La independencia de los medios también es tecnológica

Foto: Camera-man en Pixabay

Médianes es una organización creada en 2020 en Bretaña (Francia) para fortalecer a los medios independientes, las ONG y las instituciones frente a los desafíos económicos, tecnológicos y políticos. En esta nota, dos de sus fundadores advierten que la autonomía editorial también depende de las herramientas digitales, los datos y las infraestructuras que sostienen la producción y la circulación de información.

IDEAS CLAVE

Hablamos mucho de independencia editorial o económica, pero poco de las herramientas en las que se apoyan los medios. Sin embargo, su libertad también depende de estas. El código abierto, la soberanía tecnológica y la cocreación son principios esenciales para recuperar el control.

Los medios independientes defienden su línea editorial frente a accionistas, anunciantes y poderes políticos, pero pueden quedar condicionados por decisiones tecnológicas. Lo vemos desde Médianes, organización creada en 2020 para fortalecer la independencia mediática.

Un medio puede defender su línea editorial y, a la vez, confiar la distribución, los ingresos, los archivos y los datos de sus lectores a empresas que no controla y cuyos objetivos pueden entrar en conflicto con los propios. La tecnología condiciona la independencia editorial. Tres procesos son urgentes en esta discusión.

Estados que actúan a través de la tecnología. La Ley de la Nube permite a las autoridades estadounidenses exigir datos almacenados en cualquier parte del mundo por empresas de ese país, incluso en servidores europeos. La IA abre otro frente: en junio de 2026, Anthropic suspendió el acceso a sus modelos más avanzados para cumplir controles de exportación de Washington y lo restableció el 1 de julio. Una decisión política extranjera puede, así, exponer datos de una redacción o dejarla sin herramientas.

Los gigantes digitales desplazan a los medios. Tras concentrar la distribución de información en la década de 2010, las plataformas avanzan hacia la desintermediación: respuestas de IA en los buscadores y noticias censuradas en algunas redes. El público accede cada vez más a información sin pasar por los medios que la producen.

Un marco jurídico expuesto a los vaivenes políticos. En Francia y Europa, las reglas de la prensa dependen de decisiones políticas. Hungría e Italia muestran cómo un gobierno puede transformar el panorama mediático en pocos años. En Francia, ante las presidenciales de abril de 2027, podrían peligrar las subvenciones a la prensa y las exenciones fiscales a las donaciones. Depender además de herramientas ajenas agravaría la vulnerabilidad de los medios.

La independencia tecnológica se apoya en tres principios: código abierto, soberanía europea y herramientas diseñadas por y para los medios.

Las herramientas para diseñar, producir y distribuir contenidos deben ser abiertas. El código abierto permite revisar, mejorar y reutilizar el software. Suponer que el código cerrado es más seguro solo porque pocos conocen su funcionamiento es una ilusión, especialmente cuando la inteligencia artificial facilita la detección y explotación de vulnerabilidades.

El código abierto favorece la seguridad y la continuidad de las herramientas. También evita la dependencia absoluta de un proveedor. Su mantenimiento comunitario fortalece la transparencia y la colaboración. Es una tradición del periodismo que vale la pena recuperar.

Los datos de los medios y de sus lectores deberían permanecer bajo control europeo. Soberanía no significa soberanismo ni rechazo de todo lo que proviene de otras regiones: se trata de construir una base europea, no nacionalista. El código abierto demuestra que la colaboración puede superar fronteras.

La soberanía consiste en reconocer y limitar las propias dependencias. Una empresa estadounidense sigue sometida a la Ley de la Nube aunque sus servidores estén en Europa, y las autoridades de Estados Unidos pueden exigirle acceso a los datos. Para los medios, que deben proteger a sus fuentes y lectores, esto resulta insostenible.

Las herramientas de las redacciones deben ser diseñadas por personas que conozcan el sector y desarrolladas junto con quienes las usan, a partir de necesidades reales.

Sin embargo, los periodistas suelen quedar al margen, como si la tecnología no les incumbiera. Sería como pedirles que ignoren quién es el propietario de su medio. Involucrar a las redacciones es esencial para que se apropien de sus herramientas y estas respondan a su visión editorial.

Estos principios se traducen en criterios concretos para elegir o cambiar herramientas, tanto en los medios a los que acompañamos como en nuestro propio trabajo.

Una dependencia aceptable es una dependencia reversible. La independencia admite grados: no exige controlarlo todo, sino poder cambiar de proveedor sin poner en riesgo al medio. En 2026, miles de organizaciones perdieron datos almacenados en Microsoft tras interrumpirse un servicio gratuito, sin posibilidad de reclamarlos. La nube puede desaparecer de un día para otro.

La lógica también vale para los ingresos: conviene diversificar. Y hay que hacer copias de seguridad periódicas y comprobar que puedan restaurarse en otro sistema.

Toda la cadena de suministro importa; la distribución, especialmente. La independencia tecnológica abarca producción, alojamiento, pagos, audiencias, distribución y archivo. Cuando una plataforma decide qué contenidos se muestran, ejerce una influencia editorial decisiva.

Ni tecnófobos ni tecnófilos. En Médianes probamos y comparamos herramientas según las necesidades. Con la IA, la pregunta es quién la controla y qué pasa si deja de estar disponible.

Cooperar y compartir recursos, sin crear otro Google europeo. Ningún medio puede resolverlo todo por su cuenta. En vez de crear otro gigante o reinventar soluciones, conviene aprovechar los recursos europeos y construir respuestas comunes. Defendemos una red de actores y herramientas abiertas, gestionadas colectivamente.

Las habilidades también son parte de la independencia. Muchas herramientas son opacas. De hecho, los medios pagan por usarlas sin comprender su funcionamiento y cada cambio o aumento de precio se vuelve un problema. Tras una adquisición, una licencia puede pasar de dos a veinte mil euros anuales de un día para otro. Conocer las herramientas ayuda a reducir dependencias y costos: una solución abierta puede evolucionar sin depender de un solo proveedor.

Antes de cambiar nada, conviene inventariar las herramientas del medio: programas de oficina, distribución, pagos, marketing por correo y análisis de audiencias. Para cada una, proponemos cinco preguntas:

  • ¿Qué sucede si mañana deja de estar disponible?
  • ¿Qué pierdo y qué gano si la cambio?
  • ¿Cuánto cuesta el cambio en dinero, tiempo y capacidades?
  • ¿Es práctica para el trabajo cotidiano?
  • ¿Es el momento adecuado o hay otras prioridades?

A menudo, lo que frena a los medios no es la falta de convicción, sino la escasez de tiempo y dinero. Los equipos pequeños no siempre pueden afrontar el esfuerzo que implica cambiar de herramientas. Durante años, las soluciones independientes estuvieron al alcance de quienes podían contratar desarrolladores. Para reducir esas barreras creamos Socle: herramientas de código abierto, alojadas en Europa y desarrolladas con los medios a los que acompañamos.

Aplicamos estos principios en nuestro trabajo y en los proyectos que apoyamos. Socle, nuestra propuesta de herramientas europeas de código abierto, es una iniciativa entre muchas. También auditamos nuestras herramientas de gestión, producción y distribución para identificar alternativas europeas.

Para que el zapatero no sea quien peor calzado lleve, también planeamos dejar Google Workspace, evaluar Notion y Slack y hacer copias de seguridad frecuentes en servidores remotos.

El sector convirtió la independencia económica en un asunto político, debatido más allá de los consejos editoriales. Es hora de hacer lo mismo con la independencia tecnológica. Detrás de las herramientas de un medio hay una pregunta que también concierne a sus lectores: ¿quién controla la infraestructura de la que depende la información? Donantes y suscriptores pueden preguntarse si su dinero beneficia a los gigantes tecnológicos o fortalece la independencia del medio.

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