La crisis de legitimidad de la representación en la Argentina
Desde la Constitución de 1853 hasta Javier Milei, la Argentina resolvió una sola forma de legitimidad: la de origen, el respeto por el resultado electoral. Las otras dos, la capacidad de gobernar bien y la de sostener un vínculo real entre dirigencia y sociedad, siguen pendientes. Con Turchin, Gerchunoff y la teoría de la doble retirada, Herrera y Krieger leen el ciclo largo de fracturas y explican por qué cada nuevo outsider ocupa, sin resolverlo, el vacío que el anterior dejó.

Juan Carlos Herrera
Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica de Córdoba y doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador. Se desempeñó como investigador y docente universitario y de posgrado en las universidades de Buenos Aires, Tres de Febrero y Del Salvador. Publicó libros y ensayos en temas de su especialidad.
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Mario Krieger
Doctor en Administración de la UBA y licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública de la USAL Posgrados en las universidades de Illinois y Columbia. Director de las Especializaciones en Dirección de Proyectos y en Gestión Pública y de la maestría en Gestión y Desarrollo Gubernamental de la Facultad de Ciencias Económicas FCE de la UBA.
Este ensayo propone leer la crisis contemporánea de legitimidad de la representación en la Argentina desde una perspectiva histórica larga, que comienza con la Constitución de 1853 y llega hasta 2026. La hipótesis central es que el problema argentino no puede reducirse a una coyuntura económica, a la calidad moral de sus dirigentes ni a la emergencia reciente de liderazgos antisistema. Se trata de una trayectoria secular de construcción estatal incompleta, conflictos distributivos irresueltos, fracturas de élites y debilitamiento recurrente de los dispositivos de mediación entre sociedad y Estado. Desde las guerras civiles y la Organización Nacional hasta la democracia actual, la Argentina alternó momentos de integración y expansión de derechos con ciclos de exclusión, proscripción, tutela militar, violencia institucional y crisis de representación.
El recorrido 1853–2026 permite ordenar un ciclo largo de inestabilidad argentina: la consolidación liberal-oligárquica del Estado nacional; la ampliación democrática abierta por la Ley Sáenz Peña; el quiebre de 1930 y la Década Infame; la integración popular del peronismo y su posterior proscripción; las democracias condicionadas por la tutela militar; el Proceso de Reorganización Nacional y, finalmente, la recuperación democrática de 1983. Cada etapa es examinada en clave política, económica e institucional, articulando tres marcos de análisis de los propios autores: la teoría de la doble retirada y de las tres legitimidades —origen, ejercicio y relación Estado–sociedad—; la teoría estructural-demográfica de Peter Turchin, con su énfasis en élites, contraélites, fragilidad estatal e asabiya; y la historia económica de largo plazo de Pablo Gerchunoff, centrada en el conflicto distributivo estructural y en el ciclo de ilusión y desencanto.
Sobre ese fondo histórico, el trabajo otorga un énfasis particular a los más de cuarenta años de democracia iniciados en 1983. La democracia argentina alcanzó una conquista decisiva: la legitimidad de origen. Desde entonces, quienes pierden elecciones tienden a aceptar el veredicto de las urnas, y la sucesión constitucional se convirtió en el piso común de la vida política. Sin embargo, esa conquista no resolvió las otras dos dimensiones de la legitimidad. La legitimidad de ejercicio —la capacidad de producir bienestar, estabilidad, seguridad, empleo, educación, salud e infraestructura— quedó sometida a crisis recurrentes. Y la legitimidad de la relación Estado–sociedad se erosionó por el debilitamiento de partidos, sindicatos, organizaciones sociales y canales de representación capaces de traducir demandas colectivas en decisiones públicas. Así, la democracia sobrevivió como régimen electoral, pero se vació parcialmente como experiencia de representación sustantiva. También la relación Estado Sociedad, refleja la tensión entre la esfera pública y privada y qué corresponde a una y a otra en cada momento histórico, del decir de Julien Freund.
La etapa 2001–2026 constituye, dentro de ese ciclo democrático, el laboratorio más nítido de la crisis de representación. El estallido de 2001 condensó el colapso de la confianza en partidos, instituciones financieras, dirigencias estatales y mediaciones sociales bajo la consigna «que se vayan todos». Desde entonces se sucedieron intentos de recomposición y nuevas contra élites. El Peronismo, en su primera versión duhaldista y el kirchnerismo luego, como reconstrucción estatal y política posterior a la crisis; el macrismo como primera alternativa exitosa por fuera de las marcas tradicionales de la UCR y el PJ; el gobierno de Alberto Fernández como reflujo del poder peronista con fuerte pérdida de legitimidad de ejercicio; y la irrupción de Javier Milei como ocupación radical del vacío representativo. Esta secuencia muestra que cada promesa de recomposición que no logra resolver los motores estructurales —inmiseración, fragilidad fiscal, competencia de élites y ruptura de la cohesión social— deja abierto el camino para una alternativa más disruptiva.
La conclusión del ensayo es prospectiva. Hacia 2026, la Argentina conserva la legitimidad electoral conquistada en 1983, pero enfrenta una nueva edad de discordia: sobreproducción de outsiders, endeudamiento público y privado, precarización social, deterioro de los mediadores colectivos y una asabiya nacional reemplazada por solidaridades de facción. El riesgo no reside solo en la inestabilidad económica, sino en la incapacidad del sistema político para reconstruir un proyecto común que integre a los perdedores, reduzca la distancia entre dirigencia y sociedad y transforme la competencia electoral en gobernabilidad legítima. Construirá nueva legitimidad quien logre superar la grieta como método de acumulación de poder; quien solo la capitalice podrá ganar elecciones, pero profundizará la desintegración, la inestabilidad y los fracasos políticos.

