El 5G en la cancha de la justicia social y la independencia económica

La emergencia del 5G obliga a nuestro Estado a extremar esfuerzos, inversiones, recursos humanos y consolidar una infraestructura adecuada que permita despegues veloces en el universo de las comunicaciones, la información y el mundo digital; además de estimular la virtuosa alianza del sector estatal, los privados, el capital social, la academia y las universidades como espacio de impulso y acrecentamiento del sector. Esto implica decidir dónde nos paramos como Nación para hacer un desarrollo autónomo, inclusivo y soberano del 5G.

La quinta generación (5G) en redes móviles es el dato más atractivo en el mundo digital de los últimos tiempos. Sin embargo, debiera ceder protagonismo ante otras variables de las nuevas tecnológicas como la comunicación cuántica, que en breve será la estrella de los firmamentos digitales. La comunicación cuántica se sostiene en criptografía cuántica que es inabordable para intromisiones ajenas. La unidad de la computación cuántica es el qubit y no el bit, lo que permite superponer al mismo tiempo el uso afín de unos y ceros mientras el bit debe utilizarlos en formas separadas. El qubit es cero y uno al mismo tiempo y la velocidad en una compu cuántica alcanza diez billones de operaciones por segundo y esta herramienta digital podrá ser utilizada en comunicaciones que pretenden ser inviolables, en desarrollo médico y en cuestiones de seguridad. Y como si fuera poco, permite transmitir estados cuánticos y datos en dos nodos remotos, algo así como la teletransportación de Viaje a las estrellas. En lo cuántico combinan inteligencia el átomo, la química, lo molecular, la interacción de la luz con las partículas y la materia. Todo un tema muy interesante, bastante avanzado en el mundo, pero como billetera impone modas, seguiremos con el 5G como el tema central de las nuevas comunicaciones.

El 5G representa, sin dudas, mejoras en el ancho de banda y la latencia —o sea, la suma de retardos temporales dentro de una red (un retardo es producido por la demora en la propagación y transmisión de paquetes dentro de la red)— y eso ofrece velocidades muy superiores a las actuales en el transporte de datos. Funciona en la onda milimétrica y en un espectro de frecuencias hiperaltas que se hallan entre los 24 y 100 gigahertz. Es un cambio importante en la conectividad, ya que permite con un tiempo de respuesta de un milisegundo una velocidad de cien veces más que el promedio actual.

Algunos afirman que es la clave más importante en la transformación digital de las sociedades y de sus economías ya que la mayoría de Internet y su desarrollo como el Internet de las cosas, la industria 4.0, el big data, la telemedicina, la impresión 3D, la emergentología, las conectividades más sofisticadas, el manejo autónomo de vehículos y por supuesto, la realidad virtual. Todo estará en el soporte con base en el 5G.

La Unión Europea así lo entiende y ha incluido el tema entre sus metas estratégicas y se planteó hace unos años que para 2025 todos sus países deben contar con disponibilidad comercial para el 5G.

Para esto evalúa inversiones de cerca de € 950.000.000.000 extras a lo que es el PBI de la Unión Europea y, como siempre queda bien hablar de la creación de puestos de trabajo, dicen que esta inversión y estos objetivos lograrán un millón y medios de nuevos empleos. Eso significa desplegar infraestructura superior y nueva a la ya instalada.

Muchas más fibra, miles y miles de small cells, que son esas celdas pequeñas como nodos de acceso de radio celular de baja potencia y que tienen un alcance de diez metros a unos pocos kilómetros. En el caso de 5G se estima que pueden estar cada doscientos metros. Y entre otras cosas, en la Unión Europea las empresas del rubro y los operadores de telecomunicaciones se plantean que «las administraciones públicas, o sea los Estados, tienen que garantizar una atinada gestión en el uso del espectro radioeléctrico y liberar ancho de banda para el uso de 5G».

Y acá empezamos a ver cuestiones que nuestro pais debe resolver, ya que «el espectro radioeléctrico se considera un recurso extremadamente escaso y de un valor estratégico sin precedentes en el contexto económico y tecnológico actual. Por tal motivo, la gestión, administración y planificación del espectro se revela como una labor con una enorme incidencia en los aspectos social y económico del país». Y en su soberanía.

Y si hay que «liberar espectro» ¿Cómo lo hacemos en nuestro pais? Algo se hizo en ese sentido, pero sin que queda claro que porción de espectro será la finalmente adjudicada en las necesarias licitaciones a privados para 5G, y esto es importante porque en el espectro se alojan las posibilidades técnicas de la radiodifusión, tanto en su forma de televisión abierta como de radios y es el último resguardo de gratuidad que va quedando para quienes no tienen recursos para vincularse en forma paga a lo audiovisual, tanto por vinculación física o satelital o viven en alejadas regiones donde solos se puede acceder a lo que las ondas hertzianas y el espectro, permiten.

Y tenemos el tema de la brecha digital, en donde conviven la exclusión y la inclusión digital. Y debemos ver como el desarrollo de 5G contempla esta irritante división y logra que los antes excluidos puedan ser parte de una dinámica colectiva que no los deje afuera. Es decir, estar conectados. Hay que atreverse a pensarlo para el 5G

Y si miramos con esta óptica de innovación tecnológica con aprovechamiento social podremos hacer que las TIC —usadas con cierta justicia, presencia del Estado, impulso educativo y estímulo económico público y privado— brinden la oportunidad histórica de que sectores marginados atraviesen fronteras y pasen desde la exclusión al mundo de los incluidos.

Y es desde esta posibilidad donde cobra sentido mirar el 5G y su desarrollo en la Argentina. Es decir, que tenga, aunque sea en parte, algo de este camino reivindicativo para los excluidos.

Porque existe un lugar y un momento donde puede pelearse contra la exclusión. Y son las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Y es hoy. Simples regulaciones estatales, límites lógicos de mercado y concentración y estímulo público a startups pueden equilibrar y disminuir la brecha digital. Pero, claro, hay que hacerlo.

También está en juego la preponderancia tecnológica. Así lo han entendido Estados Unidos y China, ambos jugados en una carrera para lograr supremacía. El 5G también se ha convertido en lugar conflictivo en el que los dos países viven una batalla comercial, aduciendo razones de seguridad nacional que enmascaran la protección a empresas propias.

Hay dos empresas chinas, ZTE y Huawei que fabrican los small cells y equipos móviles de telefonía y ya fueron prohibidas en Gran Bretaña, EE. UU., Nueva Zelanda y Canadá entre otros países. La excusa es decir que los fabricantes chinos introducen en sus productos dispositivos que pueden tomar información sensible del pais donde se vendan. Claro, eso también lo pueden hacer quienes con beneplácito de EE. UU. y la UE compiten con los chinos como Ericsson, Nokia y Samsung entre otros.

O sea que acá, en nuestro pais, tenemos también que decidir; y todo dependerá dónde nos paramos como Nación para hacer un desarrollo autónomo y soberano del 5G. O no.

Entonces, pensemos en implementar, y que el Estado nacional tenga en cuenta, la realización de auditorías de ciberseguridad para todas las novedades que se incorporen a las redes. Han de estar libres de toda sospecha tras el correspondiente examen y certificación por autoridades públicas. La tecnología que incorporemos a las redes 5G, del pais que fuere, debe ser fiable.

Esto obliga a nuestro Estado a extremar esfuerzos, inversiones, recursos humanos y consolidar una infraestructura adecuada que permita despegues veloces en el universo de las comunicaciones, la información y el mundo digital. Y, como siempre agregamos, estimular la virtuosa alianza del sector estatal, los privados, el capital social, la academia y las universidades como espacio de impulso y acrecentamiento del sector.

Y desde acá, y con este sostén filosófico y político, vamos a desarrollar la tecnología de quinta generación. El 5G también se juega en la cancha de la justicia social y la independencia económica.

El futuro no se imagina, se construye.

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Osvaldo Nemirovsci

Diputado nacional (MC) PJ-Rio Negro (2003/2007), durante ese período legislativo fue presidente de la Comisión de Comunicación e Informática de la Cámara de Diputados de la Nación. También se desempeño como coordinador de la Televisión Digital Argentina (2009-2015). Director de Pirca, Observatorio de la Industria Audiovisual Argentina. Autor del libro El desafío digital. Comunicación, conflictos y dilemas (Eduntref)

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