Santiago Ortiz: el desafío de defender el periodismo en América Latina
En octubre de 2025 el periodista paraguayo Santiago Ortiz fue elegido presidente de la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (Fepalc), una de las organizaciones regionales de la Federación Internacional de Periodistas (FIP). En una reciente entrevista, Ortiz reflexiona sobre la esencia del periodismo como herramienta de contrapoder y repasa los desafíos del oficio, reivindica la organización colectiva y plantea una agenda sindical y política para defender el núcleo democrático del periodismo en América Latina.
En un contexto regional marcado por la precarización laboral, la violencia contra periodistas y la presión creciente de los poderes políticos y económico, Ortiz encarna una de las voces más firmes en la defensa del periodismo como herramienta de contrapoder. A sus 38 años, ha dedicado casi dos décadas a los medios de comunicación, transitando desde la radio local hasta colaboraciones con medios internacionales, y hoy lleva esa experiencia a la conducción de una de las organizaciones gremiales más representativas del sector.
En una entrevista publicada en la página de la FIP, Ortiz observa que, pese a las diferencias nacionales, la realidad de los medios en América Latina comparte desafíos comunes. Y, en un contexto donde la violencia contra periodistas se intensifica y se multiplican las amenazas a la libertad de expresión, subraya que mantener la esencia del periodismo como herramienta de contrapoder y de denuncia es un desafío central. Para él, este desafío no solo implica enfrentar poderes fácticos y gobiernos, sino también responder a transformaciones profundas dentro de los propios medios y en la forma en que la información circula.
Desde esta perspectiva, Ortiz describe una etapa de profunda transformación para el periodismo. Las nuevas tecnologías y las grandes plataformas digitales ofrecen oportunidades, pero también riesgos significativos, especialmente en términos de precarización laboral y concentración mediática en manos de grandes corporaciones. Esta combinación, advierte, puede agravar una crisis de credibilidad y de sustentabilidad profesional que afecta al sector.
Para Ortiz, ninguna defensa del periodismo puede ser integral si no se organiza colectivamente. Critica la idea neoliberal del individualismo, que considera una respuesta insuficiente frente a las tensiones actuales. En cambio, apuesta por un sindicalismo renovado que confronte la precarización y articule respuestas desde lo colectivo, no solo en lo económico sino en la defensa de derechos, condiciones laborales y una visión política clara en favor de la justicia social y la democracia.
Un eje recurrente en su reflexión es la importancia de incorporar a los sectores más vulnerables dentro de las estructuras gremiales: jóvenes y mujeres. Ortiz señala que estos grupos suelen experimentar las formas más agudas de precariedad en las redacciones y que, sin su participación activa y protección efectiva de sus derechos, es imposible pensar en un periodismo de calidad y representativo. Su tesis subraya que la diversidad generacional y de género no es solo una cuestión de justicia, sino una condición para la riqueza informativa y la pluralidad del ejercicio periodístico.
En su diagnóstico sobre las prioridades de la Fepalc, Ortiz traza una agenda amplia: reafirmar la voz de la federación como un actor regional potente, defender salarios y condiciones de seguridad para periodistas, debatir sobre regulaciones vinculadas a plataformas digitales e inteligencia artificial, e incorporar nuevos sectores dentro del movimiento sindical son algunas de las tareas que marca como urgentes. Todas estas acciones, sostiene, deben ir acompañadas de una postura política que defienda de forma explícita los ideales de justicia social, soberanía y democracia.
Desde su llegada a la presidencia de la regional, Ortiz ha planteado un liderazgo que combina compromiso gremial con una visión crítica sobre los riesgos que acechan la profesión. Su llamado insistente a recuperar la esencia del periodismo como herramienta de contrapoder —capaz de denunciar irregularidades y visibilizar injusticias— pone en el centro de la conversación regional una pregunta urgente: en tiempos de crisis de los modelos mediáticos, ¿cómo preservar el núcleo ético y social de hacer periodismo? Para Ortiz, la respuesta pasa por fortalecer organizaciones, proteger a los más vulnerables dentro del oficio y recordar que el periodismo no es un accesorio de la democracia, sino uno de sus pilares activos.
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