Marcha universitaria: un análisis advierte sobre la estigmatización de la protesta en los medios

La Quinta Marcha Federal Universitaria fue objeto de distintas interpretaciones en los medios de comunicación y las redes sociales. Un análisis elaborado por el Espacio de Comunicación Sindical revisó publicaciones de Clarín, La Nación, radios (Mitre y Cadena 3), TN, LN+, A24, América TV, Página/12, El Destape y El Grito del Sur, además de posteos en X e Instagram, para examinar cómo se presentó la movilización y qué sentidos se construyeron alrededor de ella.

Según el relevamiento, en los días previos a la protesta algunas coberturas desplazaron el eje del reclamo por el financiamiento universitario hacia la disputa política entre el Gobierno y la oposición. La Nación ubicó la movilización dentro de un frente opositor, Mitre reprodujo la frase atribuida al presidente Javier Milei —«No defienden derechos. Defienden cajas»— y A24 la presentó como una medición de fuerzas entre el oficialismo y sus adversarios.

Para los autores del análisis, estos encuadres dejaron en segundo plano los reclamos sostenidos por la comunidad universitaria, el deterioro presupuestario y salarial y la controversia en torno del cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. También cuestionaron que la participación de organizaciones sindicales y políticas se utilizara como argumento para deslegitimar una demanda colectiva.

El trabajo identifica, además, una tendencia a personalizar el conflicto: las decisiones construidas en asambleas, sindicatos, cuerpos de delegados y organizaciones universitarias aparecen asociadas a dirigentes o figuras individuales. De ese modo, sostiene el relevamiento, se corre el foco de los derechos laborales, educativos y científicos involucrados y del proceso colectivo que dio origen a la movilización.

Durante la jornada de la marcha, los incidentes adquirieron mayor protagonismo en los títulos y las imágenes de distintos medios. TN publicó «Violentos incidentes…»; La Nación habló de «Graves incidentes…» y A24 tituló «Tensión, incidentes, piedras y gases frente al Congreso». En LN+ circularon expresiones como «Marcha violenta», «manifestantes encapuchados» y «destrozos».

El análisis de Espacio de Comunicación Sindical advierte que la reiteración de imágenes de piedras, gases, detenciones y daños puede convertir episodios protagonizados por un sector de los participantes en la representación del conjunto de la movilización. El problema, según el trabajo, no reside únicamente en informar sobre los incidentes, sino en la jerarquía que adquieren dentro de la cobertura frente a las razones que motivaron la protesta.

El relevamiento también distingue entre las crónicas informativas y los comentarios de conductores y columnistas. En ese terreno, identifica expresiones que avanzaron desde la descripción de episodios puntuales hacia descalificaciones generales de los manifestantes y de las organizaciones convocantes.

Eduardo Feinmann  reconoció que estudiantes, docentes y científicos se manifestaban pacíficamente, pero luego se refirió a otros participantes como «los violentos, los desestabilizadores, los terroristas». En otro intercambio, según la reproducción recogida por el estudio, le dijo a una estudiante: «los violentos terroristas te cagaron el acto» y «qué pena que estés del lado de los violentos».

En una columna de TN, Jonathan Viale agrupó a la CGT, ATE, FUBA, FUA, La Cámpora y otras organizaciones bajo la expresión «todo el sindicato del riesgo país». También afirmó que el Partido Justicialista tenía «el monopolio de las marchas, los piquetes, las piedras, los paros y el llanto». Al día siguiente, en otra intervención, sostuvo: «No aman la democracia, aman la violencia».

El trabajo interpreta estas expresiones como un desplazamiento desde el análisis de hechos concretos hacia caracterizaciones generales de un sector político y social.

El relevamiento recoge otras expresiones difundidas en piezas vinculadas con el programa de Luis Majul y El Observador 107.9, entre ellas «El pseudoprogresismo es antimérito y antitrabajo», «Los fascistas, autoritarios y golpistas son ustedes» y «Fue de las marchas más violentas: no eran estudiantes, fueron a generar caos».

En este caso, el propio análisis advierte que la evidencia disponible no permite atribuir todas esas frases directamente a Majul. Por ese motivo, corresponde referirlas al programa, la cuenta o el entorno en el que circularon, sin adjudicar una declaración individual que no pudo comprobarse de manera directa.

También tuvieron amplia difusión las declaraciones de funcionarios. El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, escribió: «Quieren instalar la barbarie. Son delincuentes y zurdos infiltrados… Los vamos a atrapar… Ley y orden». Por su parte, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, habló de «los mismos violentos de siempre», a quienes acusó de querer «imponer el caos» y convertir las calles en «una zona liberada».

El relevamiento recoge estas expresiones como parte de la construcción pública del acontecimiento. Su difusión, sin embargo, no constituye por sí misma una prueba de la existencia de infiltrados ni de una organización criminal: se trata de acusaciones que deben ser atribuidas a sus emisores y contrastadas con evidencia independiente.

El estudio también identifica diferencias entre los medios analizados. Página/12 presentó la movilización como «un reclamo legítimo» y habló de una «ofensiva represiva». En la cobertura del día siguiente, el diario reprodujo la denuncia de que hubo «una decisión institucional y política del Gobierno de reprimir sea como sea».

El Destape informó sobre las denuncias oficiales y las contrastó con referencias a seis detenciones y con información de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) sobre personas afectadas por gases y postas.

El Grito del Sur, por su parte, publicó una pieza de opinión que sostuvo que «la calle no alcanzó» y calificó la movilización como «sin dudas un triunfo». El artículo también planteó: «Violencia es […] reprimir discapacitados […] disparar a los ojos de los trabajadores de prensa».

Estas publicaciones construyeron un encuadre diferente del que predominó en otros medios, al poner el acento en las demandas universitarias y en la actuación de las fuerzas de seguridad. El relevamiento, no obstante, permite distinguir que también en este caso hay interpretaciones editoriales que deben diferenciarse de una reconstrucción exhaustiva de los hechos.

El análisis de Espacio de Comunicación Sindical recupera una advertencia del semiólogo Roland Barthes sobre la representación de las huelgas y la figura del «usuario», entendida como «la gente». En las coberturas de la marcha universitaria, esa figura aparece cuando se contrapone al manifestante con quienes trabajan, estudian, pagan impuestos o reclaman auditorías.

La cuestión central, según el trabajo, es cómo informar sobre hechos violentos sin convertir a toda una movilización en una identidad criminal y cómo denunciar posibles abusos o actos represivos sin omitir daños y agresiones registrados.

Para ello, el relevamiento plantea la necesidad de distinguir los hechos comprobados de las declaraciones, las fuentes y las opiniones. Términos como «terrorista», «delincuente», «infiltrado» o «revoltoso» no son simples descripciones: también intervienen en la manera en que se interpreta la protesta y se define quiénes son considerados interlocutores legítimos.

La discusión, así, trasciende la cobertura de una movilización particular y vuelve sobre una cuestión central del periodismo: informar sobre los conflictos sociales con rigor, contexto y pluralidad de voces, sin confundir la descripción de episodios específicos con una caracterización general de quienes ejercen el derecho a manifestarse.

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