostiene en un enfoque político también coordinado puntillosamente. Así como antes vaticinaron el apocalipsis por la falta de diálogo entre el presidente y la vice, ahora lo anuncian igual porque el diálogo «no sirve», porque «no superan los rencores» o simplemente porque, hasta ahora, no hay quien esté filtrando todo el tiempo cuanto sucede en las oficinas presidenciales y aledaños.

Por supuesto, los medios que son cabecera de todas las acciones opositoras, junto al extenso dispositivo que los acompaña, combaten las medidas parciales que adoptó la ministra Batakis, como la paridad especial para dólares que cambian los turistas, y se sirven del clima caótico que genera el descomunal fracaso de las políticas de precios.

Los dirigentes de la oposición tienen un papel menor en el reparto: siguen líneas y lenguajes ya diseñados. Cuando el dispositivo editorial se burla de la situación del Frente de Todos, corren detrás los Vidal, Larreta y Bulllrrich diciendo que no hay nada que dialogar y que «se arreglen entre ellos».

El desprecio por Alberto Fernández y por cuanto dice y hace llega a extremos indecibles, y evoca el tratamiento a varios predecesores desde el comienzo de la trágica secuencia del golpismo nacional.

Hay, además, enfoques que demuestran qué es lo que se está discutiendo: Pagni puso como ejemplos admirables al presidente chileno Boric y al electo de Colombia Petro, porque a su entender ambos se inclinarán por políticas económicas liberales, acordes con las demandas del poder internacional.

Hasta se dan el lujo de remar para le extrema derecha republicana en Estados Unidos. El sábado Clarín se burló por la reunión frustrada de Fernández con Biden, que iba a ser un diálogo «entre dos perdedores». Lanata festejó a la carroña que se pronuncia en The Wall Street Journal, que demandó que la Casa Blanca impida que el BID ayude al gobierno argentino. El BID tiene como titular a Mauricio Claver-Carone, el funcionario estadounidense que el 10 de diciembre de 2019 comenzó hostilidades con un escandalete por la presencia de una delegación venezolana en los actos en Buenos Aires.

El capo de la redacción, Kirschbaum, tiene la «solución»: Un PJ de «centro», como el del gobernador santafesino Perotti, muy festejado por su fantochada de negar que «el campo» especule, como denunció el presidente.

Presidente que está en un «rincón abismal», escribió La Nación; «el abismo asoma», en Clarín; «el gobierno es insostenible», en La Nación; «nadie sabe hacia dónde vamos», en Clarín; «un país donde todo puede pasar», en La Nación; «la crisis se lo lleva puesto» al presidente, en Infobae.

A la vez, el dispositivo mediático/judicial contra Cristina Kirchner tiene vida propia: crece el heroísmo del fiscal Luciani por su alegato en la causa por la obra pública cuyos detalles, puntos y comas incluidas, son anticipadas en sucesivas «primicias». Esto acompañado por la condena unánime por las críticas de la vicepresidenta a la Corte, que pasó por todos y todas las columnistas, asociaciones de magistrados y cuevas de abogados videlistas.

Eso sí, quedaron incómodos con el informe de la inteligencia israelí que publicó The New York Times, y que dice que no hubo funcionarios iraníes que hayan estado operativos en los atentados terroristas a la embajada de Israel y la sede de la AMIA, con lo que les resulta difícil sostener la idea de Cristina Kirchner como cómplice directa del régimen de Teherán y hasta auspiciante de la muerte del fiscal Nisman, manipulado de suicidio a «asesinato».
Tuvieron que conformarse, en las ediciones del lunes 25, con una declaración de un funcionario israelí de cuarta, que habló en exclusiva con Clarín y en exclusiva con La Nación y que para colmo en verdad no desmiente el informe. Lo que nos faltaba: el Mossad y The New York Times bajo «control K».

Hugo Muleiro

Porteño, como periodista desempeñó funciones y cargos diversos en diarios y agencias de noticias. Fue secretario de redacción de DYN (Diarios y Noticias) y ANSA, y jefe de redacción y luego director periodístico de Télam. Se especializó en temas internacionales, en particular los referidos a América Latina. Autor de Palabra por palabra, estructura y léxico para las noticias (2002), Al margen de la agenda. Noticias, discriminación y exclusión (2006); de Los Garcas (2013) y Los Monstruos (2016), ambos con Vicente Muleiro. Participó de La esperanza insobornable. Rodolfo Walsh en la memoria (2017). Publica análisis sobre comunicación en varios medios nacionales y extranjeros. Dirige la revista digital La Poesía Alcanza (www.lapoesiaalcanza.com.ar). Fundador y expresidente de Comunicadores de la Argentina (Comuna)), entidad que promueve el derecho a la información y la circulación libre de la palabra.

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