El sistema científico ya perdió 5700 empleos
En los dos años que lleva el Gobierno de Milei, el sector de ciencia y tecnología se quedó sin siete científicos por día. La reducción se ve tanto en las áreas de gestión como en organismos y empresas públicas del sector, que vuelven a perder parte de su presupuesto para este año. Preocupa el descenso en la cantidad de becarios y la pérdida de capacidades para el futuro.
El empleo público en el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Sncti) cayó de manera significativa durante los dos años del gobierno de Milei. El personal de organismos, empresas y docentes con dedicación exclusiva en universidades nacionales pasó de 75.057 en diciembre de 2023 a 69.356 en diciembre de 2025, con una destrucción neta de 5701 empleos. Esto implica que el sistema perdió 7,5 científicos por día desde el 10 de diciembre de 2023. Los datos provienen de un análisis del Grupo EPC-Ciicti.
Según el informe, del total de 5701 empleos perdidos, el Conicet representa algo más de un tercio (2088). «Perder esa cantidad de puestos de trabajo implica que estamos venteando gran cantidad de recursos especializados, algo que ya pasó en otros momentos de la historia, un capital humano que formamos y que se va a otras economías, a las que estamos subsidiando a costa del erario público”, le dijo a TSS Nicolás Lavagnino, director del Grupo EPC-CIICTI.
Estos organismos también se ven afectados presupuestariamente para este año, según el análisis del Presupuesto 2026 realizado por EPC-Ciicti, continuando con los descensos de 2025: Conae (-34,8 %), INTI (-17,9 %), CNEA (-14,1 %), INTA (-13,2 %) y Conicet (-6,2 %) son algunos de los que experimentan bajas en su presupuesto.
En el caso de los organismos de gestión de ciencia y tecnología, como la Secretaría de ICT y la Agencia I+D+i, el análisis encuentra una drástica reducción de la planta, del 41,3 %, lo que afecta de manera significativa su funcionamiento. «Claramente, hay un vaciamiento que afecta a estos organismos transversales que tiene el sistema; es decir, que no están atados a una misión específica, como podría ser la CNEA o la Conae, sino que tenían un ámbito de aplicación para todo el sector, con proyectos de financiamiento de redes federales o infraestructura, en el caso del ex-Ministerio (hoy Secretaría de ICT), y de fondos sectoriales, en el de la Agencia. En los dos casos, como se vaciaron o se eliminaron las diversas herramientas que tenían, fueron los dos que más cayeron, con un 80 % de caída real en los dos años en términos presupuestarios», explicó Lavagnino.
La absorción de la Secretaría de ICT por parte de la Jefatura de Gabinete también hizo que una serie de áreas de gestión dejaran de existir, producto de la desjerarquización del organismo. «Hay un vaciamiento de áreas de gestión sustantiva y de áreas de gestión de apoyo, desaparecen todos los circuitos administrativos, legales, que son muy importantes para la gestión, porque no es lo mismo que un trámite vaya y vuelva de la Jefatura de Gabinete», agregó el director del Grupo EPC-Ciicti, quien destacó, además, que alrededor de la mitad del presupuesto de la Secretaría de ICT no tiene que ver el apoyo a la ciencia y la tecnología, sino con programas de conectividad y mejora de gestión intraestatal, entre otros, lo que opera como una trampa a la hora de evaluar su presupuesto, como se puede advertir en el análisis del Presupuesto 2026.
El desfinanciamiento compromete el futuro
El discurso sobre un estado sobredimensionado ha sido la excusa para el recorte de fondos y personal en la administración pública y en el sector de CyT, como así también lo fue para el nuevo presupuesto aprobado en diciembre por parte del Gobierno. Sin embargo, en el informe se señala que el Sncti argentino es un tercio del de los países desarrollados, y se advierte que la demanda de personal en el sector privado no crecerá desarticulando al sector público. Además, sectores industriales o de valor agregado que podrían tomar personal de CyT se ven perjudicados por un modelo que privilegia la exportación de materias primas, con lo que tampoco tienen estímulos para absorber personal de investigación.
Según Lavagnino, «es verdad que en el resto del mundo, y en especial en los países más desarrollados, el sector privado ronda entre el 50 y el 60% de la inversión en I+D, y que en el caso argentino es al revés, pero hay una articulación importante tanto en los países desarrollados como en la Argentina que pasa por las universidades. En el caso argentino, el sistema depende masivamente del empleo público, ya sea en la APN o en las universidades, porque el sector privado es muy pequeño. Para que la Argentina alcance la media de los países de la OCDE tendría que incrementar por un factor de diez el empleo y uno de quince la inversión en I+D, por ejemplo. Y lo que tenemos es lo contrario, un Estado que se achica y un sector privado estancado o en problemas, en el que buena parte son filiales de empresas extranjeras que se insertan en cadenas de valor global y que por lo tanto no hacen I+D en nuestro país».
En el caso de un organismo emblemático como es el Conicet, por primera vez en lo que va del siglo su personal cae por segundo año consecutivo. Su planta venía creciendo desde el año 2000 hasta 2023, se frenó en 2024 y cayó en 2025. «Y lo que cae más fuerte son las becas, tenemos la misma cantidad que en 2015. Estamos teniendo un problema: la misma cantidad de doctorados que hace doce años, y eso va a generar un bache en la formación y disponibilidad de recursos altamente capacitados, lo que compromete seriamente las capacidades científico-tecnológicas para el desarrollo de la economía, del entramado productivo, y es algo que pagaremos tarde o temprano», lamentó el director del Grupo EPC-Ciicti.

Bruno Massare
Director de la Agencia de Noticias Tecnología Sur-Sur de la Universidad Nacional de San Martín, fuente de esta nota. Docente en la Universidad Nacional de Moreno y presidente de la Red Argentina de Periodismo Científico
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