Thibaut Bruttin: «Reporteros Sin Fronteras no es un sindicato de periodistas»
A un año y medio de asumir la dirección de Reporteros Sin Fronteras (RSF), La Revue des médias —publicación digital del Institut national de l’audiovisuel (INA), organismo público francés dedicado a preservar el patrimonio audiovisual— realiza un perfil de Thibaut Bruttin que muestra cómo busca redefinir el papel de la organización en un escenario global cada vez más hostil para el periodismo.
El perfil que La Revue des médias dedica a Thibaut Bruttin comienza con una escena que funciona como punto de inflexión en la historia reciente de RSF. El 8 de junio de 2024 muere de manera repentina Christophe Deloire, quien había dirigido la organización durante más de una década y padecía tres cánceres que nadie había detectado a tiempo. Apenas un día después, la extrema derecha francesa obtiene un resultado histórico en las elecciones europeas, Emmanuel Macron disuelve la Asamblea Nacional y las encuestas empiezan a proyectar a Jordan Bardella como futuro primer ministro. En cuestión de horas, la ONG queda sin conducción en medio de una crisis política que sacude a Francia.
A partir de ese episodio, el artículo reconstruye la llegada de Bruttin a la dirección general. La búsqueda de un sucesor se acelera y la elección recae en un dirigente que, cinco años antes, había rechazado volver a trabajar junto con Deloire por agotamiento y que, cuando finalmente aceptó regresar, puso una condición: no permanecer más de cinco años en la organización. Asume en julio de 2024, con apenas 37 años, mientras RSF enfrenta —según su propio relato— una intensa campaña de desprestigio impulsada por el grupo mediático de Vincent Bolloré.
Bruttin es el primer director de RSF que no proviene del periodismo, y lo asume como una definición de época más que como una anécdota biográfica. Su gestión insiste en una distinción que la organización viene elaborando desde hace años: defender la libertad de prensa no equivale a defender automáticamente a cualquiera que porte una credencial. Para Bruttin, el criterio no es el carnet profesional sino el ejercicio de una función de interés público. Esa vara lo lleva a excluir de la protección de RSF a voceros de medios estatales rusos, columnistas afines a Hezbolá o camarógrafos vinculados con Hamás, y también a confrontar con cadenas europeas como CNews, a la que la organización acusa de vulnerar el pluralismo informativo.
Esa posición tiene raíces profundas dentro de RSF. Desde sus orígenes, hace cuatro décadas, uno de sus fundadores sostenía que era tan necesario denunciar los abusos de la propia prensa como la censura ejercida por los Estados. Bruttin recupera esa tradición y la convierte en uno de los ejes de su gestión: con demasiada frecuencia, sostiene, no solo se asesina a periodistas; también muere el periodismo como práctica.
El perfil describe, además, una organización que ya no se limita a documentar violaciones contra la libertad de prensa, sino que se ha transformado en un actor del litigio internacional. RSF presentó denuncias ante la Corte Penal Internacional por los crímenes cometidos contra periodistas en Gaza y por la persecución impulsada por el presidente bielorruso Alexander Lukashenko. También intervino en tribunales nacionales: en Estados Unidos, junto a periodistas de Voice of America para frenar el desmantelamiento del medio impulsado por la administración Trump, y en Francia, junto a la redacción de una revista económica adquirida por un conglomerado de lujo, para defender el pluralismo informativo.
A esa estrategia judicial se suma una producción constante de investigaciones. La organización analiza cómo algunas cadenas de noticias eluden las normas de pluralismo, cómo determinados chatbots desarrollados en China terminan integrados a la propaganda oficial o cómo el ejército ruso bombardea hoteles donde se alojan corresponsales en Ucrania. Bruttin define a RSF como una usina de informes que produce material casi todos los días y que, paradójicamente, debe moderar su ritmo para no saturar al ecosistema mediático del que depende su capacidad de influencia.
El perfil también se detiene en un episodio que resume el clima de la época. Cinco meses antes de la entrevista comenzó a circular en redes sociales un video manipulado —atribuido a una operación de desinformación rusa— que imitaba el diseño de un diario francés y anunciaba falsamente el suicidio de Bruttin. La respuesta de RSF fue presentar una denuncia contra la plataforma X por la difusión de desinformación. Lejos de considerar el hecho como un incidente aislado, el director interpreta que confirma el lugar que ocupa hoy la organización: los intentos de phishing [1]El phishing es una forma de ciberataque que busca engañar a las personas y lograr que revelen información confidencial, como contraseñas, números de tarjetas de crédito o credenciales … Continue reading dirigidos contra su equipo y las menciones explícitas de RSF por parte de la cancillería rusa forman parte, a su juicio, de una misma estrategia de hostigamiento.
De ese episodio surge también un diagnóstico más amplio sobre la disputa informativa contemporánea. Mientras regímenes como el ruso clausuran el pluralismo dentro de sus fronteras y persiguen al periodismo independiente, aprovechan al mismo tiempo la apertura de las democracias para expandir sus propias narrativas. Para Bruttin, allí aparece un límite que no debería negociarse: la libertad de prensa no puede convertirse en un paraguas para quienes utilizan la información como instrumento de propaganda.
El retrato que compone La Revue des médias tampoco oculta las tensiones que implica ese modelo de conducción. Bruttin reconoce que vive bajo la presión permanente de un error en televisión, que una declaración puede comprometer negociaciones diplomáticas discretas y que buena parte de su credibilidad depende de sostener, intervención tras intervención, una misma promesa: que Reporteros Sin Fronteras no es una organización dedicada a administrar comunicados, sino una que interviene, litiga y disputa. Esa lógica explica también el perfil de buena parte de sus nuevos donantes, más jóvenes y habituados a consumir podcasts, documentales y medios digitales antes que el diario impreso.
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Notas
| ↑1 | El phishing es una forma de ciberataque que busca engañar a las personas y lograr que revelen información confidencial, como contraseñas, números de tarjetas de crédito o credenciales corporativas, o que instalen software malicioso. |
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