El «riesgo país» es Milei y la guerra
El alineamiento explícito del gobierno de Javier Milei con Estados Unidos e Israel en el conflicto con Irán abre interrogantes jurídicos, políticos y humanitarios. Sin el aval del Congreso, y en medio de fuertes contradicciones discursivas, la política exterior argentina se adentra en un terreno de alto riesgo.
El pasado lunes 9 de marzo, en la Yeshiva University de Nueva York, el presidente Javier Milei pronunció un discurso en el que afirmó que Irán es «enemigo» de Argentina. A su vez, agregó que mantiene una alianza estratégica con Estados Unidos e Israel; por lo tanto, su país se encuentra alineado formalmente con esos Estados en la agresión militar contra Irán. Acotó: «vamos a ganar la guerra» y dijo estar «orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo».
Ocho días después —el martes 17, en el acto de recordación por los 34 años del atentado a la Embajada de Israel en Argentina—, sostuvo en su discurso oficial: «Tanto el atentado a la Embajada como el de la AMIA intentaron cercenar, mediante el terror, la claridad moral de nuestro pueblo. Claridad moral sin la cual se pierde el respeto por la dignidad de la persona, la libertad y el respeto por la vida». Y agregó: «Argentina mantiene una posición clara: Israel es un aliado estratégico de nuestro país. Nos unen valores compartidos y la convicción de que la libertad, la democracia y el respeto por la vida deben ser defendidos sin ambigüedades». Además, afirmó que «en política interior como exterior tenemos un norte claro: la moral como política de Estado… La base de estos valores es oponer la verdad a las mentiras».
Falto de respeto y mentiras
Las posturas del presidente Milei resultan abiertamente contradictorias. Se presenta como defensor de «la dignidad de la persona, la libertad y el respeto por la vida», valores con los que difícilmente alguien pueda disentir. Sin embargo, recientemente hizo votar a la Argentina en la ONU en contra de la declaración que categorizó a la esclavitud en África como delito de lesa humanidad, una propuesta avalada por la mayoría de los Estados del mundo. Milei, en línea con la posición de sus aliados Estados Unidos e Israel, ordenó el voto negativo.
Además, el presidente confunde pueblo judío, hebreo e israelí, como si fueran semejante a la política del primer ministro de Israel, que ha sido acusado por organismos internacionales, como Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional, de llevar adelante un «genocidio contra el pueblo palestino», delito de lesa humanidad que continúa hasta la fecha. En ese marco, la Corte le imputó penalmente responsabilidad por «crímenes de guerra, como hacer morir de hambre a la población como método de guerra, y crímenes de lesa humanidad como asesinato, persecución y otros actos inhumanos».
Tampoco Milei ha dicho nada sobre la agresión de Estados Unidos a la escuela primaria Shajare Teyebé de Mirab, al sur de Irán, el 28 de marzo, mediante misiles de largo alcance Tomahawk. El ataque fue cruel y doble: primero impactó de lleno en el edificio escolar y luego volvió a golpear cuando rescatistas y familiares acudían al lugar. Ocurrió en pleno horario de clases, en los primeros momentos del conflicto. Unicef confirmó al menos 168 víctimas fatales, en su gran mayoría niñas de entre siete y doce años.
Mientras tanto, Milei —quien afirma que debe respetarse la vida— impulsa en el país un deterioro sostenido de las condiciones de vida de adultos mayores y personas con discapacidad. El retroceso en los haberes jubilatorios dificulta el acceso a alimentos, medicamentos esenciales, atención médica y condiciones básicas de bienestar, afectando derechos humanos fundamentales como la salud, la alimentación, la vivienda y la dignidad de las personas.
A su vez, resulta cuestionable que el presidente invoque la moral como política de Estado en medio de diversos escándalos que rodean a su gestión: las causas por la estafa $LIBRA, las denuncias por coimas en la Administración Nacional de Discapacidad (Andis), el caso Adorni —por dádivas y presunto enriquecimiento ilícito—, entre otros.
¡Qué dignidad, libertad, respeto por la vida y moralidad defiende Milei!
Actos de guerra sin autorización del Congreso
En este contexto, el canciller argentino Pablo Quirno admitió la posibilidad de que la Argentina intervenga enviando buques de la Armada al conflicto contra Irán, y sostuvo que «está claro de qué lado vamos a estar».
Esta afirmación se suma a la del secretario de Comunicación, Javier Lanari, quien aseguró que Argentina brindará «cualquier ayuda» que necesite Estados Unidos en la guerra.
Cabe recordar que la Constitución nacional establece que el Congreso es el único órgano facultado para declarar la guerra y autorizar la salida de fuerzas nacionales fuera del territorio (artículo 75, incisos 25 y 28).
Sin embargo, el Gobierno intentaría justificar su eventual participación en el conflicto de Oriente Medio en un convenio firmado en Bahréin, en septiembre de 2024, por funcionarios de menor rango y también a espaldas del Congreso. En ese acuerdo se estableció la incorporación de Argentina a la Fuerza Marítima Combinada que opera en el Golfo Pérsico.
Irán amenaza
Por su parte, el diario Tehran Times, medio que actúa como vocero del gobierno iraní, aseguró que Milei ha cruzado «una línea roja imperdonable». También sostuvo que «Irán no puede permanecer indiferente ante las posiciones hostiles del actual gobierno argentino» y «debe diseñar una respuesta proporcionada a esta enemistad”.
Mala praxis presidencial
El accionar ilegítimo del presidente constituye un hecho de extrema gravedad: compromete al país en un conflicto bélico sin la debida autorización del Congreso y lo expone a potenciales represalias, incluidos atentados de diversa índole.
Cabe recordar que el expresidente Carlos Menem involucró a Argentina en la Guerra del Golfo (1990-1991) mediante la operación Alfil, enviando buques de la Armada y personal militar en apoyo a Estados Unidos contra Irak. En ese sentido, el exdirector de la DAIA, Jorge Elbaum, dijo que «Menem nos involucró en el conflicto de la Guerra del Golfo, lo que llevó directamente a la responsabilidad de ambos atentados de 1992 (Embajada de Israel) y 1994 (AMIA)»[1]Ver artículo de Agustino Fontevecchia, 15/02/21, Perfil.
Es decir, como sostiene Elbaum, aquellos atentados fueron consecuencia de una decisión presidencial adoptada sin autorización del Congreso, que tuvo efectos gravísimos. Resulta imprescindible determinar no solo a los responsables directos de esos ataques, sino también las responsabilidades políticas de quienes comprometieron al país en una guerra sin el aval institucional correspondiente.
Hoy no se puede permitir que esa historia se repita.
Urgente intervención del Congreso
Frente a este escenario, el Congreso de la Nación debe abocarse con urgencia al tratamiento del tema y declarar la ilegalidad del accionar presidencial, bajo pena de quedar, por omisión, también como responsable de sus consecuencias.
Asimismo, la Cámara de Diputados debería iniciar los trámites de juicio político por mal desempeño contra el presidente Milei.
Miguel Rodríguez Villafañe
Abogado constitucionalista cordobés, exjuez federal de Córdoba, especialista en cooperativas y mutuales y periodista de opinión.
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Notas
| ↑1 | Ver artículo de Agustino Fontevecchia, 15/02/21, Perfil |
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