Guerra de mentiras
Según el análisis elaborado por Damián Verduga en Tiempo Argentino, la desinformación ya no es un daño colateral de los conflictos internacionales, sino una herramienta central de la política exterior estadounidense: una maquinaria de repetición capaz de convertir falsedades en verdades operativas y justificar sanciones, intervenciones y violencia en nombre de la «seguridad nacional».
La célebre frase atribuida al político estadounidense Hiram Johnson —«en la guerra, la primera víctima es la verdad»— parece haber quedado corta. De acuerdo con el enfoque que desarrolla Verduga, hoy la verdad no solo muere durante los conflictos armados, sino también en su antesala, cuando se construyen los relatos que los vuelven aceptables ante la opinión pública internacional.
La nota advierte que ese desplazamiento de la verdad no ocurre por ausencia de información, sino por exceso y manipulación. En un ecosistema saturado por redes sociales, nuevas tecnologías e inteligencia artificial, la verosimilitud se volvió una mercancía fácil de fabricar. Casi cualquier afirmación —por absurda que sea— puede adquirir apariencia de realidad si se la envuelve en imágenes, datos parciales y relatos emocionales. La verdad deja de ser un punto de llegada y pasa a ser una construcción frágil, disputada, moldeable según intereses políticos y geopolíticos.
Al mismo tiempo, señala, los datos que permitirían desmontar esas falsedades suelen estar disponibles, incluso en los mismos medios que reproducen los relatos oficiales. Ya no hace falta una investigación secreta para advertir las contradicciones: alcanza con observar, asociar información y formular las preguntas más elementales. Sin embargo, el factor decisivo no es la evidencia sino el poder de repetición. Cuando una mentira se instala de manera persistente, termina operando como verdad social, mientras la información que la desmiente queda relegada al margen del debate público.
Mientras se anuncia sin pruebas un juicio contra Maduro por narcotráfico, Donald Trump indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado por la justicia estadounidense por facilitar el tráfico de cientos de toneladas de droga.»
Ese mecanismo se vuelve explícito en el caso de Venezuela. El artículo describe cómo el Departamento de Estado estadounidense construyó, con lógica de guion hollywoodense, la idea de que el gobierno de Nicolás Maduro es una «narco-dictadura» articulada alrededor del llamado Cártel de los Soles, declarado organización terrorista extranjera. Ese encuadre habilitó un despliegue militar inédito en el Caribe y operaciones letales contra embarcaciones presentadas como narcotraficantes, sin pruebas verificables y con registros difundidos por los propios responsables de los ataques.
Los grandes medios del establishment argentino —Infobae, Clarín y La Nación—, advierte el análisis, reprodujeron ese relato de manera acrítica, sin contrastar datos ni formular preguntas básicas.Sin embargo, los números disponibles permiten desmontar la narrativa: de acuerdo con datos de Naciones Unidas citados por Verduga, la cocaína se produce mayoritariamente en Colombia y Perú, mientras que Ecuador funciona como principal bodega y puerto de salida. Aun así, el despliegue militar se concentró frente a las costas venezolanas, replicando un libreto ya conocido.
La comparación con la invasión a Irak en los años noventa, justificada por la supuesta existencia de armas de destrucción masiva que nunca aparecieron, no es casual. Se trata, sostiene el texto, de la misma lógica de guerra basada en mentiras, actualizada a la era digital y comunicacional.
La paradoja final resume el argumento: mientras se anuncia sin pruebas un juicio contra Maduro por narcotráfico, Donald Trump indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado por la justicia estadounidense por facilitar el tráfico de cientos de toneladas de droga. Para Verduga, el mensaje es inequívoco: en este orden global, la verdad no solo ha sido desplazada, sino directamente ejecutada, y su reemplazo por la mentira repetida se ha convertido en política de Estado.
TE PUEDE INTERESAR
La tecnología autoritaria que reconfigura al Estado
POR ESFERA REDACCIÓN | Un nuevo tipo de poder se expande sobre los Estados sin necesidad de golpes palaciegos ni triunfos electorales: avanza incrustándose en la infraestructura que sostiene la vida pública. Plataformas de datos, constelaciones satelitales, redes de drones y modelos de inteligencia artificial se transforman en engranajes decisivos de gobiernos que ya no pueden funcionar sin ellos. Lo que está en juego no es sólo la dependencia tecnológica, sino la redefinición misma de la soberanía. Esta lectura surge de un artículo publicado en «Le Monde diplomatique» escrito por Francesca Bria, experta y asesora en políticas de digitalización y tecnologías de la información.
Una revolución silenciosa para devolverle el poder al periodismo
POR ESFERA REDACCIÓN | En un artículo publicado en la Columbia Journalism Review, la investigadora Marine Doux describe cómo una serie de medios independientes franceses —entre ellos Basta! y la alianza La Presse libre— están impulsando una transformación silenciosa pero profunda en el ecosistema informativo europeo. A contracorriente del poder concentrado de las grandes plataformas, estas iniciativas buscan reconstruir su autonomía financiera, tecnológica y editorial mediante cooperación, infraestructura propia y modelos alternativos de gobernanza.


